El Petardo, Humor Gráfico, Marjo Garel, Número 58, Opinión
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Inspiradores de espirales

Por Marjo Garel / Viñeta: El Petardo

MARJO GAREL

@Marjo_Garel

Y a mí que las únicas espirales que me gustan son las que forma la naturaleza, cuando ves que agarra una semilla y se va desenrollando la espiral y en el ápice aparece una pequeña hoja; los caracoles terrícolas en todos los tamaños y los de mar en todas sus especies; las fabricadas por el hombre, las escaleras, el mecanismo de los relojes (alguno que otro me cargué de niña, manifacera por verle las “tripas”); los observatorios astronómicos y las más efímeras, las de hojaldre, que me encantaban cuando aún no las tenía prohibidas.

Bien que me gustaría que mis comentarios de hoy fueran sobre esas espirales hermosas, fascinantes, pero es imposible, la actualidad en espiral, la espiral de la violencia, me habla de atentados y de guerras. He tratado de enumerar todos los atentados del último año y he desistido cuando al buscar en un diario digital me encuentro con 33.938 entradas. Son muy escasos estos renglones y se haría interminable abarcar tanta muerte, aunque fuera a grosso modo. Ningún país se ha librado de esas espirales, y se ha implantado el terror en nuestro cerebro.

Los valientes que se pueden permitir viajar al extranjero juegan a la ruleta rusa y con la venda en los ojos; desplazan su dedo en el mapamundi y viajan allá donde el dedo se para, sabiendo que el atentado se puede producir en ese punto o junto a sus casas. Dicen que a un terrorista no se le puede presuponer que lo es hasta que no comete un atentado. Detrás tiene un respaldo, quizás no con una logística perfecta, pero sí unos cómplices ocultos, de tal forma que la policía, y quienes en teoría los vigilan, solo saben sus nombres cuando ocurre la tragedia. Son las guerrillas, pero reducidas casi siempre a un solo hombre. Como acaba de ocurrir la pasada madrugada en un tren de Alemania: un niño de 17 años atacando a los viajeros con un cuchillo. Quizá el atentado que menor número de víctimas ha dejado a día de hoy, diecinueve de julio, cuando escribo estas líneas, cuando me ahogo en el drama de las espirales. No nos olvidemos de ninguno: Orlando, Túnez, Bangladesh, Bruselas, Estambul… Niza.

No podemos obviar a los que amparándose en el hipotético golpe de estado turco aprovechan para hacer una purga que ya alcanza a 20.000 militares, jueces y policías. Indignante me parece lo de Erdogan, porque contra quien va es contra los propios turcos. No me sirve de nada  que estos salgan en su defensa, son tantas y tantas las veces que hemos oído la cantinela de que el pueblo salga a la calle, de que el pueblo dé la cara, mientras ellos se quedan en sus casas… Es la liberación del país obligada por el régimen caído. ¿Hará falta un nuevo Ataturk?

Hay espirales fatídicas en todas partes. Aprovechando que el Támesis pasa por London, el Parlamento británico ha aprobado renovar su arsenal nuclear ¡Claro, como que ellos son los buenos! Se ha cubierto de gloria en su estreno la May como primera ministra del Reino Unido. Ni la Thatcher. Y al otro lado del ring, en Corea del Norte, Kim Jong-un aplaude durante el lanzamiento de tres misiles al mar de Japón.  Si a este niño grande le hubieran regalado un equipo de Quimicefa y un microscopio para matar gusanitos ya no quedaba palacio, ni aún ganas de mirarse “el gusanito”.

Es a este maremágnum, a esta espiral a la que me refería antes. Todos y cada uno avisan de sus intenciones. Unos, los de allá y los de Alá, recrudecen la guerra santa de los “mártires”; otros, los de aquí, aumentan el gasto militar que solo provocará que “los malos” sigan atacando, y por desgracia acierten. Mientras tanto aquí, en la pacífica España, nos dicen que “difícilmente nos pasará nada”. Y si ocurre será cosa de “lobos solitarios”, “locos” incontrolados a los que resulta imposible detectar.

Por los pasillos de San Jerónimo se reparten cartas trucadas, sillones para la Mesa. Me recuerda La túnica sagrada, cuando trocean la capa y se la reparten. Les viene de perlas la orgía de atentados mientras nos preparan un otoño caliente, caza de ciudadanos, nuestras cabezas a Bruselas. Es otra purga, no en plan bruto como la de Erdogan, sino más “suave”, pero que nos está diezmando el bolsillo. Y todo ello antes de entronizar al secretario general del partido cuya corrupción no ha tocado techo.

En mi cabeza baila una simple reflexión: ¿Son tan estúpidos los humanos? Nosotros, los gurbianos de Marte, ya lo veíamos venir.

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El Petardo

@petardohuelva

 

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