Germán Gorraiz, Internacional
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El mundo del mañana: hacia un nuevo escenario político y económico global

Una imagen del escudo antimisiles de los Estados Unidos en Europa.

Por Germán Gorraiz. Viernes, 19 de agosto de 2016

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El biológo francés Jacques L. Monod, en su ensayo El azar y la necesidad (1970), explica que las variables de la razón (logos) y el azar en el proceso de evolución serían aspectos complementarios fundamentales para la necesaria adaptación evolutiva de los humanos ante cambios drásticos y para asegurar el éxito reproductor (la supervivencia). De la misma manera, el mundo de las próximas décadas estará dominado por esas dos variables, dando lugar a un “escenario teleonómico” casual, azaroso, en contraposición al llamado “escenario teleológico”, vigente en las actuales sociedades occidentales, y que se basa en un orden planeado por un agente o Gobierno que puede proyectar varios futuros alternativos con una intención, propósito y previsión. El Brexit, por ejemplo, marcará el final de este “escenario teleológico” actual en el que nos movemos y en el que prima la intención, el propósito y la previsión, y dará paso al “escenario teleonómico” global, marcado por dosis extremas de volatilidad agravadas por fenómenos nuevos como el cambio climático, la detección y prevención de epidemias, los flujos migratorios, la bolsa de valores y el nuevo orden geopolítico mundial.

¿Nueva ola involucionista mundial?

Asimismo, estaríamos en vísperas de la irrupción en el escenario geopolítico de la nueva ola desestabilizadora mundial originada por causas económicas (el ocaso de la economía global); culturales (el declive de las democracias formales occidentales debido a la cultura de la corrupción; el déficit democrático de EE.UU plasmado en el Programa Prism llevado a cabo por la administración Obama y la pérdida de credibilidad democrática de incontables gobiernos de países occidentales y del Tercer Mundo); y geopolíticas (la irrupción de un nuevo escenario geopolítico mundial tras el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría entre EE.UU y Rusia). Dicha estrategia consistirá en la implementación de “golpes de mano blandos” que tendrían a Honduras, Paraguay, Egipto, Ucrania, Irak ,Tailandia y Yemen como paradigmas, con el objetivo inequívoco de sustituir a los regímenes insensibles a los dictados de Washington por regímenes militares autocráticos, produciendo un goteo antidemocrático que terminará desembocando en una nueva ola involucionista mundial que alcanzará a todos los continentes y que tendrá especial virulencia en Oriente Medio (Líbano, Turquía, Túnez, Pakistán y Azerbaiyán) y América Latina (Brasil, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Haití, El Salvador, Panamá y Venezuela).

Hacia una geopolítica inter pares. El G3

Tras la intervención de la OTAN en Libia, se habría producido una inusual coincidencia de China y Rusia en forma de veto en la ONU, con lo que podríamos asistir al nacimiento de una alianza ruso-china impulsada por Putin que tendría su plasmación en la aparición en el escenario geopolítico mundial de la Unión Euroasiática como alternativa económica y militar al bloque hegemónico occidental. Así, según la agencia Reuters, Rusia y China habrían sellado un estratosférico contrato petrolero que se convierte en uno de los mayores de la historia de la industria energética por el que la empresa rusa Rosneft (la mayor petrolera del país), suministrará petróleo al gigante asiático durante 25 años por valor de 270.000 millones de dólares (unos 205.000 millones de euros) lo que unido al megacontrato gasístico firmado por la rusa Gazprom y la china CNPC, por el que Rusia suministrará al país asiático 38.000 milones de metros cúbicos de gas natural por un monto aproximado de 400.000 millones de dólares y con una vigencia de 30 años a través del gaseoducto Sila Sibiri (La Fuerza de Siberia), sentaría las bases económicas de la futura Unión Euroasiática. Esta alianza iniciará su singladura el 1 de enero del 2015 como alternativa económica y militar al proyecto de Obama de crear una Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), pieza central de EE.UU en su política de reafirmación del poder económico y militar en la región del Pacífico, y se sumará a una posible ofensiva ruso-china junto con los demás países BRICS (Brasil, Rusia, India y China) para cambiar de patrón monetario mundial y sustituir el papel del dólar como moneda de referencia.

Asistiríamos pues en esta década al finiquito de la unipolaridad de Estados Unidos y de su papel de gendarme mundial y su sustitución por la nueva doctrina de la multipolaridad o geopolítica inter-pares, impulsada por la troika EE.UU, China y Rusia (G3), lo que supondrá el inicio de la desmembración del BRIC (colectivo económico que habría intensificado su cooperación política para obtener acuerdos en comercio exterior y extraer concesiones políticas de los países desarrollados, como la cooperación nuclear propuesta con la India y Brasil). Este gigantesco G3 tendría el potencial de formar un bloque económico con un estatus mayor que el del actual G-8 (se estima que en el horizonte del 2050 la troika yanqui-ruso-china alcanzaría más del 40% de la población mundial y un PIB combinado de 34.951 billones de dólares), quedando de paso la UE, Japón, India y Brasil como convidados de piedra en el nuevo escenario geopolítico.

