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Jesús Maraña: “Los medios han perdido la credibilidad, por eso los lectores se alejan de los periódicos”

Jesús Maraña, director de Infolibre y tertuliano asiduo de La Sexta Noche.

Deportes

  Entrevista

Por José Antequera / Foto: Infolibre. Viernes, 10 de junio de 2016

No va de profeta de nada, ni de periodista estrella, ni habla a grito pelado o desgañitándose entre broncos aspavientos, como hacen otros compañeros de las tertulias con las que comparte horas encendidas de televisión. El estilo de Jesús Maraña (Sahagún, 1961) es más bien reposado sin dejar de ser irónico, voltairiano sin perder de vista la contundencia, pero siempre diciendo esas verdades como puños sobre nuestros políticos corruptos, sobre la crisis de los medios de comunicación, sobre todo y sobre todos, especialmente sobre Inda y Marhuenda. Maraña es un periodista de la vieja escuela, uno de esos que ya no quedan, nuestro Lou Grant particular, aquel prometeico personaje de la serie de televisión que desde su despacho de Los Angeles Tribune luchaba contra las injusticias del mundo. Estudió en la Complutense de Madrid y empezó firmando artículos en el diario Informaciones. Corría el año 1981 y en España había muchas cosas que contar, entre ellas el ruido de sables que amenazaban nuestra frágil democracia. “Viví la época de las vacas gordas, por así decirlo, de los semanarios políticos. Tiempo, Tribuna, Cambio 16, Época, etcétera. Funcionaban muy bien pero luego los contenidos se fueron frivolizando, se fueron transformando en un cruce entre las revistas del corazón y los periódicos”. Quizá fue ese el momento en que empezó “a joderse el periodismo”, como ha dicho en una reciente conferencia, o fue cuando los periódicos comenzaron a vender planchas y vajillas o cuando los contables tomaron las riendas de los grupos mediáticos controlados por el poder financiero y los buenos periodistas saltaron por la ventana. Quién sabe. Hoy, cuando más de 14.000 profesionales han terminado en la cola del paro por culpa de la crisis y el descrédito de algunas grandes cabeceras resulta insoportable, Maraña se sigue moviendo como un hábil francotirador que se resiste a abandonar su puesto, o mejor un artesano que sigue fabricando temas de investigación (buena falta nos hace) en las trincheras de Infolibre, uno de los diarios digitales que amenazan con socavar la hegemonía de los periódicos en papel, agonizantes tras tantos años, quizá demasiados, de pérdida de credibilidad, traición a los principios del oficio y maldita autocomplacencia.

 ¿Podemos decir que el periodismo digital se ha comido ya al papel?

Yo suelo citar una reflexión que en su día hizo Soledad Gallego Díez, que me parece lo expresó muy bien. Ella se preguntaba: ¿por qué hay que matar al papel? dejemos que muera naturalmente en todo caso. Y creo que además ese debate está superado cuando la preocupación, sobre todo desde la propia profesión, desde el oficio, debería ser por la mala salud del periodismo, no del papel, que seguirá su curso natural y que es evidente que va hacia abajo, que hay menos puntos de venta y que las generaciones más jóvenes no están acercándose a los quioscos, se informan de otra manera. Tienes que buscarlos tú a través de los móviles, de las tabletas, de los ordenadores, pero lo preocupante es la salud del periodismo, no el papel o lo digital, que creo que es un debate muy secundario al lado de lo que realmente importa, que es reivindicar que hace falta más periodismo y mejor periodismo.

¿Entonces más que con la crisis económica el problema tendría que ver con una crisis endémica del periodismo español que ha dejado de ser creíble para los lectores?

