El Petardo, Francisco Cisterna, Humor Gráfico, Número 58, Opinión
Deje un comentario

Humanismo de neón

Francisco Cisterna

Paco Cisterna

Por Paco Cisterna / Viñeta:  El Petardo

Gracias a que la vida del hombre, por ahora, es limitada, podemos soportar el aburrimiento y la desolación de este mundo: las injusticias sempiternas y las esperanzas perpetuas que arden, sin consuelo, de generación en generación, como arde la llama que pervierte los valores olímpicos con el último anabolizante de diseño: un fraude de gloria efímera que engorda el medallero de los tramposos. Y una demostración genuina de que los secretos son tan importantes, o más, que los hechos publicados.

El poder se fundamenta en que un reducido número de personas compartan los secretos. Pero es posible que ni los hechos ni los secretos sean tan relevantes como creemos porque, por mucho que nos empeñemos en despejar las dudas, vivimos engañados sin solución, sometidos a toda clase de estímulos, en esta gran caverna digitalizada de la Información, que nos cosifica como apéndices tecnológicos. Nosotros somos el terminal, permanentemente conectado a los estímulos manipuladores, al engaño, al desconcierto. Condenados a conocer una parte muy estrecha de la realidad que nos invita a legitimar los mensajes oficiales, a creernos parte de una historia que se escribe en oscuros despachos y en secretos conciliábulos. ¿Quién es el valiente que cruza a la otra orilla para desengañar a los miles de rusos que pasaron a mejor vida creyéndose que sus atletas eran los mejores del mundo? ¿Cuán distinta fue la realidad para ellos de lo que hoy día lo es para nosotros?

La Historia se acumula en la memoria del hombre como un peso pesado a punto de ser noqueado, igual que un son cubano sin principio ni fin, cansino y trotón, de letra facilona y previsible. Un círculo vicioso y catártico cargado de cadenas kilométricas desde los albores de la humanidad. Una enseñanza que, si bien se nos quiere presentar salvífica, sólo da cuenta de las veces que el hombre ha tropezado en la misma piedra por muy avisado que estuviera de las consecuencias. Cien años más y el relato pormenorizado de los hechos actuales será un simple epígrafe o una mera referencia a pie de página… y nosotros, un simple átomo de la tinta con que se escribió.

En el futuro, la historiografía quedará comprimida en un nanochip y todo quedará resumido en dos palabras, fáciles de enviar por wasap: guerra y paz. Tolstoi habrá revalidado su título de campeón y la dialéctica nos hablará otra vez de superar la historia, pero todo el mundo estará muy ocupado cazando pokémons, preocupado por la barbarie cíclica del Daesh, por el golpe de estado inducido en Turquía, por el ascenso de Trump a la Casa Blanca, por el tiro al “blanco” de la policía trumpetera; por los avances tecnológicos, que nos salvarán de la historia, por el calentamiento global o por la glaciación –que no se ponen de acuerdo– y, por supuesto, por los abdominales de Ronaldo.

En fin, estaremos entretenidos en nuestras cosas, como tantos otros lo estuvieron en las de su época, por ejemplo: el golpe de estado que acabó con la República; el ascenso de Adolfo, sin la arruga es bella, al poder; la llegada de la televisión, que nos salvó del aburrimiento y dulcificó la alienación, el aire acondicionado y sus gases refrigerantes, las torturas policiales a blancos y negros, los musculosos gemelos de Bahamontes –Federico Martín, el ciclista, no el caudillo– o los puñetazos de Urtain, el morrosko de Cestona.

Como podemos apreciar, todo se repite, más o menos, mientras nos entretenemos. Pero les confieso que lo que más me entretiene es ver cambiar de color los letreros de neón de las grandes superficies, de los restaurantes y de las verbenas. Y es que no hay nada como salir a la calle y sentir el calor humano de un buen escaparate.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

El Petardo

@petardohuelva

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *