Humor Gráfico, Luis Sánchez, Luis Sánchez, Número 57, Opinión
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La mañana es azul

Por Luis Sánchez

Luis Sánchez

Luis Sánchez

  1. Los indecisos, mayormente, optaron por el españolismo rancio.
  2. El cielo debe esperar, ¡… cielito lindo, los corazones!
  3. ¡Perdónales, Señor, porque no saben lo que se hacen!

«En Valencia, cuantos más casos de corrupción se destapaban, más votos recogía el Partido Popular. Y ahora ha ocurrido, exactamente, lo mismo pero a nivel estatal. ¡Dios mío, parece una película de terror!» (Empar Estrada Buigues, encuestadora a tiempo parcial). Así es, querida Empire State Building, todo lo malo se contagia a una velocidad de AVE con destino a Barcelona (sobrecostes, mordidas y fiestas de guardar, aparte).

Cuando a la mañana siguiente, tras el resultado de las elecciones generales del 26-JR, contemplé el hermoso y variopinto mapa de España, vestido de azul, con su camisita y su canesú, se me puso cara de lechuga iceberg, pasada por el thermomix y, luego, dos minutitos en el microondas, no más que para joder. (Lo confieso ahora, que voy recuperando el aspecto humano.)

Ya no sabía si habíamos sido invadidos por legiones de pitufos gruñones de bilis añil o la noche anterior, en un insólito alarde de machito despechado, me había prolongado más de lo que tocaba y me pasé con la dosis de viagra. ¡Sangre azul, coño, sangre azul!

¿Continuidad o cambio? Ante el panorama que se presentaba (voto útil: duelo entre el Partido Popular y Unidos Podemos), los españoles escogieron votar a la derecha (o mejor, a la derechona, que diría Francisco Umbral) más que a la izquierda. Vaya, que entre san Pancracio y san Precario, ¡menudo planchazo!, se quedaron con este último, porque la batalla –conviene decirlo– también se libró en el cielo, ¿eh?, y si no, que le pregunten al arzobispo Antonio Cañizares, o al ángel Marcelo, el segurata espiritual de Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior. Nacionalcatolicismo. Moral de rebaño, que diría Nietzsche.

Y, con tanta película, me viene al recuerdo una declaración de Arturo Ripstein, director de cine mejicano: «Dado que nuestro público [de habla española] da la espalda a nuestro trabajo, creo que, por desgracia, terminaremos siendo cineastas extranjeros en nuestro país y despertaremos recelo y desprecio».

Cuando haces lo correcto y la gente no responde, entonces ¿qué pasa? Esta es la gran pregunta. Cuando das muestras de honradez, solvencia, sentido común, transparencia…, y el voto no acompaña, entonces ¿cómo te comes la lechuga, master chef?

Paciencia, humildad y autocrítica, por supuesto: eso siempre. Ningún partido político –y de izquierdas, menos– debería renunciar a ese tricornio; perdón, trinomio. Sin embargo, también los ciudadanos deberían reflexionar –sin cuernos y sin balones–, y reflexionar sobre a quién han dado el voto. Sólo un dato (en el fondo, pura anécdota, ¿eh?): en 2015, hubo 15.000 nuevos millonarios en… esta España mía, esta España nuestra, ¡ay, ay!

Hay que seguir esforzándose por crear conciencia social, conciencia ciudadana, porque no es lo mismo el pueblo (Antonio Machado) que las masas (Ortega y Gasset). Al pueblo se le forma, se le instruye, se le educa; en cambio, a las masas, se las guía, se las dirige, se las conduce. Lo que marca la diferencia es la cultura. Y más, en un país como el nuestro, que carece de tradición democrática (ahora disfrutamos del periodo soberano más largo de la historia), y donde la manipulación, el miedo y el servilismo son moneda común. Además –¡qué carajo!–, la ley del mínimo esfuerzo es muy golosa (y la abstención, una tentación).

La forma de administrar el poder, por parte del señorito o del cacique, es individual: un favor a cambio de otro favor; nada de asuntos colectivos, que cada uno mire por lo suyo.

Con 14 escaños más, el PP se siente reforzado en sus políticas de recortes y saqueo de las arcas del Estado, e incluso hay quienes consideran que, de algún modo, el resultado electoral los absuelve de tanto despropósito. A lo mejor, necesitamos mayor rapiña para darnos cuenta de quién es cada cual. Por cierto, muy interesante, la Microfísica del poder, una recopilación de ensayos de Michel Foucault.

Y, ahora, pasamos a publicidad. Volvemos en 4 años (con suerte, un poco antes).

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