Claro, es que se ha producido una especie de tormenta perfecta: la revolución digital, la crisis económica, la crisis publicitaria, la crisis del modelo de negocio y lo mal que lo hemos hecho las propias empresas y los propios periodistas, sobre todo quienes más altura de poder hemos tenido. Hace muchísimo tiempo que deberíamos haber dicho “hasta aquí” a muchas cosas. Y no hemos sido capaces, por ejemplo, de establecer engranajes asociativos, profesionales, que tuvieran capacidad de frenar lo que se ha producido: que ha sido un vaciamiento en las empresas periodísticas de la materia prima, que son, en sí mismos, los profesionales del periodismo. Sin buenos periodistas, y sobre todo ya, sin periodistas, no se puede hacer un periódico, ya sea digital, ya sea en papel. Y las empresas han ido prescindiendo de eso para ahorrar costes. Su manera de afrontar la revolución digital y la crisis económica ha sido de la forma más sencilla del mundo: cortemos por aquí, por lo más caro. ¿Y qué es lo más caro? Los profesionales, la plantilla, y se han equivocado, como resulta evidente, porque sin materia prima un negocio fracasa. Eso es lo que se está produciendo al margen o en paralelo de la crisis del papel por la revolución digital.

Luego la responsabilidad sería de unos gerentes que no se han comportado como auténticos periodistas…

A ver, en muy distinta medida, todos los que hemos ocupado puestos directivos tenemos una responsabilidad. No todos hemos actuado de la misma manera ni nos hemos quedado 35 años en un medio de referencia diciendo: aquí resisto yo y voy diciéndole a todos los demás que van sobrando. Eso es lo que ha pasado en muchos grandes grupos editoriales. La consigna ha sido: es que no podemos sostener esto y tenemos que seguir recortando. Y eso lo siguen diciendo los mismos que a mi juicio tienen que ver mucho con la crisis de los medios, con el descrédito, con cómo se ha arruinado el único patrimonio que tiene un periodista, que es su propia credibilidad. En cualquier otro oficio, cada cual tiene un patrimonio que reivindicar y que vender, y lo digo no a efectos vocacionales, sino incluso a efectos de negocio. Y desde las empresas han sido tan sumamente torpes que lo que se ha hecho es vaciar de talento, de creatividad, de profesionalidad, de experiencia, las redacciones. Así es como los medios han ido perdiendo la credibilidad. Por eso se han alejado tantos lectores de los periódicos, pero a marchas forzadas. Es decir, los hemos ido echando más que ellos se hayan ido yendo. Tenemos que recuperar esa credibilidad.

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Pero eso parece una labor muy complicada. Si el daño ya está hecho, ¿cómo le dices tú al lector que vuelva a comprar ese periódico que antes compraba si ya no cree en él?

Claro, todos sabemos que la credibilidad se puede perder en diez minutos pero se puede tardar muchísimo tiempo en recuperarla. Te voy a contar algo sobre mi experiencia profesional. Yo viví la época de las vacas gordas, por así decirlo, de los semanarios políticos. No digo ya en la etapa en la que estuve como director de alguno de ellos sino en los ochenta y principios de los noventa, cuando estaban en apogeo las revista tipo Tiempo, Tribuna, Cambio 16, Época, etcétera. Había cinco o seis semanarios que funcionaban muy bien, pero viví también la etapa en la que se fueron frivolizando los contenidos de esos semanarios, y esas publicaciones, que eran de investigación política, se fueron transformando en un cruce entre las revistas del corazón y los periódicos. Veías cómo se iba deteriorando el contenido, frivolizando, y empezaron a sustituir la credibilidad y los buenos contenidos por las promociones publicitarias. Y entonces empezaron a regalar cada semana…

La vajilla, la cafetera…

¡Todo tipo de artefactos! Y entonces los lectores dejaron de ser lectores y se convirtieron en clientes que compraban las revistas por lo que dabas con ellas…

