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Editorial: España, más cerca de un Gobierno de derechas

Ilustración: L’Avi / La Rata Gris. Lunes, 27 de junio de 2016

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   Editorial

El PP ha ganado las elecciones generales en España. Y no solo las ha ganado, sino que incluso ha mejorado sus resultados respecto al pasado 20 de diciembre, logrando 137 escaños (14 más que en los anteriores comicios). Durante los últimos seis meses los partidos políticos intentaron formar Gobierno sin conseguirlo pero este 26J pasará a la historia como el día en que los populares, que parecían derrotados, consiguieron un 30 por ciento de los votos escrutados e incluso ganaron en Andalucía, un feudo tradicional del PSOE. El mapa de España volvió a teñirse de azul, el color del PP, solo salpicado por dos minúsculas manchas moradas en Cataluña y País Vasco, las banderas de Ada Colau y Podemos. Por si fuera poco, Rajoy sale vivo cuando atravesaba por el peor momento de su carrera política, demostrando que pese a sus errores y dislates, su condescendencia en la lucha contra la corrupción y sus limitaciones como presidente del Gobierno, tiene una habilidad especial para sobrevivir en circunstancias muy adversas. A partir de ahora Rajoy se sentirá doblemente reforzado, convencido sin duda de que esta victoria le pertenece más que a nadie. Si después del 20D no se sentía obligado a dimitir ni a dar explicaciones ante los aznaristas de su partido, ahora que logra 14 diputados más esta posibilidad si siquiera se le pasará por la cabeza.

Rajoy sale reforzado del 26J y un posible pacto con Ciudadanos y partidos nacionalistas podría darle el Gobierno al PP

El 26J ha tenido un final tan extraño como inesperado. La foto que ha salido de estas elecciones es parecida a la que salió el 20D, pero al mismo tiempo es muy diferente. Es cierto que ningún partido logra la mayoría absoluta para gobernar en solitario pero la posibilidad de un Gobierno de derechas PP/Ciudadanos parece cada vez más cerca. Ciudadanos ha perdido 8 escaños, pero la subida de 14 diputados del PP compensa esta caída. En el momento de redactarse esta información, y con el 96 por ciento de los votos escrutados, la suma de PP y Ciudadanos estaba a solo 7 diputados de alcanzar una hipotética mayoría absoluta, que podrían lograr si alguna fuerza minoritaria como Coalición Canaria y el Partido Nacionalista Vasco, prestando sus cinco escaños, se sumaran a un posible acuerdo. Solo un obstáculo impide a estas horas un Gobierno conservador en España y tiene un nombre propio: Mariano Rajoy. Para que Albert Rivera prestara su apoyo a los populares, el presidente del Gobierno en funciones, al que Ciudadanos acusa de haber permitido la corrupción en España, tendría que dar un paso a un lado y renunciar a ser reelegido. “Habéis ganado porque habéis tenido fe en la victoria y la habéis perseguido. Tenemos que estar orgullosos, ha sido duro, ha sido complicado, pero hemos dado la batalla por España sin ponernos a las órdenes de nadie, solo en defensa de los intereses de los españoles”, dijo un exultante Rajoy en el balcón de Génova 13 ante cientos de simpatizantes enfervorecidos que le coreaban “¡yo soy español, español, español!”, el grito de guerra de la selección nacional de fútbol y “¡sí se puede, sí se puede!”, precisamente el eslogan usurpado a Podemos, gran derrotado de las elecciones.

No hubo sorpasso, Podemos se desinfla en la recta final y Sánchez salva los muebles del PSOE, que cosecha el peor resultado de su historia

Mientras tanto, es evidente que la izquierda española pierde terreno tras el 26J. El PSOE salva los muebles, no se hunde como vaticinaban los sondeos, pero cosecha un resultado aún peor que el 20D (85 escaños, cinco menos que en las elecciones de diciembre).  Con todo, la noticia de la noche fue la gran remontada liderada por Pedro Sánchez en esta recta final de la campaña electoral, ya que todas las encuestas pronosticaban que los socialistas perderían su lugar preferente como primer partido de la oposición, siendo relegados a tercera fuerza más votada por detrás de Podemos. Finalmente no ha sido así. No se ha producido el tan temido sorpasso y Podemos no ha conseguido arrebatar a los socialistas la hegemonía de la izquierda española. En pocas horas, Pedro Sánchez ha pasado de ser un líder amortizado que tenía un pie en la calle a estar en condiciones de liderar una nueva negociación para intentar formar Gobierno con las demás fuerzas de izquierda. Anoche, el secretario general compareció sonriente, pese a haber cosechado el peor resultado de la historia del Partido Socialista Obrero Español. “A pesar de las dificultades que hemos tenido que superar y de los augurios que nos daban un fuerte retroceso, el PSOE ha vuelto a reafirmar su condición de partido hegemónico”, dijo Sánchez, que mostró cierto tono revanchista cuando exigió a Pablo Iglesias que reflexione y recapacite por haber rechazado un pacto tripartito con el PSOE y Ciudadanos y haber puesto su “intransigencia e interés personal por encima de los intereses de la izquierda”. Sánchez, que ni siquiera desveló si su intención es votar en contra de la investidura de Rajoy o abstenerse para que pueda gobernar el PP, se limitó a asegurar que este es “el gran Partido Socialista que han hecho miles de militantes socialistas a lo largo de 135 años de historia”. El PSOE sale aún más debilitado de estos comicios, pero sigue siendo la llave de Gobierno. De sus decisiones depende el futuro del país. Pedro Sánchez tendrá una segunda oportunidad para intentar reunir apoyos suficientes y formar un Gobierno, aunque no lo tendrá nada fácil. Para ello tendría que sentar en la misma mesa a Iglesias y a Rivera, algo que parece imposible. Si no lo consigue, Rajoy será presidente con total seguridad.

