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Josep Ramoneda: “Rajoy, si pudiera, estaría toda la vida en funciones, poco trabajo y la culpa para los demás”

El periodista y filósofo Josep Ramoneda, en una imagen de archivo.

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  Entrevista

Por José Antequera / Foto: Xavi Herrero. Viernes, 23 de junio de 2016

Día sombrío en Santander. Una suave llovizna cae sobre la hermosa playa del Sardinero, envolviendo el gran Casino, cuyos alegres tonos pastel contrastan con la tristeza del cielo plomizo. Pese al mal tiempo, hay gente en las terrazas comiendo marisco y bebiendo vino blanco. Como si la crisis fuera cosa del pasado, como si Rajoy se hubiera salido con la suya. En ésas, un hombre emerge del ascensor del hotel. Cabello largo encanecido, americana distinguida, porte parisino y sosegado, ligeramente encorvado. Es el filósofo, periodista y escritor Josep Ramoneda (Cervera-Lérida, 1949) que ha llegado a la ciudad para impartir una conferencia sobre periodismo en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Durante años, Ramoneda ha sido la última voz de la noche, esa voz profunda y áspera con deje catalán que parece salida de lejos, de muy lejos, de Tegucigalpa por lo menos, y que se cuela por las rendijas de nuestros transistores para darnos, como fogonazos de ideas, como llamaradas de conciencia crítica, los últimos telegramas del día. Desde su faro nocturno de Hora 25 de la Cadena Ser, el periodista ha ido rellenando, madrugada tras madrugada, el dietario de Ramoneda, auténtico cuaderno de bitácora de la historia reciente de España. “La situación del PSOE es de tragedia clásica. Pablo Iglesias ha conseguido algo que es indudable, y es que ya desde el primer momento se ha asumido que éstas serán unas elecciones entre el PP y Podemos. Esto lo ha conseguido”. Ramoneda pertenece a esa vieja escuela de periodismo al borde ya de la extinción, una generación que no vive del tuit atropellado con faltas de ortografía ni del megusteo barato en las redes sociales, sino de la sentencia trabajada, de la reflexión literaria y filosófica, del descreimiento como recurso retórico y de la ironía escéptica y elegante que ya no está de moda. “Lo primero que tenemos que aprender de esta crisis es la manera de poner límites al poder financiero; lo segundo es que la desigualdad es destructiva, porque rompe el consenso social, bloquea la economía y dificulta el desarrollo económico”. Ramoneda se sienta en el sofá del hall del hotel, se pone cómodo, se desabrocha la chaqueta y empieza a hablar, cómo no, de política…

¿Qué le pareció el debate a cuatro?

Pues a mí me pareció penoso o lamentable. Escribí un artículo para el diario Ara que se titulaba Cabe todo en un tuit ¡y es verdad! Lo que dijeron cada uno de ellos cabe en 140 caracteres. Creo que es una mala señal, digamos; una señal de que hay fatiga ciudadana y fatiga por parte de ellos, me imagino. Pero llegar a un debate de esta envergadura sin otra ambición que la de no asustar al personal, la de intentar no perder más que ganar, intentar salvar los trastos más que otra cosa, realmente es un poco penoso.

Entonces ninguno estuvo a la altura…

Francamente no. Me pareció que era más importante el lenguaje corporal que el lenguaje real, por así decirlo, porque cosas dijeron muy pocas y todos se ciñeron, cada uno de ellos, a un lenguaje muy concreto y pequeñito. Es verdad que se vio a un Rajoy muy envejecido hasta el punto de que quedó un poco fuera de escena y además me sorprendió que una persona que tiene cierta capacidad para la retórica había momentos en que se atropellaba con las palabras, algo que no le había visto nunca. A Pablo Iglesias le pasa esta cosa curiosa de que a medida que se va moderando le va subiendo la espalda y los hombros y le va bajando la cabeza, una cosa curiosa. Pedro Sánchez es tan plano que lo que dice no cuenta, habla y no habla mal, pero nadie le escucha…

Y un poco sangre de horchata…

Sí, sí… Todo es plano en él, todo se aplana… Habla y lo que queda es silencio, una cosa un poco extraña, y Rivera, como las cosas no le van como le iban, y ha perdido la figura de estadista que se había creído, intentó hacer un poco de ruido y lo aportó al escenario, nada más que esto.

