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¿Tiene el Daesh la bomba sucia?

Militares custodian un arsenal incautado a Daesh. Foto: AFP / Ahmad Al-Rubaye

Por Julia Castro. Domingo, 22 de mayo de 2016

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Daesh, el grupo terrorista que amenaza con extender su califato de terror por todo Oriente Medio y que ha desatado el pánico entre la población occidental con sus últimos atentados en París y Bruselas, está obsesionado con un último delirio: fabricar un arma química total, incluso una ‘bomba nuclear sucia’ con la que exportar el horror al resto del mundo. Los informes de los servicios de inteligencia occidentales revelan que en los últimos meses el grupo terrorista ha intensificado sus experimentos en este sentido, tal como desvela el prestigioso diario británico The Telegraph. Hasta ahora las bases militares y los laboratorios de experimentación de Daesh estaban localizados en lugares apartados, casi desérticos, pero los drones y los cazas de la coalición internacional han conseguido detectarlos en los últimos meses, e incluso desmantelarlos a fuerza de bombardeos selectivos. Según el rotativo londinense, ante este acoso aéreo, Daesh se ha visto obligado a cambiar de estrategia: trasladar sus plantas químicas de investigación a zonas urbanas densamente pobladas, donde resulta más fácil ocultar un laboratorio y donde la propia población civil es utilizada de escudo humano para disuadir a los bombarderos norteamericanos. The Telegraph, que cita fuentes militares y testimonios de habitantes de la ciudad iraquí de Mosul, avanza en exclusiva que Daesh estaría probando en prisioneros, civiles y militares, diversas combinaciones químicas supuestamente fabricadas con cloro casero y gas mostaza. Al mismo tiempo, los servicios de inteligencia de la coalición internacional sospechan que Daesh estaría cerca de conseguir una bomba nuclear sucia, un artefacto cuya elaboración resulta económicamente barata y que combina material radiactivo con explosivos convencionales. Una vez detonado el dispositivo, la bomba podría llenar de radiación letal buena parte de una gran ciudad como Londres, París o Bruselas.

Todo apunta a que en las últimas semanas, Daesh habría trasladado sus laboratorios químicos a los barrios urbanos que aún siguen en pie en el corazón de su denominado Califato para evitar ser blanco de los ataques aéreos de la coalición. El ejército islámico cuenta con una unidad especial para la investigación de armas químicas compuesta por científicos iraquíes que en su día trabajaron en los programas de armamento bajo el gobierno de Sadam Husein, así como algunos científicos y expertos extranjeros que por diversos motivos, ya sea religosos o por dinero, han decidido enrolarse en sus filas. El jefe de la unidad, Sleiman Daoud al-Afari, fue capturado el pasado mes de marzo cerca de Mosul durante una incursión de las fuerzas especiales de Estados Unidos, y supuestamente estaría dando información de inteligencia sobre los arsenales químicos de Daesh. La investigación realizada sobre el terreno por periodistas sirios e iraquíes (en Irak apenas quedan reporteros occidentales para cubrir el conflicto), y dada a conocer por The Telegraph, revela que el citado cabecilla podría haber sido sustituido por Abu Shaima, un médico iraquí que trabajó en la Universidad de Bagdad durante el régimen de Sadam. Poco se sabe en la actualidad sobre este personaje, más allá de que sería el encargado de llevar adelante el programa de investigación de armamento químico de la organización.

El reportaje de The Telegraph asegura que el mes pasado Daesh se vio obligado a trasladar sus principales laboratorios científicos, hasta ahora ubicados en las universidades de Mosul y Tel Afar, a las áreas residenciales de algunas ciudades como Mosul, para protegerlo contra los ataques aéreos de la coalición internacional, que en los últimos meses se han intensificado en buena medida. Los residentes de Al-Mohandseen –un barrio cristiano de clase alta hasta que Daesh tomó la ciudad– aseguran que varias casas han sido tomadas por los funcionarios de Estado Islámico en las últimas semanas. En sus inmediaciones se ha detectado un intenso movimiento de camiones, según los testigos, que además aseguran haber visto decenas de perros muertos y cadáveres de conejos en contenedores de basura. Según los testimonios que los residentes compartieron con los periodistas de The Telegraph, decenas de animales habían sido arrojados allí después de que se utilizaran para la experimentación con material químico.

