Humor Gráfico, Igepzio, Número 53, Opinión, Óscar González
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Si tu gente no me quiere, ni a ti te traga la mía

Por Óscar González / Ilustración: Igepzio

Óscar González

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Por fin ha ocurrido. Llevaba tiempo fraguándose. Algo se cocinaba entre los rojos perdidos de IU y los irano-venezolanos de Podemos, pero los guionistas, hábiles como ellos solos, han sabido mantener la intriga hasta el final. Como en una comedia romántica, el chico y la chica (los dos chicos, en este caso, que para eso son “progres”) han terminado juntos. Tras un primer acto en el que la química entre los protagonistas era arrebatadora y un segundo en el que el apuesto galán coletero renegaba de su enamorado por medio del manido “no sos vos, es la mochila”, al final, como deseábamos todos los fans de este apoteósico culebrón nacional, se ha anunciado la boda.

Los novios, radiantes, celebraron el feliz final con unas cervecitas entre los colegas, lejos de los prostíbulos de lujo y las entradas para el palco del Real Madrid que, según la maledicencia, conforman el ritual de cierre de muchos acuerdos entre los machos alfa de la rojigualda piel de toro. Pablo y Alberto, que son gente de barrio, se improvisaron un botellón, pero sin excesos, que al día siguiente había que currar. Trasnocharon un poco y se echaron unas risas con los suyos, salvo con Errejón, que todavía mira a Garzón con los ojos recelosos del que teme tener que competir por el cariño de papi. Criaturita…

Igual de emotivo ha resultado ver cómo los tabloides que usan los que mandan para moldear la opinión pública han empezado a preocuparse por el futuro de la familia de Alberto Garzón. Después de años sin hacerles el más mínimo caso, salvo para airear la típica miseria de cuando te sale un Moral Santín tirando de tarjeta opaca, hoy Izquierda Unida ha vuelto a las portadas. Los directores de esos diarios, como clones defectuosos del intrigante Yago, se han afanado en indicarle al malagueño que esta boda tal vez suponga la desaparición del apellido familiar y que el chico ese de Vallecas no es bueno para él, la versión siglo XXI del pañuelo de Desdémona.

A Garzón, quizá aún embriagado por la felicidad de la reconciliación con el que estaba destinado a ser su consorte, no ha parecido importarle mucho lo que piensen estos personajes. Casi como a los que militamos en alguna de las fuerzas y sabemos que los tiempos cambian: hace años, el humor político venía de la mano de El Jueves; hoy, de los principales diarios. Casi sorprende que se hayan abstenido de llamar al feliz casamiento “La Boda Roja”, al menos por ahora. “Ladran, luego cabalgamos”, la cita hurtada a Goethe, parece haberse convertido en un acertado resumen de que los que queremos una sociedad distinta vamos por el buen camino.

La única nota negativa que cuesta apartar de la cabeza es, como en tantos seriales, que quizá a los guionistas no se les ha ido la mano alargando la duración, si esta segunda temporada iniciada el veintiuno de diciembre era realmente necesaria y si se habría podido recortar un poco (sonríe la hinchada gaviotil al leer la palabra recorte) la duración del sainete, con su consiguiente reducción del drama nacional y la correspondiente mejora en la calidad del relato (colectivo). Quizá sobraba la parte en la que el Amado Líder insultaba a la gente de IU, o la otra, en la que la familia (política) de Garzón ponía a los morados a caer de un burro. Por mucho que a gente como Llamazares parezca haberle emocionado lo del pitufo gruñón y esté ahí, tan a gusto en su papel de voz de la conciencia, esa a la que cada vez escucha menos gente.

¿Se sumará Pedro Sánchez a los nuevos cónyuges para apartar a los zombies de las instituciones? La respuesta en la próxima temporada, la que arranca el 26J. Qué intriga, oigan.

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Igepzio

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  1. La federación de Garzón renunció a la palabra “izquierda” en la marca electoral para el 26-J, es la conclusión de los partidos de la “Nueva Izquierda” mundial, cuyo principal ejemplo es Syriza. Simplemente de izquierda no tienen nada, algunos rasgos de estalinismo, y lo único que hacen es vender humo a las masas del mundo. Son el freno para la lucha de masas y la revolución mundial porque quienes llevan a los explotados a buscar el lado humano del capitalismo son sencillamente sus traidores.

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