Número 58, Opinión, Rosa Regàs
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Codicia de los imperios

Nicolás Maduro, Lula da Silva y Evo Morales.

Por Rosa Regàs

ROSA REGAS

@rosaregas

Hace ya 43 años que quienes nos habíamos definido como defensores de Salvador Allende comenzamos a oír las feroces críticas que los medios europeos le dedicaban por su ineficacia. Y como prueba exhibían las multitudinarias protestas y caceroladas de la población, harta de no poder adquirir en el mercado nacional los productos básicos de su vida diaria. Sabíamos que respondía a una estrategia de la derechona chilena que controlaba estos productos básicos y los retenía para crear un clima de inquietud (como en Venezuela hoy) que acabaría con el Gobierno de Allende y justificaría el golpe de Estado que con la ayuda financiera de Henry Kissinger, secretario de Estado norteamericano, llevó a cabo Pinochet bombardeando el Palacio de la Moneda. Derrocó y mató al presidente Allende, destrozó la estructura social del país creada por él, persiguió, encarceló y asesinó a sus seguidores e instaló una dictadura militar de triste memoria.

Sabíamos de la ayuda de los Estados Unidos a quienes luchaban contra líderes políticos de ideas e intereses contrarios a los suyos. Recordemos cómo en 1961 agentes de los servicios secretos belgas y de la CIA introdujeron el cuerpo del que fuera el gran luchador por la independencia del Congo Belga, el anticolonialista, y más tarde primer ministro de la República Democrática del Congo, Patrice Lumumba, en un barril de ácido y lo hicieron desaparecer de la escena política, al tiempo que instauraban la dictadura corrupta y feroz que sigue vigente hoy.

Ver cómo avanzan países ganando índices de mejoramiento sus clases más desfavorecidas, debería ser motivo de orgullo democrático entre nosotros, pero no lo es. Recordemos lo mal que se juzga aún hoy a Cuba y más recientemente a Bolivia, Uruguay, Brasil o Venezuela, a otros países latinoamericanos cuyas políticas izquierdistas han merecido castigos económicos y diplomáticos y toda clase de críticas de las agencias de noticias norteamericanas de las que beben nuestros medios, incluso ciertos intentos sociales de la oposición en Perú, Guatemala o Nicaragua.

Pues bien, ahora le toca el turno a Rafael Correa, presidente de Ecuador desde 2007 con mejoras impresionantes desde entonces en la vida social de su pueblo y en la diplomacia de la nación, que acaba de iniciar una campaña contra los paraísos fiscales. La derecha de su país, que no le perdona sus evidentes logros, aprovecha esta nueva lucha para denigrarle y atacarle con dureza el tiempo que haga falta, porque tiene dinero y puede aguantar hasta las próximas elecciones de enero. Así hicieron con Evo Morales, Lula da Silva, Dilma Roussef, Nicolas Maduro, todos elegidos democráticamente, como otros muchos no nombrados aquí que fueron vencidos, y olvidados por la Historia.

Cada imperio tiene su sistema para hacer legalmente suyo lo ajeno.

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