Teatro, Vicente Marco
Deje un comentario

Los hijos de puta

Una comedia de Vicente Marco / Ilustración: Kolo. Miércoles, 10 de agosto de 2016

Deportes

     Teatro

Habitación oscura con una estantería en la que hay varios archivadores de cartón. Una pizarra.

Entra el FUNERARIO que aparenta ser un mercader casposo ataviado de manera fúnebre, chaqueta negra, camisa y corbata brillantes, junto a la MUJER, esta muy colorida, abigarrada, lleva un bolsito cogido como si se lo fueran a robar.

FUNERARIO.—Y aquí se encuentran nuestras dependencias subterráneas.

MUJER.—Dependencias subterráneas y todo… si que…

FUNERARIO.—En esta empresa no falta de nada.

MUJER.—Ya veo. (Mirando hacia todos lados.) —¿Y está seguro de que no quedará ningún rastro?

FUNERARIO.—Eso se lo garantizo.

MUJER.—Nunca se sabrá que he sido yo la que…

FUNERARIO.—Nada

MUJER.—Aunque sea mi marido. Mire que viene de una familia de policías y…

FUNERARIO.—Aunque sea su marido. Aunque venga de una familia de policías. Estamos bien relacionados para que todo quede… (Se ríe.) bien enterrado (Se acerca a los archivos y saca una carpeta.) ¿Por qué quiere matarlo?

MUJER.—¿Por qué?

FUNERARIO (Abriendo la carpeta y mostrándosela.) En el expediente deben constar los datos.

MUJER.—Ah, pero que hay un expediente y todo.

FUNERARIO.—Mujer… Somos gente seria. Compramos la ISO 9000. Nos certificamos en calidad. Nuestros empleados cumplen los procedimientos a rajatabla. (Apuntando.) Diga. ¿Cuál es el motivo?

MUJER (Da una vuelta como si recapacitara.) —No sé. Pues… básicamente, básicamente porque… porque es un hijo de puta.

FUNERARIO (Tras una pausa en la que parece perplejo.) ¿Solo por eso?

MUJER.—¿Le parece poco?

FUNERARIO.—Mujer (Riéndose.) Hay un montón de hijos de puta sueltos por ahí y no… vamos que la gente no viene a hacernos  tantos encargos.

MUJER.—Bueno, pues deberían.

FUNERARIO.—Ya. Ya lo sé. Deberían… pero está la cosa… Y ahora con la crisis no le quiero ni contar. Nadie se gasta nada. No se mata a nadie. Así que en términos globales, el stock de hijoputez cada vez es mayor.

MUJER (Señalándolo y adelantándose un paso.) —Mi marido es banquero.

FUNERARIO (Retrocediendo.) —Buf. Entonces qué le voy a contar.

MUJER (Señalándolo y adelantándose un paso.) —Le vendió preferentes a mi madre.

FUNERARIO (Retrocediendo.) —Qué hijo de puta.

MUJER (Señalándolo y adelantándose un paso.) —Y acciones de la Caja.

FUNERARIO (Retrocediendo.) —Uf. Ese es un profesional.

MUJERY (Señalándolo y adelantándose un paso.) —Y espere, espere que a mi hermana, a mi cuñado a mis sobrinos…

FUNERARIO (Llegando a la pared.) —Sí.

MUJER.—… les embargó la vivienda.

FUNERARIO (Tirando la carpeta al suelo para zafarse de la situación.) —Joder. Qué lástima que no lo podamos matar dos o tres veces.

MUJER.—Ya se lo dije.

FUNERARIO.—Perdón es que… estas cosas… (Recogiendo la carpeta y mirando una lista.) A ver si puedo… si con esos antecedentes puedo hacer algún descuentito. (Pasando hojas.) Pupupú… Aquí está.

MUJER.—Perfecto. ¿Cuánto me ahorro?, porque estamos a dos velas.

FUNERARIO.—Pero ¿no dijo que su marido era banquero?

MUJER.—Sí, pero no se crea que el sueldo da para tanto. Con los gastos de la casa, el chalé, el apartamento de la playa, los tres coches, los cinco nenes… Y ahora, si encima nos lo vamos a cargar… me voy a  quedar solo con la pensión y tal y como han dejado las pensiones estos malnacidos…

FUNERARIO.—Cobrará el seguro de vida.