Nos olvidamos de hacer periodismo y nos centramos en la parte empresarial…

Exactamente. Ese fue un fenómeno paralelo a lo que sucedió en las propias estructuras de las empresas periodísticas. Fueron ganando cada día más poder los responsables de las cuentas, los responsables del marketing, los responsables de todas las áreas, digamos, de negocio, y fueron perdiendo peso los responsables editoriales, es decir, los que yo siempre he considerado los responsables de la materia prima del negocio. ¿Entonces cuál es el problema? Pues que puedes ganar clientes a los que les encanta una vajilla pero el día que se acaba la vajilla se acabó el cliente. Has perdido un lector, o no lo has ganado, como mínimo. Y en todo ese proceso, que ha ocurrido no solo en los semanarios, sino también en los periódicos diarios, no toda la culpa la tiene la revolución digital y el hecho de que la gente tenga otros canales con los que informarse. Uno de los mayores pecados, y en eso sí son responsables los editores de los grandes periódicos, es haber decidido en un momento dado regalar los contenidos en Internet y pretender seguir cobrándolos en el kiosco. Luego el problema no es si papel sí o digital sí, o papel no o digital no, el problema es que lo que das gratis no puedes pretender cobrar por ello. Ese regreso a la reivindicación de la materia prima claro que será complicado…

Entonces fueron las propias empresas periodísticas las que metieron el caballo de Troya dentro de casa…   

No solo en España, creo que ha sido un error que se ha cometido en todo el mundo, fue la entrega inmediata a la cultura del pelotazo. Los editores vieron la posibilidad de lograr grandes audiencias y creyeron que les iban a llover los ingresos publicitarios. Y esa ecuación fue falsa. Se deterioró completamente el valor de los contenidos y encima esos ingresos publicitarios nunca llegaron, y no solo por la crisis, sino porque ha perdido valor lo que hacemos. Y además la eficacia publicitaria masiva en Internet es infinitamente menor, para rentabilizar una página tiene que recibir miles de clicks…

Pese a la precariedad, el periodismo de investigación está conociendo una nueva época dorada de la mano de diarios digitales como Infolibre. Pero asfixiar a un periódico digital que quiere levantar casos de corrupción puede ser relativamente fácil. Basta con ponerle una simple querella a ese medio que no pueda pagar…

¿Sabes cuál es la mayor impotencia respecto a esos recursos con los que contamos, que efectivamente son muy limitados? La cantidad de oportunidades que ves de hacer todavía mejor periodismo. En el último informe de la Asociación de la Prensa se decía que más 14.000 periodistas han terminado en el paro en los años de la crisis y que es el segundo oficio después de la construcción más castigado por el desempleo, en proporción. Hay mucha gente válida, y por lo tanto mucha materia prima, que con más recursos sería muy interesante poder aprovecharla. Y por lo tanto tener más posibilidades de temas, de contenidos, de investigación, etcétera. A mí las querellas no me dan miedo cuando cuentas con un buen equipo periodístico. Yo dirigí Interviú y Público, y ha habido personajes que han intentado callarme por la vía judicial. Por ejemplo: Ignacio González nos pedía 600.000 euros a cuatro periodistas por publicar una serie de temas. Bueno, si tienes un buen equipo que hace buen periodismo al final las batallas se ganan en los tribunales. Yo las querellas que he sufrido siempre las he ganado con la verdad, con la veracidad, que por cierto sería algo que habría que reivindicar mucho en el periodismo porque hay algunos colegas que han perdido ya varias querellas en todas las distancias y por lo tanto se ha demostrado que mentían. Pero en este país, donde no termina de elevarse el nivel de exigencia democrática, eso también pasa en los medios de comunicación. Lo normal es que cuando un periodista se demuestra que miente debería verse afectada su credibilidad, que es su principal patrimonio, para los restos. Bueno pues aquí no pasa nada. Hay gente que sigue en la cresta de la ola, aunque se demuestre que el periodismo que hace unas veces acierta y otras no, y unas veces ofrece datos fidedignos y otras no.

¿Será precisamente porque esos periodistas cuentan con el respaldo del poder? Igual que hay políticos corruptos que se dejan comprar hay periodistas que siguen esa forma de actuar…

Bueno, yo creo que en ese sentido lo que estamos viviendo es un cambio. Es decir, que yo no sé la capacidad que tienen determinados periodistas o determinados medios para difamar gratis y que no pase nada. Yo creo que con el tiempo van a ir desnudándose determinados trajes y creo que eso va a cambiar. Entre otras cosas porque las herramientas que tenemos y la capacidad de la gente para informarse es enorme. Y cada vez será más difícil que triunfen, creo yo, los vendedores de humo, siempre que haya posibilidad de que otros medios lo descubran. También eso de perro no come carne de perro, ese corporativismo, ha sido muy dañino, porque nos hemos protegido en el “ya sabes cómo es este”, cuando el “ya sabes cómo es este” ha ido deteriorando la credibilidad de todos los periodistas y de la profesión. Creo que eso hace tiempo que deberíamos haberlo frenado.

