Becs, Humor Gráfico, Marjo Garel, Número 55, Opinión
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Ecos de una esperada sociedad insumisa

Por Marjo Garel / Viñeta: Becs

MARJO GAREL

Marjo Garel

Perdonadme si hoy no estoy a la altura, pero es tal el cacao de este fin de semana que mezclo churros con meninas. ¿Ah, que no son churros, ni meninas? ¡Ya! Y que no les vendrían mal a las pobres, tanto tiempo ahí de pie, desayunar churritos con chocolate, con permiso de Velázquez. Bien, pues a lo que iba. Que me estaba preparando para salir a dar un barneo por Barcelona y miratúpordonde que en un canal que no hablaban castellano  –una es de Murcia y todo lo que no sea el castellano bien hablado, como en mi tierra, le parece extranjero– pues en ese canal, veo a unos señores vestidos de azul marino, quizás demasiado oscuro, les faltaba un toquecito blanco, alguna lista, no sé, algo que les diera un poco de luz, en fin, además de unos cascos preciosos y relucientes, transparentes en la cara, que les conferían un toque alienígena espacial. Cargaban contra unos chicos, vestidos ellos de casual style, con unos pañuelos que no les favorecían nada, nada, nada, pues les cubrían medio rostro. Ahora, en el otro medio, se adivinaban unos ojos preciosos e iracundos que recordaban los del doctor Zhivago, por lo irritados, a juego –eso sí– con su humor. Y todo por entrar a dormir en un Banco deshabitado. Y pienso: Si el Banco ha desahuciado a muchos y se ha quedado vacío, ¿por qué estos muchachos no pueden vivir allí?  Bueno, ya me entendéis ¿no? ¿Qué sale más barato? Pagar horas extras a los señores de azul  para que tiren botes de humo, hagan cargas y maniobras, alguien salga herido y los tengan que tratar en hospitales, más luego la tarea de lavar todos esos uniformes, que tiene que estar todo bien limpito, para la carga siguiente. Todo ese coste, ¿quién lo paga? Pues por mucho menos se colocan literas y colchones dentro del edificio desocupado y la peña duerme tranquila, los de azul con sus familias y el bolsillo, de donde todo sale, no se toca, que ya no queda ni pelusilla. Claro que, mientras el personal se distrae con las batallas, no atiende a las carencias ni a las elecciones.

En esas estaba cuando por fin decido quedarme en el hotel (no quería encontrarme con los azules). Así que decido sentarme ante una mesita, con varios diarios, y lo primero que me salta a la vista ¡mare de Deu!: otra vez dando caña Cañizares, no tiene enmienda, le llama el Papa y se le ha hecho la mitra un lío o no funciona el Sonotone, de nuevo carga contra las mujeres, contra los gays, y ya en el colmo de los colmos pide que desobedezcamos las leyes de igualdad de género. Pero hay algo que se le “pasa” a este santo varón, la pedofilia y la pederastia en la Iglesia. No así la condena del aborto. Tampoco sale de su boca palabra alguna para la alfombra de muertos que yace en el Mediterráneo y a la que se ven abocados los que pretendan salir huyendo de la guerra, rumbo a Europa, encontrando la muerte antes de llegar.

Paso página y alucino, después de regresar de su viaje Albert Rivera (el que le desaconsejaron que hiciera algunos ministros y expresidentes, entre ellos Zapatero) veo, leo, y no me lo creo…. ¡Está allí! ¡En Venezuela! ¡¡Está Zapatero!! Y además le dejan entrar y hablar con el político Leopoldo López. ¡Chúpate esa mandarina, Albert! Lo ha conseguido Zapatero. ¡Toma, toma y toma! ¡Ya pueden hablar también de Venezuela en su mítines! (o maitines, uf que lío).

Con la euforia, cae la página de deportes, la recojo y leo triste sobre las muertes: en Montmeló la de un casi niño Luis Salom, al que le deseo que la tierra le sea más leve que el asfalto que le quitó la vida. La segunda, la del campeón del mundo Muhammad Ali; venció en el cuadrilátero, insumiso en lo de Vietnam y luchador contra el Parkinson. Cierro los ojos y me viene su imagen en blanco y negro, después de proclamarse campeón, y pido un deseo: “Que nuestro cuadrilátero sean las urnas, nuestras papeletas sus puños. Ataquemos a la corrupción y la desvergüenza en su flanco más débil. Por derecho y de frente, que sea nuestro K.O. ante la mentira y la desfachatez”.

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BECS

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