Francisco Cisterna, Humor Gráfico, Igepzio, Número 56, Opinión
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Con la rosa en un puño

Por Francisco Cisterna  / Viñeta: Igepzio      

Francisco Cisterna

Paco Cisterna

El Partido Socialista dispone, otra vez, de una nueva oportunidad para sumarse a un proyecto común de izquierdas que supere, de una vez por todas, las coyunturas electorales y el tiempo perdido. Tiene en su mano la rosa que puede facilitar la conformación de un gobierno progresista en España. La rosa roja de las esencias dormidas que puede inundar el país con la fragancia de un cambio acordado, pactado. Una oportunidad inmejorable, para España, de regeneración, modernidad y auténtico progreso en común que destierre el espejismo de las burbujas paliativas como motor del desarrollo (pan para hoy, crisis para mañana). Un futuro, si se quiere, modesto, pero con el rumbo fijo en la dignidad y el bienestar social de los ciudadanos. En definitiva, la oportunidad de sumarse a un gran acuerdo que apueste por una España donde el progreso sostenible y la inversión en I+D+i sean los motores de una transformación social perdurable. En todo esto puede dejar la rosa su perfume si se aviene a un pacto natural y afín con sus principios. Huelga recordar que ocasiones así se presentan cada 100 años, que los españoles se merecen un proyecto cargado de sentido común y perspectiva, y que ya no valen los remiendos chapuceros para sortear las crisis y cubrir el expediente hasta que lleguen los próximos comicios generales. El tren no tiene más paradas.

El PSOE ya dispuso de una oportunidad ventajosa para sumarse al cambio de la unidad. Cambio que no consiste sólo en desalojar a Rajoy de La Moncloa sino en desmontar sus políticas de castañuela –empresa más ardua que simplemente mandarle a su casa–. En aquel entonces, es posible que los tan traídos y sufridos pactos se malograran por reticencias internas, por malentendidos, por falta de comunicación,  por inexperiencia, o, vaya usted a saber, por instinto de conservación. Da igual. Ya no importa el por qué ni quién tuvo la culpa. Tal vez, nunca lo sepamos. Lo importante es que el desencuentro no vuelva a repetirse.

Sea como fuere, el indispensable pacto no está exento de dificultades habida cuenta de que las ventajas han cambiado de bando. Sin embargo, y en tales circunstancias, el PSOE no debe adoptar como posición fundadora unos postulados centristas que lo catapulten (a corto, medio plazo) a una más que probable psoetización. Si el PSOE  quiere congraciarse con los simpatizantes perdidos, debe destapar el tarro de las esencias dormidas. Desempolvar la O de obrero y dedicarle más tiempo al activismo militante de calle que a los cómodos despachos climatizados. Apuntar en otra dirección sería fiarlo todo al tiempo del olvido, al fracaso del contrario, o ignorar que la actual coyuntura requiere un marcado cambio de rumbo más que una simple deriva, por dulce que esta sea.

La oportunidad de compartir un proyecto de gobierno que devuelva la ilusión a la mayoría de sus bases y a gran parte de su electorado está, como la rosa roja, en su mano. Sólo tiene que mirar un poco más hacia su izquierda para ver los cientos, miles o millones de manos tendidas. Miles de personas que comparten, con diferentes matices, el mismo credo: trabajadores, estudiantes, profesores, artistas, intelectuales… que están dispuestos a demostrar con su voto que la historia se equivoca y que es posible que las gentes progresistas caminen unidas en pos de un mismo horizonte.

No se puede perder más tiempo deshojando la rosa roja del me quiere, pero no puedo o del no quiero, pero debo, porque el voto progresista está con el alma en vilo. La electoral incógnita les tiene a todos con la rosa en un puño, con el corazón empuñado, pendientes de un dichoso o desdichado pacto de familia que aclare el porvenir. Ya no importa el por qué ni quién tuvo la culpa. Sólo importa que el desencuentro no vuelva a producirse. Sobre todo, porque la rosa podría marchitarse en un puño que no quisiera extender la mano.

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Igepzio

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