Alaminos, Humor Gráfico, Número 53, Opinión, Rosa Palo
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Obras

Por Rosa Palo / Viñeta: Jorge Alaminos

ESTHER-BAEZA-(ROSA-PALO)

Rosa Palo

Lo dijo Alfonso Guerra: a España no la va a conocer ni la madre que la parió. También dijo que Margaret Thatcher se echaba tres en uno en lugar de desodorante, que Fraga tenía los intestinos colocados en el cerebro o que Aznar se ponía la capa de Drácula y salía a asustar a los españoles. Guerra on fire era el festival del humor, El club de la comedia y el Saturday Night Live todo junto. Cuanto más oigo a los políticos actuales, más echo de menos a Guerra. Y hasta a Fraga, si me apuran. A Aznar, no.

A lo que íbamos: que Guerra llevaba razón, porque a esta España yo tampoco la conozco. Por lo menos a sus albañiles: los que trabajan en mi casa estos días se han cargado el estereotipo nacional del paleta en un quítame allá ese hormigón. Ni un mal “tanta carne y yo en cuaresma”, ni un mísero “quién fuera cemento pa sujetar ese monumento”. Nada. Tan solo un “que tenga buen día, señora” cuando salgo por la puerta. Y ni cantar por Antonio Molina, ni escuchar Cadena Dial, ni salivar rebuznando sobre la Pedroche, que estos son de Albañiles por el mundo: el otro día un pintor le recomendaba a otro que, cuando fuera a Berlín, no se le ocurriera perderse el Museo Judío, que era impresionante. Si llega a recomendarle El hijo de Saúl me caigo de culo. Los clichés sobre los albañiles, por los suelos. Menos mal que luego salen Los del Río cantando la Macarena en la despedida de Valerón, ese hombre con voz aflautada de adolescente en plena revolución hormonal, y las aguas vuelven a su cauce, no sea que nos vayamos a convertir en un país civilizado así, de repente y sin previo aviso.

Lo de Valerón lo he visto mirando por encima de una pila de cajas, libros y cuadros, que entre los trastos, los botes de pintura, los muros deshechos y los papeles en los marcos de las puertas parece que vivo en una instalación de ARCO. O en los estudios Moro, donde empezó Tele 5. Lo cuenta Juan Herrera, el hombre que, junto con Miguel Ángel Coll, se inventó lo de Humor amarillo y lo del chino Cudeiro. Dice que trabajaban en un edifico que “estaba en ruina absoluta, entraba agua por todos sitios, no había cuartos de baño y la mitad de las salas no se podían usar porque se podía caer el techo en cualquier momento”. Mi casa, tal cual. O España, que sigue en obras desde las elecciones. La única diferencia es que aquí no se mezclan las mamachicho con los fontaneros, como pasaba en los antiguos estudios de Tele 5. Pero con lo educadísimos que son los albañiles de hoy en día, seguro que les preguntaban a las mamachicho por la situación política en Italia. Que cada día se parece más a la nuestra, por cierto.

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Jorge Alaminos

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