Humor Gráfico, LaRataGris, Lidón Barberá, Número 58, Opinión
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De Pokemons y brechas

Por Lidón Barberá / Viñeta: LaRataGris

Lidón Barberá

@lidonb

La escena es más o menos la siguiente: plaza céntrica de ciudad pequeña, última hora de la tarde de un día excesivamente caluroso. En un rincón de la plaza, un grupo de cinco o seis adolescentes vestidos de negro, los seis con la mirada fija en su smartphone. Unos diez o quince minutos después, guardan los móviles en sus bolsos o bolsillos y desaparecen de la plaza. Dos niñas de menos de diez años llegan corriendo a la mesa de una cafetería porque se les ha escapado la pelota. Solo están jugando ellas a fútbol, explican, porque los chicos juegan a otra cosa. Los chicos a los que se refieren, chavales de menos de quince años que llevan la camiseta del equipo de fútbol local, están a la sombra, sentados sobre un muro, smartphone en mano. Miran de reojo la plaza, ven que se han ido los otros adolescentes y dejan sus teléfonos sobre el muro. “Es que hay un gimnasio de Pokemon y tienen que estar pendientes por si les intentan conquistar”, explican las niñas con toda naturalidad mientras vuelven a jugar a fútbol.

En otra calle, a otra hora del día, un niño va de la mano de su abuelo (o de un padre muy mayor). El niño, que va camino de una actividad deportiva, le cuenta a su abuelo que ayer le dejaron el smartphone (posiblemente de un familiar) y pudo jugar a Pokemon, que había cazado no-se-cuántos, pero poco rato porque el teléfono no era suyo. Y antes de que el pobre niño pudiera contar alguna característica de los Pokemon que había cazado, el hombre zanjó la conversación: “Tú déjate de Pokemon y sácate una carrera”. Todo el peso del universo en los hombros de un crío que a duras penas ha empezado la primaria.

Y en la tercera escena, un mensaje de Whatsapp con un “No te lo vas a creer, me dicen que es el mejor momento para vender el piso porque tiene mucha actividad de Pokemon cerca”, algo que se puede leer en prensa también estos días. Gente que empieza a utilizar el juego de realidad aumentada como reclamo para casi todo, desde vender un piso hasta ofrecer desayunos mientras uno entrena su Pokemon en un parque.

Más allá de la neura inicial, de las escenas que provoca el choque de generaciones y la brecha digital, muchos tiemblan ya con las implicaciones comerciales y de marketing que puede tener el juego, desde tener que pagar por tener una Pokeparada (¿qué eso exactamente?) al lado de tu bar y no del de la competencia hasta la posibilidad de tener que vetar su presencia precisamente porque  perjudica tu negocio. O nos preguntamos si esto no será una burbuja más, como la época en que el transporte público era un quema-baterías con el Candy Crush. La respuesta, como tantas otras cosas, a la vuelta del verano.

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LaRataGris

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