MUJER.—Pero eso es una cantidad fija. Se acaba en un pispás. (Mirando las listas que maneja él.) Vamos. Diga, diga, diga cuánto me ahorro por ser mujer de banquero.

FUNERARIO (Ajustándose las gafas y ocultando las lista.) —Aquí está. Por mil ciento siete euros más, le hacemos sufrir antes.

MUJER.—¿Sufrir?

FUNERARIO.—Sí. A su marido. Para que no se vaya de rositas. Para que conozca lo que se siente. Lo mantenemos separado del mundo en… en unas dependencias que la compañía posee al efecto.

MUJER.—¡Separado… qué maravilla! (Mirando hacia el infinito.) Entonces, ¿también tienen unas dependencias para encerrar gente?

FUNERARIO (Haciéndole con la mano que se acerque y señalando hacia el público como si los separara de ellos un hipotético cristal. El público queda iluminado y cegado.) —Mire.

MUJER.—¡Joder…! perdón… (Tras una breve pausa en la que carraspea.) Jolines.

FUNERARIO.—¿Qué le parece?

MUJER.—Ay, pobrecitos qué caras tienen. —Pausa—. ¿Ahí es donde les hacen sufrir?

FUNERARIO.—Sí. Les pasamos una obra de teatro tras otra.

MUJER.—Con lo poco que le gusta a mi marido el teatro…

FUNERARIO.—Solo tiene que pagar un poquito de dinero más y le garantizo que lo pasará fatal antes de que nos lo carguemos.

MUJER.—¿Más? Como había dicho lo de ahorrarme, pensaba que me descontarían algo. No que se sumaba al precio.

FUNERARIO (Regresando hacia el archivo.) ¡Y le descontamos! Tenga en cuenta que el servicio de «hacer sufrir a la víctima» en condiciones normales cuesta dos mil ciento cuatro euros más IVA, al 21. Al 21 porque se nos considera artistas, y ya sabe que los artistas…

MUJER (Siguiéndolo.) —Pero es una cantidad que me viene…

FUNERARIO.—Las cantidades siempre nos vienen… Pero piense que se ahorra casi mil euros. Que le quedará el hermoso recuerdo de él encerrado en el cuarto oscuro, dando vueltas, sin saber qué pasa, pensando que se trata de un rapto y de vez en cuando uno de nuestros hombres que entra y le dice: tu mujer ya nos ha entregado el dinero de las cuentas en Suiza, la casa, los tres coches, el apartamento…

MUJER.—¿Y cómo lo voy a ver? ¿Voy a tener que bajar aquí cada vez? (Acercándose al hipotético cristal).

FUNERARIO.—¡No, mujer! Si acepta este servicio… (Mira las listas. Diciéndolo casi con los dientes apretados) por solo quinientos diez euros más le entregamos el vídeo.

MUJER.—¿Lo graban?

FUNERARIO.—En Hight Definition.

MUJER.—¿En qué?

FUNERARIO (Escribiendo.) En Jay Definition, con cámaras de visión nocturna. (Señalando).

MUJER.—¿Y no será mucha pista?

FUNERARIO.—No. Porque le damos un sobre.

MUJER.—Cómo. ¿Un sobre?

FUNERARIO.—Un sobre con un código que activa el vídeo y que solo conoce usted.

MUJER.—Ah, ese sobre. ¿Y si se me olvida el código?

FUNERARIO.—Para evitar ese riesgo, contrata nuestro seguro por ciento dos euros al mes y no hay problema. Los códigos se los guardamos aquí (regresa a la estantería) y usted se olvida de todo. No me diga que no es una oferta… Y le regalamos la esquela y la foto para el cementerio. Más el arma homicida (Saca una pistola y la muestra).

(La pistola queda un instante suspendida, en la mano alzada del FUNERARIO, mientras se hace el silencio).

MUJER (Se acerca, ceremoniosa.) —¿Con esto?

FUNERARIO (Orgulloso.) —Algunas veces sí. En otras ocasiones el arma homicida es un empujón desde un acantilado y en ese caso le regalamos otra cosa. (Como un chiste con muy poca gracia.) Empujones no podemos regalar. (Dándole un empujón).

