Becs, Francisco Cisterna, Humor Gráfico, Número 55, Opinión
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La memoria del mar

Por Francisco Cisterna / Ilustración: Becs                   

Francisco Cisterna

Francisco Cisterna

Siempre se ha dicho que el tiempo todo lo borra por más que nos empeñemos en ser la medida de todas las cosas. Si no lo borra con un clic de ratón, al menos, lo difumina, lo disuelve. En oposición, la memoria trata de retener los recuerdos: los hechos, que, una vez narrados por la historia, se convierten en acontecimientos que amarillean como el tiempo sobre la fotografía del poeta. El sepia es el color del olvido, de la indiferencia, por eso la memoria histórica lucha contra el Tiempo para fijar los recuerdos y evitar que los colores palidezcan. Algunos políticos, en cambio, intentan disipar el tiempo con palabras profusas y difusas. Palabras que, en vez de arrojar luz, proyectan sombra: veladuras que contribuyen a difuminar las crisis pretéritas. Así, el tiempo presente borra el tiempo pasado. Y con cuarto y mitad de empleo sumergido y un octavo de empleo alquilado, afrontamos el futuro olvidándonos del presente y del pasado. El rédito del tiempo es el rédito de los bancos: el interés compuesto más el Euribor (que marca Bruselas) aconsejado por esa señora, tan austera, que ni botones lleva en la chaqueta.

El presente es un tiempo electoral, un tiempo mediatizado por los plazos, los sondeos y las estrategias. Un tiempo que oculta las cicatrices o las airea. Limbo de incógnitas que puede arrojar a los candidatos al purgatorio de la oposición o alzarlos a la gloria de la Presidencia. Es el tiempo de los prestidigitadores de la historia, de los expertos en efectos especiales y también de los maquilladores de la memoria que se arrojan las máscaras a la cabeza. En esta campaña es raro no encontrarse con alguno que, por ocultar sus miserias, no se vanaglorie de haber desenmascarado al zorro en su madriguera. En concreto, en el discurso articulado por el centro liberal de centro-izquierda!, siempre aparece la palabra careta. No se ha elegido al azar: es más agresiva que máscara, más carnavalera. Estos señores, que aspiran a heredar la situación heredada por los herederos de la discordia, buscan un chivo expiatorio que les atenúe la ruina que pronostican las encuestas. Pretenden detener el tiempo de arena, que se les escapa entre las manos,  porque el fino cristal de su reloj se ha desgastado de tanto vivir a la sombra de las cadenas. Y ahora que tienen la oportunidad de reaccionar, de volver a ser lo que eran, insisten, de nuevo, en sacar a pasear las rentas de una hegemonía de capa caída. Si una parte importante de la Izquierda ya se unido, ¿a qué esperan? Nadar y guardar la ropa es difícil cuando sube la marea.

Podemos y debemos exigir sinceridad a los partidos indecisos para que definan sus posiciones de pacto, sobre todo, dado el estrecho margen que se espera. Pero me temo que algunos, estando de por medio las estrategias tribales, fratricidas, elijan nadar en una semántica de modistilla que lo mismo les sirva para zurcir un roto que un descosido. Y no quiera Pablo Iglesias ni Marx, que les arroje fuera de las pasarelas. Nadar y guardar la ropa no es fácil cuando sube la marea.

De todas formas, ya sabemos cómo se las gasta el Tiempo, y que no hay nada más viejo que un periódico de ayer. Por eso, el futuro se construye día a día y con la memoria fresca, mecida por las olas de un mar en el que todos somos gotas. Memoria de una marea en común.

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