Artsenal, Humor Gráfico, Marjo Garel, Número 57, Opinión
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¿Principios? ¿qué principios?

Por Marjo Garel / Ilustración: Artsenal

MARJO GAREL

Marjo Garel

Esta semana a punto he estado de faltar a mi cita con los lectores, pero se ha impuesto mi voluntad a las fiebres puerperales que me dominan. Porque el parto de las urnas ha sido incluso peor que el parto de los montes y aunque una ya no esté en edad de parir, más bien de visitar París, ni de ir al Corte Inglés en primavera (a ese sitio  aún menos que a ningún otro, porque con la salida de todo lo inglés por el Brexit, me parece que van a tener que cambiar el nombre por el Corte Chinés, que al fin y al cabo, de aquel país viene mucha confección para su venta) me he puesto a darle a la tecla para resumir lo de los últimos días en este bendito país. Ya me he ido por las ramas, no tengo remedio.

Que digo yo que en realidad sí me hubiera gustado ir a París, porque me han dicho que los trabajadores han formado una especie de abril-mayo-junio y julio, como el del 68, y quiero unirme a las manifestaciones obreras (pero va tener que ser espiritualmente, que Vueling me cortó las alas). Quiero ir con ellos más que nada para ver cómo se desenvuelven y contarlo a mi regreso, por si los nuestros, los sindicatos (ja, ja, ja) empiezan a tomar nota y a recuperar la ilusión por una buena “revolución”  de las de antes, o sea en formato LP 45 rpm.

La semana fue rara. Algo bueno tiene el Brexit, y es que ya no hablaremos con el OK por delante. Y a ver cómo se las arreglan a partir de ahora los Mortadelo y Filemón de El País, diario de Villa y Corte, con las informaciones facilitadas “de fuentes bien informadas” que siempre patinan y fallan. Al otro rotativo madrileño no puedo darle La Razón para nada, medalleado como ha sido por el Gobierno por los servicios prestados. A Marhuenda solo le faltó colocarle la banda a Mariano Rajoy, pero la banda municipal entera colgada del cuello, y el presidente haciendo reverencias, tupé al viento, y el aplausómetro a todo lo que dan las pilas.

Lo que más me incomoda es lo del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Su nombre me recuerda que hay un homónimo de las letras –argentino, eso sí– y encima de los buenos (je je, y no solo como escritor). Lo que el ministro piensa (que ya es tremendo esfuerzo el pensarlo) fracasa hasta con el fiscal general del Estado, en cambio lo que escribe el otro, el narrador, termina en una novela y es un éxito rotundo. Aquí sí que se cumple el refrán de “cría fama y recógete el pelo al dormir, porque todos tirarán de él”. Qué manía con la coleta, oyes. ¿Acaso los discípulos de María y de su Hijo le hubieran dicho al Mesías eso de córtate el moño, Jesús, que pareces bolivariano, zocato de izquierdas, islamista iraquí, proetarra xapelista, que Venezuela somos todos? ¿A que no? De todas formas, nuestro Sansón de la coleta no ha consentido que se la corten, faltaría más. Han estado a punto pero no han conseguido trasquilarlo. Iglesias no tiene a una Dalila para llevarla de mítines, que eso vende mucho entre el electorado y levanta los corazones rosáceos dando votos que es un gusto. Tener primera dama y sacarla a pasear dicen que rinde réditos en las urnas, pero no parece por los resultados del PSOE. Pedro Sánchez iba con su chorba a todas partes y le ha ido fatal, y Rajoy le dio un beso a su esposa en el balcón azul que… Aggg.  Eso sí, las masas aplaudieron mucho el gesto romántico…

Así que tenlo en cuenta para la próxima, Pablo Iglesias. Evita el caballo de la tele, que ya en tiempos pasados te dieron un revolcón y te cambiaron el nombre. Lleva siempre a Iñigo a tu lado, que es mejor que un Marcelo cualquiera, un ángel que te librará de los vampiros. Échate un par de cabezas de ajo en los bolsillos y hojas de laurel en la pretina del pantalón, eso no falla. Y si no ganas las elecciones ya llevas mucho adelantado para hacer un buen estofado. Tampoco pidas asientos de primera en los trenes y aviones, que seguro le han puesto chinchetas en el comienzo de curso. Tú a tu sitio y ni caso a Villalobos ni a su “Bienvenido a casa”. No hables de la casta, solo demuestra cómo son.

Si esto va para cuatro años habrá que darle el beneplácito a Rajoy, y teniendo las tragaderas inflamadas de tanta papeleta, al pueblo va a costarle comulgar con ruedas de molino. Y mucho más firmar cualquier acuerdo.

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