MUJER. —Pesa. Y da cierto poder…

FUNERARIO (Quitándosela.) —Cuidado no se vaya a… (Dejándola en la estantería.) Bueno ¿qué le parece la oferta? Una ganga.

MUJER.—Sí, no digo que no, pero yo no dispongo de tanto dinero. (Susurrando.) Mi cuñado me dio de alta en su empresa para que pudiera cobrar el paro pero como el paro ahora es tan poco… que se ha quedado en… qué hijos de puta.

FUNERARIO (Mirando a izquierda y derecha.) —Si no emito factura puedo… puedo… hacerle un descuento.

MUJER.—¿De cuánto?

FUNERARIO.—Pongamos un diez por ciento.

MUJER (Como indagando y moviendo la cabeza de un lado a otro.) —Ah. Y la factura… ¿para qué sirve?

FUNERARIO.—Para que chupen otros hijos de puta.

MUJER.—Más hijos de puta. Estamos rodeados. Me gustaría ser millonaria para poder hacerles el encargo de que acabaran con todos.

FUNERARIO.—Eso es imposible.

MUJER.—¿Por qué?

FUNERARIO.—Porque en el momento en que unos mueren, otros nacen. Ocupan su puesto. A eso me refería con el stock de hijoputez. O se mantiene constante o aumenta. Disminuir nunca disminuye. Es una ley física. Como lo de que… la energía nunca se destruye, solo se transforma. Por eso la Compañía funciona tan bien. (Pausa.) Bueno, por eso y por la encomiable labor de nuestros asesores, no les vayamos a quitar méritos, que conocen todas las triquiñuelas para pagar menos. Que si tuviéramos que pagar todo lo que dicta la ley… Por cierto, ¿no le gustaría que acabáramos con alguien más?

MUJER.—¿Con alguien más?

FUNERARIO.—Sí. Porque tenemos la promoción de que el segundo encargo es al cincuenta por ciento.

MUJER (Pensando.) —No sé si…

FUNERARIO.—En quién está pensando.

MUJER.—Pues una vez puesta casi se podían llevar también a mi suegra, no sea que con la tristeza de la muerte del hijo se me instalara en casa y tuviera que matarla yo.

FUNERARIO.—Eso también lo podemos hacer.

MUJER.—¿El qué?

FUNERARIO (Llevándola hacia la pared de la pizarra amistosamente.) —Si usted desea experimentar el placer supremo de acabar con ella por sí misma, en la compañía impartimos cursos de formación en tres niveles: básico, superior y avanzado.

MUJER.—Qué interesante… (Se queda pensativa.) ¿Sabe si conceden becas?

FUNERARIO (Da una palmada.) —Se pueden solicitar. Y aquí nosotros certificamos que el curso vale tres veces más para que aumenten las subvenciones.

MUJER.—¡Fantástico! Me interesa.

FUNERARIO (Descubriendo la pizarra y anotando.) —El básico son tres meses y le garantizamos que estará en condiciones de efectuar el trabajo sin contemplaciones ni remordimientos.

MUJER.—No, si remordimiento no me…

FUNERARIO.—Se lo recomiendo absolutamente. Es el que hacen la mayoría de nuestros alumnos y nos movemos en un grado de satisfacción en el entorno de un rating del noventa y ocho coma ocho por ciento.

MUJER.—¿Y el superior y el avanzado?

FUNERARIO (Anotando.) —El superior son dos años y obtiene el título de Serial Killer, con el que está en condiciones de impartir clases. Respecto al… (anotando)  avanzado eso son palabras mayores. Tiene el rango de carrera. Cinco años, más un colofón a modo de máster. Indicado para gente más profesional, para los que hacen del asesinato su modo de vida, ministros de sanidad, de urbanismo, de obras públicas, presidentes del gobierno, líderes mundiales… Podría citar nombres y apellidos. Si yo tirara de la manta…

MUJER.—Madre mía. ¿Y qué título obtienen los del avanzado o ya no les hace falta título?

FUNERARIO.—No les hace falta titulación. Ellos ya… vamos que funcionan bien sin título. No obstante, les damos el de Serial Killer Advanced. Para lograrlo hacen falta muchos años de preparación y estudio. No se consigue así a la primera. Incidimos sobre todo en los valores.

MUJER.—En los valores.