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¿Cree que hay un antes y un después tras la filtración de los papeles de Panamá?

Bueno era la segunda gran filtración que administraba el Consorcio de Periodistas de Investigación. Ya había hecho otra con el tema de la lista de Falciani y del HSBC.  A mí me parece que es otro elemento que ha ido surgiendo gracias a las posibilidades que da la realidad digital de compartir recursos entre medios y profesionales de muy distintos países o del mismo país. Esas vías son interesantísimas para aprovecharlas en beneficio del buen periodismo. Es un trabajo muy interesante el de los papeles de Panamá y me consta que los medios que han trabajado en ellos en España, La Sexta y El Confidencial han tenido equipos de periodistas trabajando durante meses para sacar los resultados que han sacado. ¿Qué es lo único que me preocupa de ese tipo de filtraciones? Ya pasó con Wikileaks, es decir, tengo la sensación de que volúmenes tan enormes de información, soltados, publicados en torrente, durante días, semanas y meses, el efecto final que trata de conseguirse, que es lograr cambiar las cosas, puede diluirse. En el caso Wikileaks apareció de todo, grabaciones a embajadas, a fiscales, a jueces, a periodistas, a todo quisqui, y yo no recuerdo que haya habido un responsable que haya caído al más alto nivel. Quien ha pagado el pato ha sido el soldado Manning, que es el que se ha comido el calabozo. Y esto es preocupante porque uno piensa: cuidado, que todas esas grandes filtraciones luego hay que hacer periodismo con ellas. Hay que desvelarlo todo, pero es responsabilidad de los periodistas decir: oiga, que ahí sigue la misma estructura de poder, la misma forma de actuar de los servicios de espionaje, de los servicios de seguridad, de determinados gobiernos, etcétera…

Entiendo, el periodismo de grandes filtraciones es muy espectacular, pero quizá estemos perdiendo de vista aquella vieja función del cuarto poder que tenía la prensa…

Es que hace mucho tiempo que el cuarto poder, si alguna vez fue así, que yo tengo mis dudas, ya no lo es. Gran parte del déficit democrático que sufrimos es que ni la política tiene la autonomía suficiente para ejercer en democracia el poder que representa a los ciudadanos ni los medios de comunicación ni los periodistas tenemos la capacidad suficiente como para influir decisivamente en la agenda de los principales poderes, que son los económicos y financieros. No nos engañemos, esta es la batalla principal, pero no en términos de barricadas, sino de civismo puro, es decir, la reivindicación del papel que debe tener cada uno en democracia. Y hace tiempo que se perdieron esas parcelas de poder, de ahí también la crisis. Pues todo eso ha ido en paralelo, la política está cambiando, hemos ido del bipartidismo al multipartidismo y vamos a ver el recorrido que tiene todo esto y en qué cuaja. Pero en el periodismo está habiendo también una revolución forzada. Hay que recuperar credibilidad, hay que recuperar nuevas herramientas y tenemos que demostrar los periodistas que actuamos honestamente y de forma independiente.