Sin embargo, todo el mundo dijo que Rajoy salió vivo del debate…

No sé muy bien qué quiere decir que salió vivo, tampoco entiendo muy bien qué supondría que saliera muerto.

Aunque por momentos parezca que el presidente está algo muerto políticamente…

Sí, Rajoy está agarrado a esta defensa que no se entiende en una persona que tiene recursos para montarse la vida de otra manera, y más un hombre como él, que da la sensación de que no le gustan los agobios, que le gusta la vida tranquila, que se agarre de esta manera a un cargo en el que está de bajada no se comprende muy bien… Hay quien da una explicación y es que parece como si hubiera una fractura muy importante dentro del PP, que no hay nadie con autoridad para reemplazarle y que si él se fuera se organizaría un cisco. Hay incluso quien me llegó a hablar de que podría haber una ruptura en el partido, algo que me cuesta creerlo, pero bueno, en definitiva, los dos partidos tradicionales están un poco en la misma onda. No anticiparon el cambio, no anticiparon que la violencia de las medidas de austeridad provocarían una indignación y una irritación. No anticiparon que el sistema de bipolio del poder tenía sus límites. ¿Y qué han hecho hasta ahora? Han sobrevivido cada vez más sobre la base de apoyarse sobre la parte alta de la pirámide de edad. Si los mayores de sesenta y cinco años no votaran el PP no existiría y si los mayores de cincuenta y cinco o sesenta no votaran el PSOE tres cuartos de lo mismo. Por tanto, es gente que ha desconectado con las nuevas bases de la sociedad española. Pueden resistir porque tienen un poder clientelar muy grande, porque tienen un control social de diversas instancias, etcétera, pero será siempre una resistencia agónica.

Sin embargo, el PP parece que ganará, pese a todo el descontento social y la corrupción…

Sí, pero a mí tampoco me parece tan raro. La derecha es muy poco crítica y mucho menos autocrítica. Además, hay un sector de la derecha que siempre votará a la derecha aunque roben a punta de pistola o aunque volviera el franquismo. Hay un sector de gente de orden que le preocupa muy poco todo lo que no sea el orden y por eso el voto de la derecha tiene un suelo más alto que el voto a la izquierda…

Universitat-Pompeu-Fabra

Votan como hooligans…

Sí, no tanto como hooligans como por una inercia, el orden y el desorden…

A Iglesias dice que lo ve más apagado…

Bueno, Iglesias ha conseguido algo que es indudable, y es que ya desde el primer momento se ha asumido que éstas serán unas elecciones entre el PP y Podemos. Esto lo ha conseguido.

¿Pero es una situación real o una elucubración por las encuestas?

Pues lo veremos, lo veremos, pero que el PSOE está eclipsado me parece que es evidente. La metáfora de este eclipse es lo que decíamos antes: Pedro Sánchez habla pero nadie le entiende, o nadie le atiende más bien. No es que no le entiendan, es que ni siquiera le atienden. Seguro que hay muchas razones para explicar esto, pero efectivamente ya ha cuajado en la sociedad la idea de que la confrontación está en otro lado. No deja de ser una paradoja. Por un momento pareció que Ciudadanos y PSOE podrían capitalizar el hecho de haber intentado formar Gobierno aunque fracasaran, pues no, les ha penalizado el fracaso. ¿En qué quedará el resultado final? No lo sabemos, pero en cualquier caso Podemos seguirá al alza y el PSOE seguirá a la baja…

¿Esa será la tendencia a corto plazo?