FUNERARIO.—Sí. Vamos horadando poco a poco la racionalidad, el sentido común y especialmente la empatía y la solidaridad. Porque nosotros somos de la opinión de que el ser humano nace absolutamente puro y se va corrompiendo absolutamente con el tiempo. O lo que es lo mismo: que el hijo de puta se hace más que nace. Con tesón, trabajo y perseverancia, por supuesto.

MUJER.—O sea, que forman a gente para convertirlos en… hijos de puta. Y después… se los cepillan por encargo.

FUNERARIO.—No, no, no. Estamos hablando de un nivel muy elevado. De las altas esferas. Nosotros no trabajamos al hijo de puta corriente. A ese solo lo matamos cuando nos lo piden. Pero no es la base del negocio.

MUJER.—Estoy hecha un lío.

FUNERARIO.—Normal. Ha sido demasiada información por hoy. (Le da los papeles.) Mire, se los estudia en casa y decide si realiza el encargo con sufrimiento o sin sufrimiento, con DVD o sin DVD, si toma el descuento del cincuenta por ciento para su suegra o si decide apuntarse a alguno de nuestros módulos de formación con beca.

MUJER.—Y si me apunto al módulo básico, ¿podré acabar yo misma con mi marido y con mi suegra?

FUNERARIO.—El básico, dos, tres asesinatos los soporta bien. Más, ya debería plantearse el superior.

MUJER.—Es que una vez puesta…

FUNERARIO.—Eso es lo que pasa. Cuando se le coge el gusto… Ahora bien, deberá esperar tres meses para ponerse en funcionamiento porque podría levantar sospechas.

MUJER.—Uy, uy, uy. No puedo esperar tanto. Que después el seguro tarda otros tres meses en pagar porque comprueban que no ha habido fraude, que todo está en regla, que no ha vencido la póliza, que no se ha impagado algún recibo…

FUNERARIO.—¡Qué hijos de puta!

MUJER.—Ni que lo diga.

FUNERARIO (Asintiendo y mirando el reloj.) —Esto da un asco. No sé adónde vamos a ir a parar.

MUJER.—Menos mal que aún quedamos gente…

FUNERARIO.—Pues sí. Cada vez menos, la verdad. (Ajustándose el cuello de la camisa.) Son cincuenta euros.

MUJER.—¿Qué?

FUNERARIO.—Cincuenta euros. ¿Pagará con tarjeta o con efectivo?

MUJER.—Está de broma.

FUNERARIO.—Nosotros no solemos bromear. Se escapa del objetivo de nuestro negocio.

MUJER (Desorientada.) —¿Cómo, cómo que cincuenta euros? ¡Si aún no he contratado nada!

FUNERARIO.—Por eso mismo.

MUJER.—He venido solo a informarme.

FUNERARIO.—¿Y no la hemos informado?

MUJER.—Sí.

FUNERARIO.—Pues ya está. Cincuenta euros.

MUJER.—Pero fueron ustedes los que me llamaron para ofrecerme «un producto novedoso y sumamente interesante».

FUNERARIO.—¿Y no le parece novedoso e interesante?

MUJER.—Sí. Pero…

FUNERARIO.—Muy bien. Pues eso es todo lo que necesitábamos saber para cumplir con nuestro encargo. (Sonriendo).

(El Funerario se acerca a la estantería y toma la pistola. Ella se da cuenta y corre hacia él).

MUJER.—Eh, ¿qué va a hacer?

 (Comienzan a forcejear. Se escucha un disparo y la mujer se separa. El FUNERARIO se queda con el revólver en la mano pero agonizante).

MUJER.—Será… será… ¡será hijo de puta! Pues no quería… ¡a mí! (Coge el bolso y  lo aprieta contra el pecho.) Y encima quería soplarme cincuenta euros. (Se da la vuelta y se dirige hacia la salida pero cuando intenta abrir la encuentra cerrada).

FUNERARIO (Se ríe. En un  último estertor. Alza el revolver) —Tenga. De parte de su marido. (Dispara).

(La mujer cae y el funerario se nota que después de haber cumplido el encargo, muere).

(Ambos se levantan después como si flotaran y dicen a la vez: En algún lugar del mundo nacen dos nuevos hijos de puta).

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

VICENTE-MARCO

Vicente Marco

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *