Artsenal, Ecto Plasta, Humor Gráfico, Número 56, Opinión
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Esa ineludible cita con las urnas

Por Ectoplasta / Ilustración: Artsenal

Ecto Plasta

Ecto Plasta

La campaña electoral, las elecciones, el resacón. Imagino que habrá quien lo vea como una oportunidad de cambiar las cosas, de intentar poner algo de sentido común en el Parlamento. Yo lo veo más como acudir a una cita con el dentista. Una de esas revisiones anuales que hay que hacer y que, en el mejor de los casos, sirven para que nos citen al año siguiente. La diferencia, con las elecciones, es que la nueva cita será dentro de cuatro años, suponiendo que todo vaya según el guión establecido y que hasta a ellos mismos, a los políticos, les de vergüenza convocar una tercera ronda.

Soy escéptico y pesimista sobre los resultados. No me creo un Gobierno de izquierdas y de haberlo, de ocurrir el milagro (no utilizaré esa odiosa palabra tan de moda entre tertulianos y periodistas) me temo que estaría completamente atado de pies y manos por la banca y por Europa. Tenemos el ejemplo griego fresco en la memoria para pensar que ciertas políticas serían posibles. No conviene engañarse demasiado.

Lo que espero (fuera de toda lógica, en realidad) es que PP y PSOE se las arreglen para perpetuar el bipartidismo. Se les nota el miedo, de eso no cabe duda. Demasiados años de alternancia política para que todo se vaya por la borda. No les queda otra que arreglarse y esperar a que las aguas se calmen. Ya le han visto las orejas al lobo y se juegan demasiado el día 26. Incluso Rajoy, el pasmao, tiene más tics de la cuenta. Dicen que hasta perdió la calma el otro día en la radio.

El PSOE no se entera de nada, es incapaz de darse cuenta de lo que la gente le pide. Atrincherado en la excusa de la rotura de España para no pactar con la izquierda, sin darse cuenta de que es necesario que en Cataluña haya un referéndum y que decidan lo que quieren hacer, sin victimismos y sin chantajes, de manera libre. Sin ser capaces de soltar lastre, maniatados por los barones y un Felipe González que da vergüenza ajena y que me recuerda –vaya usted a saber por qué– a los Harkonnen… será mejor parar aquí, que luego todo se sabe.

El PP, por su parte, a sus cosas, como siempre. Con la corrupción saliéndosele por las esquinas de la sede central y a escándalo diario. A pesar de todo, sus incondicionales seguirán votándoles contentos de que el despido sea cada vez más barato, de que se pueda contratar prácticamente gratis, de que la Iglesia vuelva a estar metida de lleno en la educación, de que la sanidad pública siga deteriorándose hasta que sea inevitable privatizarla, de una ley de aborto propia de la Edad Media, de que las energías renovables ocupen un lugar simbólico, de que suba la luz y el gas, etcétera.

Este es el panorama, a grandes rasgos, que ahora mismo tenemos en España; me quedo corto en realidad. Sin embargo, se hace más importante que nunca votar. A pesar de mi pesimismo, creo que es fundamental –como suele decirse en estos casos– acudir a la cita con las urnas. Nunca sabe uno lo que puede pasar. Quién sabe, a lo mejor se logra el milagro.

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