De momento sí, yo creo que el gran peligro que tiene el PSOE es que va camino de reducirse cada vez más a una especie de Convergencia Democrática de Andalucía, un partido territorialmente muy fuerte, con un sistema clientelar poderoso, pero con poca capacidad de irradiar más allá. Y ése es el peligro del PSOE, la federación andaluza se ha convertido en su principal accionista, desde allí condiciona mucho, y como el resto del partido reacciona poco…

Pongamos que consigue salir como segunda fuerza más votada, ¿qué cree que debería hacer Pedro Sánchez?

Yo personalmente creo que cualquier gesto que signifique que el PP siga gobernando es el suicidio del PSOE. Esta es mi impresión, si el PSOE entrega el poder al PP, sea con la fórmula que sea, el PSOE se ha acabado, por lo menos durante unos cuantos años. Y la otra opción, que es intentar formar un Gobierno con Podemos es una opción de riesgo, pero yo creo que es la única opción posible, entre otras cosas porque si muere en el intento no morirá solo, morirá con Podemos. Sin embargo, con la otra opción le deja una vía libre magnífica a Podemos. Por tanto, si llega segundo creo que sería lamentable que Sánchez no intentara gobernar con Pablo Iglesias. Y si llega tercero entenderé más que no lo haga, porque entonces el dilema sí que es ya entre negro y un poco más negro. Pero entre entregarle el poder al PP o facilitar un  Gobierno con Podemos creo que sería mejor para el PSOE esta opción.

En cualquier caso la situación es comprometidísima… Haga lo que haga el PSOE pierde.

La situación es de tragedia clásica, digamos. Es una caída libre. Todo empieza el 10 de mayo de 2010, cuando Zapatero da un giro en veinticuatro horas aceptando las imposiciones de Bruselas sin hacer lo elemental, que hubiera sido comparecer y decir: miren ustedes, me obligan a tomar esta decisión, que es lo contrario de lo que yo iba a hacer, por tanto me voy a casa o lo someto a consulta. Y además las encuestas lo demostraban: ¡el PSOE aguantaba antes de ese momento en que cae en picado! Y desde entonces ya nunca más…

O sea que camina hacia lo que es el PASOK…

Sí, aunque es difícil decir hasta dónde llegará la caída y si algún día tendrán posibilidad de retorno. Pero de momento van hacia una situación cada vez más limitada, digamos.

Y Pablo Iglesias, ¿debería renunciar a sus famosas líneas rojas?

Bueno, Iglesias si llega segundo debería intentar formar Gobierno, eso parece clarísimo, y por tanto en la negociación se deberá ver hasta dónde puede llegar y hasta dónde no.

Pero con un treinta por ciento de indecisos cualquier cosa puede suceder…

Yo francamente no creo que haya grandes variaciones, puede ser que uno llegue primero en votos y otro en escaños; puede ser que el PP suba dos puntos o baje dos, pero el marco está bastante establecido.

¿Habrá Gobierno o iremos a una tercera vuelta?

Hombre, ya sería difícil de asumir que se fuera a una tercera vuelta. También le digo que viendo el debate del otro día, debate lamentable, penoso, el peor sin duda que he visto en mi vida, llegué a pensar que no es imposible que haya unas terceras elecciones. Yo creo que si no se va Rajoy, es muy difícil que se forme Gobierno. Si se va Rajoy, los otros acabarán tragando y ahí al menos podrán exhibir un trofeo. Si Rajoy no se va, solo hay la posibilidad de que el PSOE entienda que tiene que aliarse con la izquierda y formar un Gobierno de izquierdas.

Porque la gran coalición casi que no…

La gran coalición formal, en el sentido de participación en un mismo Gobierno de los dos grandes partidos, a mí me parece casi imposible. Que el PSOE aceptara abstenerse en la votación del presidente y pasar inmediatamente a la oposición me parece un disparate pero no me parece imposible, entre otras cosas porque la presión será muy grande para que esto ocurra.

