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Cantabria: el valle de Iguña por la calzada romana

Paseo por la calzada romana para reencontrarnos con la historia. Foto: Gonzalo Gómez.

Por Gonzalo Gómez Montoro. Domingo, 24 de julio de 2016

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El valle de Iguña, en la zona interior central de Cantabria, abarca el espacio comprendido entre las ciudades de Torrelavega, al norte, y Reinosa, en el sur, y linda con el valle de Cabuérniga, por el oeste, y con los del Pas, Pisueña y Miera, por el este. Además de la autovía A-67, que une Santander con Palencia, a Iguña lo atraviesa de arriba abajo una calzada romana. El camino, concebido para llevar el hierro desde las minas de Herrera de Pisuerga (Pisoraca) hasta Suances (Portus Blendium), aún se puede recorrer a pie durante varios tramos. El que une Pesquera con Bárcena, de seis kilómetros de longitud, es uno de los más interesantes de este rincón poco conocido de Cantabria.

Partiendo de Helguera de Molledo, donde nos alojamos en la Posada de los Duendes, regentada por Tina y Miguel, se puede llegar a Pesquera por varios caminos. El más recomendado comienza al cruzar el río Besaya, todavía en Helguera, y la nacional 611, para llegar a Molledo, municipio donde veraneaba el escritor Miguel Delibes –cuya casa aún se conserva–, y en el que se inspiró para su novela El camino. Molledo fue también el inicio del viaje de noventa y cuatro kilómetros en bicicleta que en 1941 hizo el joven Delibes hasta Sedano, en la provincia de Burgos, donde entonces descansaba su novia –y futura mujer– Ángeles de Castro. Recientemente se estrenó el cortometraje ¡Aúpa Delibes!, de Daniel Rivas, que recrea este viaje narrado por el vallisoletano en su libro de memorias Mi vida al aire libre. Tras la muerte de Delibes, en 2010, se inauguró la “ruta Max”, bautizada a partir de su seudónimo usado como dibujante en el diario El Norte de Castilla (M por Miguel, A por Ángeles y X por el destino incierto que les aguardaba).

En Molledo el siguiente paso es tomar el tren Santander-Reinosa hasta Pesquera. El recorrido cuesta un euro con ochenta céntimos, que pagamos a bordo. Al ser Pesquera una parada facultativa, se debe prevenir al revisor. El trayecto cubre una distancia física de diez kilómetros, pero para salvar el considerable desnivel el ferrocarril recorre más de veinte. El paisaje desde el vagón es espectacular, digno de una estampa alpina. Vemos laderas de pronunciadas pendientes alfombradas de color verde donde pastan las vacas y abundan los hayedos, robledales, castaños y eucaliptos. El sol radiante y la atmósfera nítida que nos acompañan son excepcionales en esta región de lluvia y niebla, nos comenta un viajero.

El apeadero de Pesquera, al que llegamos tras veinte minutos de viaje, parece salido de una novela de Juan Benet. Un andén solitario junto a un herrumbroso poste de RENFE son los únicos distintivos. Nuestro compañero de vagón también desciende, y desaparece tirando de su maleta por entre la vegetación. A nuestra izquierda queda la bolera del pueblo y, al lado, la antigua fábrica “La montañesa”, ahora convertida en el Centro de Visitantes Caminos de la Harina, destinado a divulgar los conocimientos de la industria harinera del valle. Nuestra ruta nos obliga sin embargo a girar a la derecha, donde la calzada romana comienza en un paraje conocido como Peña del Cuervo.

Vivienda en Bárcena de Pie de Concha 4

Vivienda en Bárcena de Pie de Concha.

De los primeros prados desprovistos de sombra pronto pasamos a un frondoso tramo con hayas, robles, acebo y helechos, donde la luz casi no consigue filtrarse. El camino, empedrado y musgoso, se vuelve resbaladizo en las zonas de bajada más pronunciada, por lo que se recomienda utilizar bastones, aunque no es imprescindible. Curiosamente, la mayoría de las piedras que conformaban la calzada fueron arrancadas y utilizadas en la construcción de viviendas en el valle, y buena parte de las que hoy pisamos se colocaron en el siglo XVIII, cuando la vía volvió a pavimentarse para facilitar el paso de carruajes.

A lo largo del camino merece la pena detenerse a contemplar las viviendas abandonadas, de tradicional construcción cántabra, que encontramos a nuestra vera, así como los prados cercados con estacas y alambre, donde vacas y bueyes pastan apaciblemente haciendo sonar sus cencerros; y, sobre todo, las impresionantes vistas sobre el valle, como la que hacia mitad de recorrido da sobre el viaducto de Montabliz, que, con sus 198 metros de altura en su parte central, es el puente más alto de España y el sexto de Europa.

A continuación entramos en Bárcena de Pie de Concha, localidad que atravesamos por la carretera que discurre sobre el trazado de la calzada, y donde encontraremos interesantes construcciones de indianos, cuyos balcones y jardines suelen estar plantados de hortensias, para terminar el recorrido en la plaza del pueblo, donde culmina la antigua vía romana. Allí, un refresco en cualquiera de los tres bares nos servirá para reponer fuerzas después de las dos horas de camino.

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GONZALO GOMEZ MONTORO

@GonzaloGMontoro

1 Kommentare

  1. Que guapo te ha quedado Gonzalo.
    A sido un placer teneros en nuestra casa. Esperamos volver a vernos .
    Un abrazo de parte de Tina y mio

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