Artsenal, Humor Gráfico, Marjo Garel, Número 54, Opinión
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¿Por qué suenan las campanas a rebato?

Por Marjo Garel / Viñeta: Artsenal

MARJO GAREL

Marjo Garel

No es lo mismo sufrir un “arrebato”,  que es un hecho precipitado e impetuoso, que “tocar a rebato”: dar la señal de alarma ante cualquier peligro. Viene esto a cuento porque parece que ha llegado el momento en que todas las campanas del país, fuerzas vivas y menos vivas –incluso algunas en vía muerta– están sonando a rebato, para evitar que la izquierda avance posiciones y rompa el eje bipartidista de nuestro país.

Quién teme al lobo feroz cuando este lobo, en realidad, ha enseñado su programa desde el primer día.  Allí donde ha ganado, ha conseguido levantar las alfombras, demasiado tiempo cubiertas con ingente cantidad de mobiliario pesado para que nadie pensase en mover ni una mota de polvo.

El pueblo está harto del tiempo perdido en coaliciones imposibles de aceptar por los partidos en contienda (el pueblo sabe, que el agua no se mezcla nunca con el aceite y esto es lo que intentaba el segundo más votado, o sea Sánchez). Ahora suenan las campanas y en su lenguaje avisan: ¡que vienen los rojos, que vienen los comunistas, que van a esquilmar el país! ¿Pero qué van a esquilmar los bolcheviques? Incluso si lo pretendieran, ¿han dejado los campaneros algo sin tocar del patrimonio de los pobres ciudadanos? La caja de las pensiones (suena tan fuerte como las tamborradas) la han vaciado; los hospitales están cada día con más precariedad de personal y abastecimiento; la falta de asistencia a todos los colectivos de atención a los mayores, dificultades de aprendizaje, discapacitados, enfermos de hepatitis C que fallecen antes de llegarle el medicamento, parados de larga duración, etc, etc, etc… Todo se ha visto disminuido ostensiblemente en estos desgraciados años de desgobernabilidad y recortes.

Han levantado templos en honor a su ego, construido aeropuertos inservibles, montando obras faraónicas dejadas a mitad de camino unas, inauguradas otras, obras que nadie visita ni cuida, y con tantas investigaciones a cuenta de “presuntas” prevaricaciones que nombrarlas una a una daría para una revista completa. ¿Quién entregó viviendas a los fondos buitre? ¿y Bankia? ¿y las cuentas en paraísos fiscales? ¿y los papeles de Panamá? Y, y, y… ¿Quién nos quiere hacer comulgar con ruedas de molino achacando –cuando ya no queda nada y a veces ni el recuerdo de Zapatero– que todos los problemas del mundo y el estado actual del país se debe a la herencia recibida?

Entre unas y otras cosas nos van metiendo por los ojos y martilleando los oídos con lo malísimos que son los otros.  ¿Cómo se distrae al personal? Muy sencillo, tocamos el corazón, español, español, español, y montamos la marimorena en torno a la estelada, prohibiéndola entrar en la final de Copa, tal que fuera la copa de hiel y (Señor, haz pasar de mi este cáliz) encima se la han tenido que tragar entera, ya que ha ganado el equipo catalán. Y cuando ya, como en los grabados de Goya, se levantaban las estacas entre los defensores de la patria y los de la estelada, llega el juez y les planta un ¡zasca! con la ley en la mano. Se les va desmoronando el juego pero, viejos tahúres de la política, siempre les queda un as en la manga, así que en el mismo fin de semana de la prohibición de una bandera salen a manifestarse un grupo de nazis gritando contra los refugiados (dieciocho creo que hay en este momento de los 16.000 que se comprometieron a traer) y la señora Dancausa no les puso pega alguna. ¡Dios! ¡Y esto después de detener a un par de titiriteros! ¿No es esa manifestación motivo suficiente para aplicar la Ley Mordaza? Claro que no porque, ¿acaso no son ellos quienes deciden qué es lo que va contra la ley?

Y mientras esperan que el pueblo se enzarce en si son galgos o podencos, nos quieren entretener con trifulcas de medio pelo en las tertulias, y ceses de periodistas rigurosos, pretendiendo a toda costa sellar con silicona su boca y atarlos a lo Hannibal Lecter. No, no hay que temerle al lobo, hay que temerle a la ingente cantidad de “Caperucitas” de lenguaje decimonónico. No hay que hacerle caso al “plasma oficial”, que mientras fabrica falsas promesas electorales afila en Bruselas las tijeras para los nuevos recortes.

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