Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 56, Opinión
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Carta a Gurb

Por J.L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

Estimado Gurb:

Debo confesarte que la campaña electoral me ha provocado unas irreprimibles ansias asesinas. Así, para desahogarme convenientemente sin tener problemas judiciales, he decidido sumergirme en las deliciosas páginas de esa obra maestra del humor negro que son los Crímenes ejemplares de Max Aub; de quien, por cierto, el Centro Dramático Nacional está representando estos días en el teatro Valle Inclán de Madrid un formidable montaje de El laberinto mágico, su ciclo de novelas sobre la Guerra Civil.

Sirvan pues estos crímenes míos como sentido homenaje al gran escritor del exilio autor de  La gallina ciega, San Juan, Morir por cerrar los ojos, La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco y tantas otras obras imprescindibles.

CRÍMENES ELECTORALES
(Homenaje a Max Aub)

 Lo maté porque era de Santiago de Compostela.

Lo maté porque era de Venezuela.

Lo maté porque me lo dijo Susana Díaz.

Lo maté porque se parecía a Naranjito.

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No lo hice adrede…

Yo tampoco. Es todo lo que se le ocurrió repetir a aquel gobernante imbécil frente al estado de bienestar hecho añicos. Lo hice pedazos. Les juro que no pensé, un momento siquiera, en la ley del Talión. Fue más fuerte que yo.

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Lo maté porque habló mal de Pedro Sánchez.

Lo maté porque habló mal de Pablo Iglesias.

Lo maté porque habló mal de Albert Rivera.

Lo maté porque habló bien de Mariano Rajoy.

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¡Antes muerto que pactar con Podemos! ¡Antes muerto que pactar con el PSOE! ¡Antes muerto que pactar con el PP! ¡Antes muerto que pactar con Ciudadanos!   –me dijeron–. Y lo único que yo quería era darles gusto.

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Lo rajé de abajo arriba, como si fuese una res, porque miraba indiferente al techo mientras hablaba de regeneración política.

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¿Ustedes no han tenido nunca ganas de asesinar a un político cuando se pone pesado, pegajoso y suplicante pidiendo el voto…? Yo lo hice en nombre de todos.

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Maté a Mariano Rajoy porque estaba seguro de que nadie me veía… (Excepto Bárcenas, claro).

Maté a Pedro Sánchez porque tenía frenillo y no pronunciaba bien las “ERES”.

Maté a Pablo Iglesias porque me lo dijo un pajarito chiquitico que revoloteó sobre mí en una iglesia de Caracas.

Maté a Albert Rivera porque España no ganó el Mundial de Fútbol de 1982.

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Lo maté porque en vez de debatir, rumiaba.

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Su programa electoral era tan feo, que cada vez que me lo encontraba parecía un insulto. Todo tiene un límite.

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Lo maté por pactar.

Lo maté por no pactar.

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–¿Usted no ha matado nunca a un candidato por aburrimiento, por no saber qué hacer…? ¡Es divertidísimo!

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¡Que hable de corrupción ahora!

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Los maté a los cuatro porque me dolía la cabeza. Y ellos venga a discutir sin parar de cosas que me tenían sin cuidado. La verdad, aunque me hubiesen importado. Antes miré mi reloj seis veces, descaradamente: no hicieron caso. Creo que es un atenuante muy a tenerse en cuenta.

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Los maté porque no leían a Max Aub.

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Lo maté porque tenía coleta.

Lo maté porque no tenía coleta.

Lo maté porque tenía barba.

Lo maté porque no tenía barba.

¡Los maté por ser políticos de medio pelo!

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Todos mintieron una vez más prometiendo que iban a rebajar los impuestos y a subir las pensiones. No tuve más remedio que rebajarles la vida y subirles un poquito la muerte.

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Me pidieron el voto una vez más… ¡Yo cogí el cuchillo jamonero y los “boté”!

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Prometían y prometían y prometían y prometían y prometían y prometían y prometían, y venga a prometer… Les metí una toalla a cada uno en la boca para que se callaran. No murieron de eso, sino de no hablar: se les reventaron las palabras por dentro.

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No los maté por populistas, ni por liberales, ni por socialdemócratas… ¡Los maté por payasos!

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Le pedí el ABC y me trajo el Granma. Le pedí Winston y me trajo un porro. Le pedí una cerveza clara y me trajo calimocho. La sangre y el calimocho, revueltos por el suelo, no son una buena combinación.

Le pedí El Mundo y me trajo El País. Le pedí Chesterfield y me dijo que no fumaba. Le pedí una cerveza negra y me trajo un gazpacho de Triana. La sangre y el gazpacho, revueltos por el suelo…

Le pedí el Diario.es y me trajo el Marca. Le pedí Ducados y me trajo un puro. Le pedí cerveza sin alcohol y me trajo una queimada. La sangre y la queimada…

Le pedí La Razón y me trajo El Español. Le pedí Marlboro y me trajo cigarrillos electrónicos. Le pedí cerveza de importación y me trajo un zumo de naranja…

 *****

Lo maté por corrupto.

Lo maté por cínico.

Lo maté por hipócrita.

Lo maté por Otegi…

FIN

Uf, ¡no veas qué a gusto me he quedado, Gurb!

Tuyo afectísimo:

José Luis Castro Lombilla

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