Ramoneda

Y una tercera vuelta agotaría la paciencia del pueblo…

No sería ya solo un problema de agotar la paciencia, es un problema de irresponsabilidad, no se puede obrar de una manera tan ligera. Los políticos tienen la obligación de formar Gobierno, eso es un principio elemental, para eso se les elige, para que formen Gobierno, no para que se entretengan. Porque para Rajoy el papel de presidente en funciones es ideal. Él, si pudiera, estaría así toda la vida. Claro, poco trabajo, y la culpa es siempre de los otros…

Y a fumar el puro y a leer el Marca… Bien pero, ¿cómo puede ser que un país que ha llegado casi al 30 por ciento de paro en algunos momentos y a 8 millones de pobres no haya pegado ya el reventón, como se dice vulgarmente? En Francia arden barricadas y no están ni la mitad de mal que nosotros…

Yo creo que aquí ha pasado una cosa muy interesante. Aquí fue el primer lugar en el que estallaron los movimientos sociales, pero desde estos movimientos sociales se hizo una apuesta, que fue intentar transformarlos en movimientos políticos. Y se hizo, y se ha demostrado que la gente todavía confía en la política y que en la medida que ha visto que podía canalizar sus aspiraciones a través de gente surgida de los movimientos sociales ha bajado la conflictividad social enormemente, y ese es un dato objetivo. ¿Qué quiere decir esto? Primero, que la gente todavía confía en la política, que todavía piensa que alguna cosa se puede hacer. Segundo, que si la frustración continúa los llamados nuevos no tardarán en tener problemas, porque si la gente ahora mismo está contenida es porque confía en ellos. Pero en el momento en que llegue la confusión de que estos tampoco sirven ellos serán además el primer chivo expiatorio, el más directo.

Porque la nueva política corre el riesgo de convertirse en vieja de pronto…

Y no es fácil encontrar los equilibrios, gobernar no es lo mismo que reivindicar desde la calle y hay gente consciente, responsable, como Ada Colau, que lo está verificando y lo está viviendo y se está dando cuenta. Y no todos sabrán mantener un equilibrio que haga que no pierdan la confianza de los ciudadanos.

¿Cómo califica la gestión de Colau?

Es un personaje que va para arriba; juega con una ventaja y es que tiene empatía, tiene capacidad para no colocarse por encima de la gente, para tratarla de tú a tú, con una cierta humildad. Eso le está funcionando. Segunda cosa: ha demostrado que los mitos que ponían en duda la capacidad de gestión de esta gente eran falsos; las finanzas de Barcelona funcionan razonablemente bien, en cualquier caso no peor que antes. El mundo empresarial ya se ha dado cuenta de que ésta no está para dos días, que ésta puede durar, y a partir de aquí lo que tienen que hacer es ir construyendo de verdad un proyecto, un programa, que es a lo que todavía no llegan, digamos.

Y encima las cuentas le cuadran…

Sobre la gestión municipal hay poco que objetar.

La derecha agita el fantasma del comunismo, ¿cree que tendrá algún efecto en las urnas?

Yo creo que son cosas un poco viejas. A la gente, que ahora le hablen de comunismo, es como si le hablas de franquismo. ¿Crees que el votante cambiará de opinión porque alguien diga que los del PP son franquistas? El franquismo es algo que queda muy lejos y también el comunismo. Otra cosa es que se pueda hablar del comunismo en otros sentidos. Pero el comunismo como la marca que históricamente la gente tiene metida en la cabeza está muy lejos también.

Cataluña. Desde fuera de España parece que el proceso ha descarrilado pero, ¿cómo se ve desde Barcelona?