España sigue siendo diferente en eso y en otras muchas cosas, estalla un escándalo de corrupción, se publica en un medio, pero a diferencia de otros países como Estados Unidos o Reino Unido, aquí no dimite nadie…

De ahí lo importante que es la memoria histórica. Cuando desde muchos ámbitos se desprecian las reivindicaciones de la memoria histórica a menudo se nos olvida que la historia de este país no es igual que la de los vecinos europeos con los que nos comparamos. Este país pasó por cuarenta años de dictadura y no solo eso sino que, hoy por hoy, miras los apellidos de decenas de las grandes familias empresariales que dominan los sectores económicos y son los mismos que antes de la guerra civil. Hubo un trabajo interesantísimo que hizo nuestro compañero Santi Carcar en Infolibre, hace ya un par de años, que era exactamente ese examen: los apellidos del Íbex 35. Y aparecían familias que ya eran fortunas importantes con la dictadura de Primo de Rivera, con la República, con el franquismo, con la democracia y a día de hoy. Con la diferencia de que tras esos cuarenta años de dictadura nos falta una cultura democrática bien engrasada, y eso se nota precisamente en esas reacciones, en esa gestión de la corrupción, que tanto ha influido en lo que está pasando. Nuestro problema no es que haya corruptos, nuestro problema es que haya permanentemente protectores de los corruptos, cómplices en el grado que sea. Y efectivamente, en Alemania tienen que dimitir ministros porque han mentido en la página doce de su tesis doctoral o han plagiado un capítulo de un trabajo universitario y se ven obligados a dimitir. ¿Por qué? Porque han engañado a la gente. Aquí podemos estar toda la noche explicando cómo hay gente que no acaba de entender que si te pillan mintiendo en política, o apoyando a un corrupto, deberías irte de la política de inmediato. Pero no, entonces empiezan: es que si los tribunales, que si la presunción de inocencia… Que no, oiga, que no estamos hablando de eso. Es que eso es otra batalla, es otra historia, por supuesto que quien tenga responsabilidades judiciales las tendrá que asumir, esperemos que eso funcione, y en la mayoría de los casos la Justicia está funcionando, pero la responsabilidad política es otra cosa, es un problema del político consigo mismo, que no termina de entender lo que significa ser demócrata.

Se lo tengo que preguntar, ¿cómo se lleva con Eduardo Inda?

Bueno, tengo relaciones mejores en el oficio. Yo en la discusión y en el debate ideológico no suelo tener problemas con nadie porque me gusta, me interesa, me apasiona y me parece enriquecedor cuando hay un debate de ideas y posiciones diferentes. A mí lo que me altera bastante, y procuro contenerme mucho, es la discusión sobre cuestiones que no se corresponden con la verdad y con la realidad. Cuando hay que discutir sobre si esto es agua o es vino, y es evidente que es vino o es agua, me siento muy mal y me parece que es una estafa permanente al ciudadano, al espectador. Y eso sí me preocupa y a veces en los debates uno se siente de esa manera y se pregunta: ¿pero cómo es posible que estemos aquí aceptando que hay que partir de una base de discusión que no es real? Y te preguntas: pero oiga ¿qué es ese documento que usted me está enseñando? Si lo que usted dice no es verdad, y ya se ha demostrado que no es verdad, ¿por qué seguimos discutiendo una hora o seis meses? Eso es lo que a veces sucede, y eso altera la calidad del debate…

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¿Y con Paco Marhuenda? ¿más de lo mismo?

Bueno, Paco es distinto en las formas a Inda. De Paco me molesta bastante, y él lo sabe, cuando se empeña en etiquetar y en pluralizar permanentemente. Cuando dice eso de vosotros que pensáis esto o lo otro. A ver, ¿vosotros? ¿quién? No hay forma de que huya de una vez por todas de las etiquetas, del usted está en la parte izquierda del tablero y por lo tanto lo que usted piensa es esto. Pero no, además se trata de trasladar a los demás un chip que es suyo. Oiga, yo no sé lo que piensa ese señor que está en la barra…

