Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, Número 55, Opinión, Xavier Latorre
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Nos harán pasar por el tubo

Por Xavier Latorre / Ilustración: Iñaki y Frenchy

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Xavier Latorre

Lo que Facebook y Microsoft van a unir bajo el agua no lo va a romper ni Dios. Esa alianza empresarial nos hará pasar por el tubo. Un cable de 6.600 kilómetros, bajo del mar, como la Sirenita, que ayudará a instalar Telefónica, unirá Virgina Beach, en América, con la localidad vizcaína de Sopelana, famosa por sus pinxos de txangurro gratinado. Nuestros datos más íntimos, realizados al calor del flexo a horas intempestivas, viajarán cómodamente a una velocidad de 160 terabytes por segundo hacia la boca del lobo. En un santiamén llegarán a la costa este de los Estados Unidos para que sean devorados vorazmente, para su posterior análisis, por empleados diligentes como Thomas, por ejemplo, y su consiguiente aprovechamiento comercial y quién sabe si también su utilización política.

Nunca antes he estado en Sopelana, con unas playas de ensueño, pero mis correos amorosos, mis preferencias como consumidor, mis búsquedas en Internet y mis lecturas en la red serán digeridos, a través de esa autopista digital, por esos grandes almacenes de datos a los que las cuentas les van de maravilla, según refleja su facturación anual y su capitalización bursátil. El año próximo, a finales del 2017, viajaré, ¡qué remedio!, asiduamente a Sopelana para coger el dichoso cable subterráneo que llevará toda mi actividad en la red hasta el país de los algoritmos perversos. El denominado proyecto Marea, vigente durante el próximo cuarto de siglo, será exclusivo de esas dos gigantescas compañías de contenidos y supondrá, sin duda, nuevas formas de poder en la red. Dicen que, gracias a ese conducto submarino, Internet será más barato y más rápido, pero el precio que pagaremos a cambio será la entrega incondicional de todos nuestros datos personales. Seremos ya como de la familia de esas multinacionales. Google, Facebook, Microsoft y Amazon (con sus retoños Netflix y Dropbox) están ávidos de nuestra información privada para traficar con ella y aumentar su poder. Nos vigilarán día y noche, a través del puesto “fronterizo” vasco de Sopelana. Dirán que lo suyo es marketing comercial, pero no somos tan ingenuos: conocerán nuestras reacciones antes de que éstas lleguen siquiera a producirse.

Un organismo alemán acaba de multar simbólicamente a Adobe, Pepsi y Unilever (Rexona, Flora, Pond’s, Signal,…) por transferir datos de consumidores europeos a los Estados Unidos. La protección de datos tiene filtraciones inadmisibles. Estamos indefensos, somos más vulnerables que nunca a esos manejos indecentes y oscuros. Estamos a punto de arrojar la toalla de la privacidad de las comunicaciones.

A cambio, por suerte, aún hay filtraciones encriptadas o cifradas, o como se llamen, que permiten que conozcamos cómo es el cínico mundo del poder donde nos movemos. La información anónima vertida en los papeles de la Castellana ha revelado, en tres medios de comunicación, cómo en los bufetes de alto postín de Madrid se traficaba con información mercantil sensible para ahuyentarla del fisco y de los curiosos. Sirve, al menos, para desentrañar que los Pujol, algún Borbón, Rato, la duquesa de Alba y algunos ilustres pillastres, actuaban bajo el mismo patrón y, a veces, con los mismos testaferros para seguir acumulando riquezas obscenas, obtenidas irregularmente y puestas a salvo de la tributación ordinaria por algún asesor con buenas notas en su expediente académico. ¡Repugnante!

Thomas, un analista a sueldo en la sede central de una de esas compañías, ha llegado a casa agotado. “Cariño, estoy reventado”. Su mujer, compasiva, se lo lleva a cenar fuera. Compartiendo una pizza, Linda no puede contenerse: “Amor mío. Cuéntame eso que comparten las redes españolas sobre la tía del rey que no sabía cómo su padre amasó la fortuna que luego le legó en el testamento”. “De acuerdo, pero pide más vino”, replica él, un poco hasta la coronilla. Al llegar a los postres ya habían resuelto su dilema: irían de vacaciones a España, a Sopelana, a practicar surf y tomar pinxos de bonito del norte al anochecer. Solo estaban a 6.600 kilómetros de distancia. ¡Hecho!

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IÑAKI Y FRENCHY

Iñaki y Frenchy

1 Kommentare

  1. Maribel dicen

    Que pobre y vulnerable me siento. Los únicos papeles que poseo son los del wc y el rollo de cocina y me consta que estoy en manos de google, facebokc, twiter, amazon y hasta de la web de David Bisbal. Sopelana, haz de mi lo que quieras, lo harás aunque quiera impedirlo. Pero si es así, mándame un pincho de canguro gratinado, porfa. Genial lo tuyo, xavier

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