Está en una fase tranquila, porque Puigdemont es una persona tranquila y ha bajado la tensión. Mas llegó a crispar mucho la situación y a generar una tensión que a mí me parece innecesaria. Ahora, con el paso del tiempo, se está viendo que esta estrategia de poner hitos definitivos es una estrategia que no se aguanta durante mucho tiempo. No puedes convocar a la gente a ir a votar haciéndoles creer que al día siguiente tendrás la independencia, cuando sabes perfectamente que esto no será. Y no puedes convocar a la gente como se hizo el 27S diciéndoles que si llegamos a la mitad más uno tendremos la independencia. Y no se puede hacer porque genera una espiral absolutamente esquizofrénica: de la euforia a la decepción. Hay una especie de ciclotimia absolutamente absurda. Esto una vez no pasa nada, dos tampoco, pero cuando se va convirtiendo en algo sistemático… ¿Qué ha pasado ahora? Que todo el mundo sabe que cuando se cumplan dieciocho meses, pues no pasará nada. Por tanto todo el mundo es consciente de que no puedes volver a hacer ver que dentro de dieciocho meses seremos independientes porque… ¡porque no pasará nada! Yo creo que esto se está asumiendo, y lo que están haciendo es ver cómo lo venden para que la frustración no sea tan grande. Al mismo tiempo se está produciendo una modificación del mapa político catalán, que también tiene consecuencias sobre las cosas. El régimen político español en Cataluña fue el pujolismo, un bipartidismo casi perfecto que además tenía la ventaja de que no era ni siquiera competitivo: unas elecciones eran para uno y las otras eran para otro. Y ya está. Esto se rompió a partir de 2003. Hubo ciertos espejismos en el momento en que el PSC acumuló más poder que nadie y porque Convergència salió más indemne de lo que parecía de su travesía en el desierto y ganó las elecciones con buen resultado, pero la realidad es que aquellos dos partidos estaban tocados y ahora están tocando fondo. En las próximas elecciones les puede ir bastante mal a los dos. Por tanto hay una modificación del mapa político. Cuando el PSC perdió el dominio sobre la izquierda catalana pareció que era Esquerra Republicana la que iba a ocupar este espacio pero es que ERC se unió con Convergència y Junts pel Sí, con lo cual los comunes, como se les llama, le han robado la cartera y son ellos los que han ocupado el espacio de la izquierda. Por tanto, Esquerra se encuentra ahora luchando por la independencia con Convergència con la posibilidad de hacerse con la hegemonía del soberanismo y por eso Esquerra no tiene ningún interés en que haya pronto unas nuevas elecciones. Pero al mismo tiempo se encuentra en una ubicación de plano complicada porque tenía que ser el ala izquierda del soberanismo y puede acabar siendo el representante del soberanismo moderado, llamándose Esquerra Republicana, lo cual parece una contradicción en los términos. Teniendo al otro lado a una izquierda en manos de los comunes. Todo esto es un mapa complejo y difícil de gestionar. ¿Qué quiere decir todo esto? Quiere decir sencillamente que el rebrote, la gran crecida del independentismo en Cataluña, fruto de una serie de catalizadores, el principal de ellos la reacción contra el Estatuto de 2006, digo catalizadores, no causas, forma parte de uno de tantos movimientos de repliegue que la globalización está provocando. Y además ha tenido una base social muy importante, ha sido un movimiento social muy poderoso y como antes decíamos de Podemos, pero en otro terreno, ha tenido transformación política.