Rivera se hunde, hubo un 10 por ciento menos de votantes y el miedo a las consecuencias del Brexit pudo haber pesado en la intención de voto

A la misma hora que comparecía Sánchez, el ambiente en la sede de Podemos era de abatimiento y frustración. No solo no habrá sorpasso al PSOE, ni asalto a los cielos, ni victoria de los indignados hartos con el sistema bipartidista, con la crisis y la corrupción, sino que la formación morada no ha conseguido evitar que la derecha española se recupere de forma espectacular. “Los resultados no son satisfactorios para nosotros, es verdad que nos consolidamos en el espacio de la izquierda, pero esperábamos unos resultados electorales diferentes esta noche. Nos preocupa que el PP haya aumentado sus apoyos”, aseguró un lacónico Iglesias. “Los resultados no solamente nos han sorprendido a nosotros sino a todo el mundo a la vista de las expectativas”, incidió. Las esperanzas que se habían generado en torno a Podemos en la recta final de la campaña electoral, alimentadas por unas encuestas engañosas, se han desinflado en las urnas. Con todo, los 71 escaños de Podemos confirman que se ha roto el bipartidismo tradicional en el Parlamento español y que ya nada será lo mismo. PP y PSOE tendrán que contar con ellos a la hora de iniciar cualquier iniciativa legislativa. Iñigo Errejón alegó que “no son unos buenos resultados para Unidos Podemos y tampoco para España”. “Hemos demostrado que nuestro espacio político se consolida, pero en ocasiones los procesos de cambio político no se dan a la velocidad esperada”. Los malos resultados parecen haberle dado la razón a Errejón, que advirtió que concurrir a las elecciones en coalición con los comunistas de Izquierda Unida, bajo las siglas de Unidos Podemos, podría ser peligroso.

Por su parte, Ciudadanos, el partido de Albert Rivera, ha sido el gran derrotado de las elecciones. Pierde 8 escaños (pasa de 40 a 32) y ha sufrido un pequeño descalabro. Sin embargo, pese a que la formación naranja sale esquilmada de las urnas, parece claro que estos 32 diputados serán aún más decisivos que los 40 obtenidos el 20D, ya que su pacto con el PP puede estar más cerca que nunca. Rivera aseguró: “No voy a hacer como otros, decir que esta es una noche histórica cuando no lo es. Pero sí voy a decir que hay tres millones de españoles que nos han dado su confianza y que el centro ha llegado para quedarse. Lamentamos que estemos ante la participación más baja de la historia de España. Esta ley electoral nos ha penalizado; lo primero que vamos a hacer es cambiarla para que todos los votantes valgan igual”, dijo Albert Rivera.

Todo apunta a que España podría tener un Gobierno liderado por el PP en un corto periodo de tiempo tras largos meses de interinidad. La situación del país es mala. La Unión Europea exige nuevos recortes de hasta 8.000 millones de euros, la deuda externa asciende al 180 por ciento del PIB, la prima de riesgo se ha disparado tras el Brexit y el paro no termina de ser controlado. Hoy, apenas unas horas después de la cita con las urnas, muchos electores han decidido volver a depositar su confianza en el PP. Apostar por lo seguro. Los analistas deberán estudiar cómo ha podido influir el miedo a las consecuencias de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea en la intención de voto de los españoles. El shock que ha producido el Brexit, la caída de las bolsas mundiales y el fantasma de una nueva recesión, ha marcado los comicios en España. Nadie supo preverlo: no se hicieron encuestas al respecto y los partidos ni siquiera incluyeron el Brexit en su agenda de campaña, seguros de que ese asunto no interesaba a nadie. Pero de alguna manera sí interesaba, y mucho. Los ciudadanos han tenido miedo ante la incertidumbre, ante los malos tiempos que se avecinan, y han optado por la seguridad que parece ofrecerles el PP. Quizá el pánico al Brexit haya penalizado a alternativas como Podemos, que en ocasiones resultan ambiguas, poco claras, en sus posiciones sobre la UE. Ser europeísta e insinuar al mismo tiempo la salida del euro solo contribuye a confundir al ciudadano. El mensaje machacón del PP de que Podemos no es más que una nueva reedición del comunismo bolivariano ha calado en la ciudadanía y ha pesado en el resultado final. El miedo ha vencido. El miedo a la inestabilidad, el miedo a la crisis que se cierne sobre Europa, no solo económica, sino política. El miedo al cambio. Quizá los españoles hayan hecho valer aquel viejo dicho castellano de que más vale malo conocido que bueno por conocer.

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