Becs, Francisco Saura, Humor Gráfico, Número 56, Opinión
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Tal vez sí se pueda

Por Francisco Saura / Ilustración: Becs

Francisco Saura

Francisco Saura

El 26 de junio se celebran elecciones generales. Al parecer, debemos refrendar con nuestro voto que vivimos en democracia y para eso la participación debe ser abrumadora. También debemos aferrarnos a las opciones electorales que son nuestras y desechar con un gesto de desprecio las que nos resultan ajenas, exóticas o peligrosas. En realidad el mundo de la política es peligroso, sobre todo en sociedades que desconocen, o lo han conocido y comienzan a perderlo, un bienestar amplio y protector. O en aquellas otras que han saboreado la miel del bien vivir antes de someterlas a un lavado completo de neoliberalismo económico con una hoja de instrucciones que finiquita in aeternum las certidumbres que hacen agradable la vida a la gente común.

En realidad, estas elecciones son distintas a las del último tercio del siglo XX y principios del XXI. Ya no hay dos partidos hegemónicos que se turnan con programas políticos con escasos matices en lo económico. Ahora son tres los que rinden pleitesía a la prusiana manera. Con sus diferencias culturales y sociales, sí. No es lo mismo la beatería conservadora que el despego a las diversas y variopintas manifestaciones del ser nacional: las procesiones, los toros en sus diversas barbaries o el intento de regular comportamientos que lo son estrictamente de la esfera personal. Estas diferencias no son, por otro lado, banales y han orientado el voto de la gente durante muchos años a falta de una política económica con menos cosmética dialéctica y más diferencias en la teoría y en la práctica.

Luego, en lo regional o lo local, hallamos los matices aunque estos no provengan del consenso que hermanó a PP y PSOE en una desastrosa política económica que ahora pagamos sobradamente. A fin de cuentas, la burbuja inmobiliaria y demás supercherías que nos vendieron sin dificultad contó con la aquiescencia de la abrumadora mayoría política y social. Y forma parte del juego político que nos venden en mítines, medios de comunicación y conversaciones de bar, que Zapatero fue el culpable de nuestra ruina ahora redimida por el gran quehacer de Rajoy. O viceversa. Lo cierto es que vivimos en un país chapucero, de organizaciones políticas, económicas y sociales chapuceras. Y sin embargo, cuando deberíamos navegar en la nadería, seguimos funcionando más o menos como país. A pesar de los partidos de la Transición, su apego a los sillones y su confusión entre lo público y lo privado.

Llevamos ya seis meses con un gobierno que gestiona el día a día y no ha pasado nada. Tampoco ocurrió nada reseñable con el fin de las mayorías absolutas tan caras para PP y PSOE. En todo caso, la cirugía mayor que se nos aplicó con la modificación del artículo 135 de la Constitución y con la venta de medio país a los fondos buitre, no parece que se pueda volver a aplicar con tanta soberbia, chulería y desprecio con la que se aplicó a partir de 2012. En 2011 ocurrieron fenómenos extraños en las plazas y calles de nuestro país que todavía son incapaces de analizar PP y PSOE, un síntoma que el llamado régimen de la Transición tiene los días contados y que ambos partidos, o al menos uno de ellos, están llamados a la insignificancia política. El Imperio Romano tardó siglo en colapsar a pesar de su decadencia pero en la era de Internet lo efímero se mide por meses, no por décadas.

Se dice que llega el tiempo del populismo y los desastres que suelen acompañarlo. Frente a una economía desalmada y a un ejército de propagandistas a sueldo que pregona su bondad, ya no se arrodillan los Comunes. Han aprendido que la crueldad no es una fórmula matemática, es una opción, y luchar contra ella también lo es. La respuesta del establishment es llamar populistas a los sepultureros del Régimen del 78; también chavistas y bolivarianos a sueldo de Venezuela e Irán. Heterodoxos a lo Menéndez Pelayo, extranjeros, cuerpos extraños al ser nacional… Tal vez por eso, porque cuando los tiranos tildan de mil perrerías a la gente que se le opone, más apoyo consiguen, Podemos si pueda. A los Comunes se les puede ocurrir mil formas de insultar a esa gente que sonríe mientras afirma que nuestros hijos e hijas vivirán peor que nosotros. Decirlo fue un grave error. La confianza suele ser mala consejera.

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Becs

 

1 Kommentare

  1. Francisco Saura dicen

    Increíble hasta donde me puedo equivocar.

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