Josep-Ramoneda

Entonces la independencia se aplaza…

¿Cuál es la situación real? El independentismo catalán solo tiene un arma: la acumulación de capital electoral. No tiene poder económico, no tiene capacidad coercitiva, si mañana el Parlamento de Cataluña declara la independencia mañana no pasará nada. No hay ninguna capacidad coercitiva, la Guardia Civil seguirá donde está, la Policía también, el puerto seguirá dependiendo de Madrid, etcétera. No tiene apoyo en las grandes cancillerías europeas, por tanto solo tiene un arma: jugar con el factor generacional sabiendo que el tiempo corre a su favor y con paciencia y tiempo ir construyendo una mayoría suficiente. El independentismo es más grande cuanto más joven. Es la doctrina Financial Times. Después del 27S este periódico hizo un editorial muy claro: no han obtenido un resultado electoral que les dé autoridad moral para pedir un referéndum. El día que lo obtengan hablaremos de ello. Bueno, pues ésa es la situación, será dentro de diez, veinte, treinta, cincuenta años, yo qué sé… pero el independentismo a mi entender no tiene otra opción estratégica que ésta, teniendo en cuenta además que por carácter, por manera de ser, es impensable que los catalanes consigan la independencia por una vía de gran movilización social y de toma de la calle.

Porque esa hipótesis a la ucraniana, salir y plantar la estelada en el balcón del ayuntamiento no la ve…

Eso es totalmente impensable, si al final del 11 de septiembre se quedasen cinco mil personas en la Plaza de Cataluña, que no se quedarían más, antes de quince días quedarían doscientas.

¿Y la solución federalista?

Eso está muy quemado. Es un conjunto vacío, no quiere decir nada. Yo creo que la única salida razonable, democrática, y España tendría que haberlo entendido hace tiempo, y hubiéramos ganado veinte o treinta años, es un referéndum pactado con unas reglas claras. Si alguien hubiese tenido la intuición como tuvo Cameron en Escocia y hubiese planteado el tema en 2012 probablemente España hubiese ganado el referéndum por 70 a 30. Si se hiciera ahora probablemente ganaría por 55 a 45 y si esperan diez años más igual pierde España. Pero para mí no hay otra solución democrática. Lo otro es lo de siempre, la conllevanza, el fango, el pantano, seguir quejándose, ahora nos dan unos dineritos, pero el pantano, sigue ahí…

¿Entonces no ve ningún otro encaje de Cataluña dentro de España?

A mí me cuesta verlo, pero si alguien tiene que tomar la iniciativa tendrá que ser desde España. En mi opinión si el argumento se vistiera bien, en Cataluña se compraría, aunque duraría lo que duraría…

Otros cuarenta años…

Exacto, exacto, estas cosas son así, los problemas se aplazan, no se resuelven…

Los partidos ultras ganan terreno en toda Europa, ¿volvemos a los años 30 del siglo XX o eso es una exageración de algunos historiadores?

Lo que es interesante aquí es ver cómo esa tendencia de ver a España como un país raro, donde pasan cosas que no pasan en otro lugar, no tiene mucho sentido. No, aquí pasa exactamente lo mismo que en cualquier parte del mundo y si alguna cosa hay que decir es que pasa exactamente lo mismo pero mejor, porque aquí la ruptura del consenso bipartidista se ha hecho por la izquierda y no por la extrema derecha, como en la mayoría de Europa. Y además se ha conseguido una cosa que dice mucho en favor de la democracia en España, que es que todos los antisistema se incorporaran al sistema con pleno respeto a las reglas del juego. ¡Bueno pues no está mal! Otros no han conseguido tanto. En España pasa lo mismo que en el resto de Europa, que los viejos partidos se han quedado sin relato, la socialdemocracia se ha convertido en un conjunto vacío de tanto virar a la derecha, y cuando se deja un espacio vacío en política siempre hay alguien que lo ocupa y si no es la extrema derecha será Podemos y si no es Podemos alguien ocupará ese espacio. Siempre se ocupan los espacios cuando quedan libres. Aquí ha pasado que las políticas de austeridad han provocado que la ciudadanía se dé cuenta de lo violento que puede llegar a ser el sistema, que las clases medias han sufrido una fractura brutal y a la mitad de ellas, los que han conservado el puesto de trabajo, les ha salido bastante bien, porque además ha bajado la inflación, han pasado un tiempo de miedo donde no gastaban, pero ahora ya empiezan a gastar un poco más, y a los que les ha ido mal les ha salido muy mal. Las clases medias se han partido por la mitad y cuando esto ocurre hay señales de alarma que se expresan en partidos de extrema derecha y en cosas diversas y variadas. Este es el problema de Europa, que en el fondo es el mismo de España, una cierta mutación y readaptación del sistema económico, del sistema político, a una situación nueva en la que ya no podemos ir a las colonias a conseguir resultados por vías sobreexplotadoras, que la revancha de las colonias nos llega, ahora, a menudo son ellos los que vienen aquí y no sabemos qué hacer con ellos, y que además Europa ya no es la potencia, la centralidad del mundo, como había sido en otros momentos. La suma de todas estas cosas es la que da este estado entre melancólico y depresivo…

