Humor Gráfico, LaRataGris, Marjo Garel, Número 55, Opinión

Yo llego donde llego

Por Marjo Garel / Viñeta: La Rata Gris

MARJO GAREL

Marjo Garel

A vuelapluma de los acontecimientos que se están produciendo con los papeles de la Castellana, creo que mi capacidad de sorpresa ha sido mayor porque esos papeles se hayan publicado finalmente que por los hechos que se describen en ellos. ¿Alguien dudó desde el primer minuto que esa amnistía fiscal, que lógicamente solo atañe a los que tienen dinero, tenía truco? Creo que no, detrás de esas cantidades “recaudadas” estaba la crème de la crème, pero ¿por qué regularizar sus cuentas con el fisco? Supongo que detrás había toda una orquesta preparada desde la llegada del nuevo Gobierno para reducir la deuda que provocaba la crisis económica. Imaginad por un momento que la cantidad así percibida por Hacienda hubiese supuesto que en vez de encontrarnos ahora con una deuda por encima del cien por cien del PIB, esta hubiese disminuido con respecto a la que dejó Zapatero. Menudo panorama nos esperaba a todos nosotros.

La amnistía no sirvió a la Hacienda española para casi nada. En cambio, estas personas regularizaron sus fortunas (parte de ellas supongo que luego han ido apareciendo también en los papeles de Panamá) muy por debajo de lo que cualquier trabajador paga por el IRPF y muchísimo menos que lo que se paga de impuestos en artículos de primerísima necesidad. A ellos sí les vino bien, y por un uno y poco por ciento, el dinero que no podían traerse de manera legal a España “floreció”.

Leer los nombres de los primeros que han aparecido en esta lista, que deberían ser los primeros, sí, pero en contribuir a SU PAÍS, te deja con el ánimo desolado. Como por ejemplo la familia de la cabeza coronada, en teoría la primera familia del país, el ejemplo viviente para los españoles en ese podio. Estoy tan segura de que se sentirán ofendidos porque ellos piensan que no tendrían que haber pagado ni un céntimo como de que yo no tengo cuentas en paraísos fiscales. Y eso lo sé de buena tinta, créanme.

No siento vergüenza de ser española, sí de aquellos que, aprovechándose de la Historia, se exhiben como Familia de la Familia Real e incluso, en algún momento, como sucesores en la dinastía que podrían acceder al trono llegado el momento. También siento vergüenza por los que participando de este “truco y/ó trato” lo convirtieron en “trato con truco” y volvieron a reírse en nuestra cara, mientras las segadoras del zahorí, una vez encontradas las venas de la población, empezaban a cavar pozos, hallando los avenamientos, no de agua, sino de sangre, sudor y lágrimas de nuestra gente, la de a pie, la que los aplaude cuando los ven y les gritan ¡guapos! ¡vivan! Sí, que vivan, y que paguen lo que nos deben y no nos cuenten más batallitas de príncipes y reyes y de su generosidad, de ese pararse en la carretera a ayudar a un pobre motorista. La Historia todo lo devuelve a su sitio y no es esa la imagen que nos ha quedado, es otra, más triste aún, la de un pobre elefante y él posando con su rifle junto al animal. De nada sirvió lo que dijo, aquello de “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”. Todos fuimos niños y también lo dijimos en su día, ante un estropicio y el semblante adusto de nuestros padres, pero éramos niños, no adultos y con un país a las espaldas.

Que los que nos han cortado hasta el aliento, los que nos han puesto precio al Sol, los que se han pasado la legislatura quitando todo lo conseguido, tras muchos años de lucha, hayan bailado el agua hasta este extremo, resulta bochornoso. Y todo esto no está más que empezando a salir a la luz pública, la punta del iceberg, solo el principio, que la cantidad de documentos aportados es de vértigo y pasarán muchos días antes de conocerse toda la verdad.

Si no tuviese ganas de llorar me reiría a carcajada limpia; el escrupulosísimo Gobierno no condona la pena de cárcel a un chico que pagó 80 euros con una tarjeta clonada, hace seis años, pero permite que todos estos personajes no solo están libres sino legalizando su patrimonio. Hace apenas un mes se dirigió al actual Rey una señora que le pedía trabajo para los jóvenes. La demoledora respuesta del monarca fue: “Yo llego donde llego”.

Claro que sí Señor, claro que llega a tener amigos como López Madrid y a ese mensaje en el que la Reina le da fuerzas con un “nos conocemos, nos queremos, nos respetamos. Lo demás, merde”. Ahí ella sí tenía toda la razón; lo debe saber muy de primera mano.

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