La cartografía de la nueva Europa

El retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría entre EE.UU-Rusia tras la crisis de Ucrania y la mutua imposición de sanciones entre la UE y Rusia marcarían el inicio de la división en la otrora monolítica postura de los países de la OTAN ante Rusia. Así, en represalia a las sanciones impuestas por la UE en 2015, Moscú respondió con un embargo a los productos agroalimentarios europeos que habría tenido como efectos colaterales unas pérdidas estimadas de 150 millones de euros diarios, según el líder de la Liga Norte italiana y diputado del Parlamento italiano, Matteo Salvini, y un monto total de más de 100.000 millones (según datos de la propia UE). En consecuencia, habría surgido una corriente liderada por Italia, Finlandia y Hungría que serían partidarios de suspender las sanciones a Rusia, mientras en la orilla antinómica tendríamos a Polonia, Gran Bretaña y Países Bálticos como adalides de seguir implementando dichas sanciones en el futuro mediato. Finalmente, no sería descartable que tras las elecciones de Francia y Alemania en 2017, asistamos a una tardía reafirmación de la soberanía europea por parte de ambos países, que incluiría la génesis de un nuevo proyecto europeo (Europa de los Siete), integrado por Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Italia, Luxemburgo y Austria, quedando el resto de países europeos periféricos (Portugal, España, Irlanda, Grecia, Eslovenia, Malta y Chipre) gravitando en sus anillos orbitales, mientras que los países nórdicos procederán a la gestación de la Federación Escandinava (integrada por Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Letonia, Estonia y Lituania) que pivotará en la ambivalencia comercial ruso-europea.

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Una panorámica de Singapur. El polo económico se trasladará a Asia.

Otra crisis de los misiles

En septiembre de 2009 el presidente Obama (presionado por el establishment o poder en la sombra de EE.UU), aprobaba la implementación del nuevo sistema europeo de defensa anti-misiles –European Phased Adaptative Approach (EPAA)–, que en realidad se trata de un escudo anti-misil global en el que los misiles interceptores emplazados en plataformas móviles pueden abatir blancos en un espacio común (a base de datos transmitidos por todos los radares y sistemas de reconocimiento opto-electrónico).

En un principio, Rusia y la OTAN acordaron cooperar en la creación del escudo anti-misiles para Europa en noviembre de 2010 en la Cumbre Bilateral de Lisboa, pues para Moscú resultaba vital que la OTAN ofreciera garantías reales de que ese sistema no apuntaría a Rusia y disponer de un documento jurídicamente vinculante al respecto. Pero la administración Obama, siguiendo la inercia mimética de la administración Bush de ningunear a Rusia, ha rehusado hasta el momento ofrecer dichas garantías por escrito. Tras el desenlace de la crisis de Crimea y el retorno a escenarios de Guerra Fría, es previsible que EE.UU decida finalmente completar la cuarta fase del despliegue del escudo antimisiles en Europa (Euro DAM), con lo que asistiríamos a la instalación en Kaliningrado del nuevo misil balístico intercontinental de 100 toneladas métricas (“el asesino del escudo antimisiles de EE.UU” en palabras del viceprimer ministro ruso Dmitri Rogozin), con lo que en palabras del politólogo Vladímir Abrámov “la provincia de Kaliningrado volverá a desempeñar el papel de pistola en la sien de Europa como hace dos décadas”.

Por su parte, según rt.com, Rusia estaría negociando instalar sus bases militares en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Seychelles y Singapur con el objetivo inequívoco de ampliar el radio militar ruso, pues según el analista Lajos Szaszdi “la apertura de las bases en el exterior es necesaria para la disuasión estratégica de Rusia, así como para verificar los acuerdos del desarme y también determinar qué planes existen por parte del Pentágono en caso de operaciones o intervenciones en el extranjero”. No sería por tanto descartable que en la reciente visita de Putin a La Habana se haya procedido a la firma de un nuevo tratado de colaboración militar ruso-cubana (rememorando el pacto secreto firmado en 1960 en Moscú entre Raúl Castro y Jruschov) que incluiría la instalación de una base de radares en la abandonada base militar de Lourdes para escuchar cómodamente los susurros de Washington y la instalación de misiles Iskander, pudiendo revivirse la crisis de los misiles Kennedy-Jruschev (octubre, 1962) y la posterior firma con Jrushchov del Acuerdo de Suspensión de Pruebas Nucleares (1962).

¿Un nuevo Vietnam en Oriente Medio?

Tras la aprobación por parte del Congreso y del Senado de EE.UU de una declaración preparada por el senador republicano Lindsey Graham y el democráta Robert Menéndez que señala con rotundidad que “si Israel se ve obligado a defenderse y emprender una acción (contra Irán), EE.UU estará a su lado para apoyarlo de forma militar y diplomáticamente”, asistiremos al aumento de la presión del lobby pro-israelí norteamericano (AIPAC) para proceder a la desestabilización de Siria e Irán por métodos expeditivos en la etapa post-Obama. Dicha guerra será un nuevo episodio local que se enmarcaría en el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría EE.UU-Rusia e involucrará a ambas superpotencias, teniendo como colaboradores necesarios a las potencias regionales (Israel, Egipto, Arabia Saudí e Irán), abarcando el espacio geográfico que se extiende desde el arco mediterráneo (Libia, Siria y Líbano) hasta Yemen y Somalia y teniendo a Irak como epicentro –rememorando la Guerra de Vietnam con Lindon B. Johnson (1963-1969)– y cuyo desenlace podría tener como efectos colaterales el diseño de una nueva cartografía favorable a los intereses geopolíticos de EE.UU y Gran Bretaña con la implementación del Gran Israel (“Eretz Israel”). Ello supondría la restauración de la Declaración Balfour (1917), que dibujaba un Estado de Israel dotado de una vasta extensión cercana a las 46.000 millas cuadradas y que se extendía desde el Mediterráneo al este del Éufrates, abarcando Siria, Líbano, parte nororiental de Irak, parte norte de Arabia Saudí, la franja costera del Mar Rojo y la Península del Sinaí en Egipto, así como Jordania, que pasaría a denominarse Palesjordán tras ser obligado a acoger a toda la población palestina de las actuales Cisjordania y Gaza forzada a una diáspora masiva (nueva nakba).

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GERMAN GORRAIZ LOPEZ

Germán Gorraiz

 

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