Y mientras tanto miles de refugiados vagando por los campos…

Evidentemente, y la pregunta la formuló Margallo y con toda la razón: ¿cómo es posible que algunos países soporten dos millones de refugiados y Europa no pueda soportar uno? A España han llegado quinientos…

Ramoneda-

¿El Brexit es una tragedia para la UE?

Yo en esto soy más escéptico, no quiero discutir las razones económicas porque no soy especialista y además desconfío de las cifras que se están dando estos días para asustar al personal. Los ingleses siempre han estado con un pie fuera, siempre se han sentido distintos de nosotros, aquello de que cuando hay niebla en el Canal de la Mancha celebran que no se ve el continente porque ha desaparecido… Bueno pues a mí no me horroriza especialmente que se vayan. No dudo de que tendrá sus consecuencias, entre otras cosas porque se rompe un tabú, que es que no se puede salir de Europa, y cuando se rompe un tabú de estos es peligroso porque si Inglaterra se va, al día siguiente, ¿quién es el próximo? Eso está claro. Y después habrá consecuencias económicas aunque me temo que si se van, que no está claro que se vayan, se acabará encontrando soluciones para no complicar las cosas. Y luego que se abre una expectativa curiosa que puede tener repercusiones en Cataluña con los casos de Escocia y de Irlanda. Escocia especialmente, porque ya ha dicho que ella quiere seguir en Europa. ¿Entonces qué pasa? ¿qué dice Europa a esto? ¿que de ninguna manera por respeto al principio de la unidad de no sé qué? ¿cómo vamos a decirles a los escoceses que no si ellos quieren seguir con nosotros? Se abren temas. Evidentemente no sería una cosa irrelevante que el Brexit se produjera. Pero quizá tengamos que darle la razón al Papa  Francisco, dicho desde el ateísmo, cuando dice que en tiempos de crisis hay que armar lío.

Parece mucho más de izquierdas que muchos este Papa…

Bueno, el problema de los papas siempre ha sido el mismo: hablar mucho pero poca práctica…

¿Qué hemos aprendido de esta crisis?

Muchísimo, lo primero que tenemos que aprender es la manera de poner límites al poder financiero y al movimiento de capitales en general; esta crisis en el fondo es la sustanciación del paso del capitalismo industrial al capitalismo financiero, ya lo estamos viendo. La segunda cosa es que la desigualdad es un tema mucho más serio de lo que a veces se plantea. A los que consideran que hay que tratarla solo desde una dimensión buenista o moral, que me parece muy importante, y no económica, hay que decirles que la desigualdad es destructiva, porque rompe el consenso social, bloquea la economía y dificulta el desarrollo económico. Esa es otra de las cosas que se tienen que aprender. Tercera, que no puede ser que la política se convierta en algo subordinado al poder económico. La política está para poner límites al poder económico, si no la democracia no tiene sentido, o dicho de otro modo: si seguimos por el camino actual estoy convencido de que la democracia es cuestión de días que llegue a lo que yo he llamado el “autoritarismo posdemocrático”, donde nos acercaremos cada vez más al modelo de despotismo oriental que al modelo democrático liberal. Es decir, que el modelo puede terminar siendo China más que los Estados Unidos de América.

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José Antequera

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