Él está seguro de que usted es podemita…

En este momento ya me da igual que se me califique de podemita, que de sociata, que de lo que sea. Lo que me ofende es la etiqueta porque soy periodista y ciudadano. Luego, lo que pienso políticamente lo decido yo, no me tiene que etiquetar nadie, es una ofensa especialmente como periodista. A Paco Marhuenda no le importará ejercer de amigo de Rajoy, de haber sido su jefe de gabinete, de votar al PP casi fichando como diría El Roto en aquella viñeta. Él no tendrá ningún problema con eso pero yo sí tengo problema con que alguien me etiquete sobre una militancia política que no tengo y que además, si la tuviera, sería una cuestión mía. Usted discuta conmigo como periodista o como ciudadano, no como portavoz de no sé qué. Yo a Inda le he dicho: ¿qué quieres, que te califique permanentemente como portavoz de un grupo policial, aparte de que has pedido el voto para Ciudadanos en más de una vez? Porque como portavoz de un grupo policial que le facilita documentos y que después ni siquiera el Ministerio del Interior asume como propios lo podría hacer. Pero yo no hago eso. Como periodista que soy le trato como periodista que es. Pero se empeña en que los demás tenemos que tener una etiqueta.

Venezuela: ¿no hemos picado los periodistas el anzuelo que nos ha puesto el Gobierno para que hablemos todo el rato de ese país, con la cantidad de problemas que tenemos en España?

Bueno, a veces hay cosas que se adjudican al Gobierno o al partido y luego los altavoces mediáticos lo amplifican. A veces es en sentido inverso, son determinados grupos mediáticos los que lanzan la noticia y después les aplauden y les hacen la ola desde la política a esos medios de comunicación. Me parece descarada la utilización de los problemas que hay en Venezuela o la ligazón que algunos de los dirigentes de Podemos tuvieron, antes de fundar ese partido, con una fundación que trabajaba con gobiernos de Venezuela, de Ecuador, de Bolivia y de otros países, el uso que se ha hecho de eso, llegando incluso más lejos de lo que había en realidad. Por lo que conocemos hasta ahora, a mí me parece absolutamente lamentable porque es una manipulación descarada y porque además es desproporcionado. Si al menos actuaran así en otros casos como, no sé, las desapariciones en México, por ejemplo… ¿Es que no tienen nada que decir sobre eso?

Yo me refería más bien a que el Gobierno y el PP han marcado la agenda en un momento dado y han dicho: aquí hay que hablar de Venezuela, y todos los medios han entrado al trapo…

Bueno, pero no nos engañemos, no ha sido solo el Gobierno, es obvio que desde hace tiempo la mayor preocupación de toda la estructura de poder económico y financiero de este país es que pueda surgir un Gobierno de izquierdas. Ha sido Podemos, pero si no hubiera sido Podemos y el ascenso hubiera venido, como apuntaba al principio de la legislatura, de Izquierda Unida, estarían preocupados igualmente. Pero lo que realmente preocupa a las grandes estructuras de poder es una alianza que además llevara al PSOE a posiciones mucho más de izquierdas de las que ha mantenido cuando ha estado en el Gobierno. Todo eso es lo que ha hecho saltar el tema de Venezuela, y otros asuntos como las supuestas simpatías con el terrorismo de las que se acusa a algunos dirigentes de Podemos, etcétera. Todo eso es la salsa en la que crece el miedo a que haya un posible Gobierno de izquierdas en este país. No se admite esa posibilidad. Se admite la máxima de que todo Gobierno que no sea una coalición del centro hacia la derecha, todo lo demás, no es estable. No sé de dónde se han sacado eso, porque cualquier estudio sociológico demuestra que las coaliciones son más o menos estables dependiendo de la representación que tengan, no de que sean de derechas o de izquierdas.

¿Qué va a pasar el 26J?

Buenísima pregunta, si la pudiera responder.  No, no me atrevo, yo desconfío bastante de las encuestas puntuales pero sí me parece que hay algunas tendencias que tienen bastante lógica sociológica. Primero, yo no creo que haya grandes cambios de voto en seis meses, salvo que haya un acontecimiento, una catástrofe en el sentido que sea, muy impactante; no creo que haya un cambio muy pronunciado en las tendencias de voto y además creo que hay cambios que están produciéndose ya de fondo, cambios generacionales, cambios en los medios urbanos y rurales, todo eso va a ir dando un dibujo que claramente va a ser multipartidista y que puede hacer variar en un grado o en otro el peso específico del PP, del PSOE, de Podemos o Ciudadanos, pero que hay que ir acostumbrándose a que tenemos que asumir que esto va a ser un régimen democrático multipartidista. Y no pasa nada. O solo pasa si se sigue tomando al personal por idiota, es decir, si nos empeñamos en que un partido por narices tiene que pactar con otro porque se dice que las urnas han decidido que haya consenso. No. Lo que ha sucedido es que los ciudadanos han votado cada uno la solución y otra cosa es que los políticos tienen la potestad de pactar o no pactar. No olvidemos que en eso pierde poder el ciudadano. En una situación de multipartidismo, una vez que se produce un resultado que es de minorías son los políticos quienes tienen las armas para acordar un Gobierno. Entonces fíjate qué curioso que estábamos en un escenario en que parecía que los ciudadanos podían tener más poder pero no es así. Eso conlleva también una mayor exigencia de responsabilidad en los políticos, que tienen que ser muy coherentes, elegir unas prioridades y cumplirlas y preguntarse: qué puedo pactar con este y qué no y que el votante sepa qué margen tiene. Nos esperan por tanto tiempos en que debemos seguir aprendiendo a pactar, a acordar, y nos esperan sorpresas en lo que puede ser la caída más o menos pronunciada, como algunos vaticinan, del PSOE, el sorpasso, y la subida de Podemos/IU, que es evidente que es la única novedad en las candidaturas de cara al 26J. Iglesias y Garzón han tenido el hallazgo de dar un paso que no dieron en diciembre pero que les sirve, tal como es la ley electoral, para que en algunas provincias, sumando los restos, consigan escaños que hasta ahora pertenecían a los partidos mayoritarios.

En cualquier caso cuatro años más de Rajoy…

Sin embargo, yo creo que en caso de que continúe el PP dudo mucho que pueda continuar Rajoy. Lo dudo mucho. Eso sí, también digo que para mí lo preocupante son las políticas más que los políticos. Si se va Rajoy finalmente, pero se siguen aplicando medidas que profundizan en la desigualdad, en lugar de buscar otra salida a la crisis, y de intentar negociar con el núcleo duro de Europa otro tipo de medidas, eso me preocupa más que Rajoy. Pero también digo que lo tiene muy difícil para mantenerse cuatro años más en la Moncloa.

Porque cuatro años más de recortes no hay país que lo aguante…

Todo lo que sucedió el 15M, el movimiento de indignación, ha seguido un cauce, un carril político. Podemos consiguió recoger el testigo de parte de esa indignación popular para convertirla en una opción política, y eso también es una válvula de escape. Por eso cuando nos preguntamos cómo hemos podido soportar todo lo que se ha hecho aquí, la respuesta tiene mucho que ver con que la gente se ha aferrado a esa esperanza y también con la cultura de este país, con la familia, con esas estructuras familiares y sociales que nos permiten resistir una crisis a la que se han dado unas respuestas a mi juicio muy injustas. En otros países de Europa no hubieran resistido igual, de hecho la situación que se está viviendo en Francia de manifestación contra la reforma laboral, una reforma que es más suave que algunas de las que aquí se han aplicado, es muy diferente a la respuesta que ha habido aquí. Y eso tiene que ver con la cultura política y con la reivindicación de los derechos colectivos.

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José Antequera

José Antequera

 

4 Kommentare

  1. Ángela dicen

    Él si que es un periodista, sobre todo porque nos hace pensar y reflexionar, ¡que pena que no sea político!

  2. Eva dicen

    A mi también me encanta este periodista. Es HONESTO, y no una manipulador mentiroso como Inda y Marhuenda. Si está él en la tertulia, siempre me quedo a esucharla, aunque da rabia ver que le interrumpen demasiado y no lo dejan hablar los otros dos.

  3. Pilar Crispigni dicen

    Soy una fiel admiradora de este Periodista, por su estilo, su veracidad, su seriedad, su sobriedad, su sencillez y la serenidad con la que debate cuando lidia con tremendos payasos del periodismo que suelen hacer todo lo contrario.¡Eso es tener clase!
    Enhorabuena maestro.

  4. Gligio dicen

    Pero que no dejen de hacerlos, aun me sirven para envolver huevos!!!

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