Los informantes aseguran que Daesh, en su escalada por conseguir armas aún más letales que las convencionales, ha estado llevando a cabo experimentos con prisioneros en una cárcel secreta de Al-Andalus, una región situada en la provincia de Nínive. Las víctimas podrían haber sido expuestas a gas de cloro y mostaza para probar su efectividad tóxica. Los propios vecinos que viven en las casas más próximas a la prisión se han quejado de dificultades respiratorias y alertan de que muchos niños presentan erupciones graves en la piel. Tales trastornos serían efectos secundarios habituales tras la exposición a este tipo de sustancias.

Recientemente, extremistas del Ejército Islámico se han incautado de grandes cantidades de cloro industrial y se cree que cuentan con la experiencia necesaria para hacer que el gas mostaza obtenido sea suficientemente letal como para emplearlo en un ataque masivo en algún país de Occidente. También se teme que hayan caído en poder del Califato las importantes reservas de armas químicas que Bashar al-Assad guardaba en sus arsenales de la frontera siria con Irak. Se da la circunstancia de que el grupo terrorista ya ha usado este tipo de armas de destrucción masiva contra los peshmerga kurdos, que en el norte de Irak siguen haciéndole la guerra de guerrillas al Daesh. Además, en marzo, un supuesto ataque químico que los yihadistas llevaron a cabo contra la ciudad iraquí de Taza, al sur de Kirkuk, mató a tres niños e hirió a unas 1.500 personas, causando lesiones, quemaduras, erupciones cutáneas y problemas respiratorios graves entre los habitantes de la zona.

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Se sospecha que algunos expertos químicos de Sadam se han pasado al Daesh.

Brig Roger Noble, comandante adjunto de la formación de las tropas internacionales y del apoyo al ejército iraquí, aseguró a The  Telegraph que no se puede descartar que los activistas de Daesh puedan utilizar armas químicas contra las fuerzas libres que tratan de reconquistar Mosul, la segunda ciudad de Irak que cayó en manos del Califato el 27 de febrero de 2015. La toma de la ciudad conmovió al mundo y las imágenes de los yihadistas saqueando y destrozando el Museo de Arqueología quedaron para la historia. Decenas de obras de arte milenarias, muchas de ellas de procedencia asiria, se perdieron para siempre, al igual que la biblioteca y colecciones únicas de manuscritos medievales.

Por su parte, Hamish de Bretton-Gordon, excomandante de asuntos relacionados con la guerra química, nuclear y bacteriológica en el Reino Unido, y también asesor de la ONU para Siria e Irak, asegura que todos los datos llevan a pensar que el grupo terrorista se está readaptando tras los últimos ataques aéreos de castigo de la coalición internacional. “La operación de armas químicas de Daesh ha sido intensificada  –como se detalla en este informe– y ha entrado en áreas residenciales. Es exactamente lo que se esperaba de ellos”, afirma. Además, asegura que los servicios de seguridad occidentales deberían estar en alerta por este tipo de experimentos con armas químicas, ya que podrían ser utilizadas en ciudades europeas por células durmientes dispuestas a atacar en cualquier momento. “Ahora estamos seguros de que la amenaza de la bomba sucia y las aspiraciones químicas de Daesh son reales y debemos redoblar la seguridad en el Reino Unido y en el resto de Europa”, explica Bretton-Gordon.

La posibilidad de que Daesh consiga fabricar una bomba sucia fue una de las grandes cuestiones que se debatieron durante la cuarta Cumbre de Seguridad Nuclear de Washington, donde se especuló con el peor escenario posible: el temor a que los materiales necesarios para fabricar una bomba sucia caigan en manos del Califato. Precisamente la célula terrorista de Estado Islámico que atacó el aeropuerto de Bruselas el pasado 22 de marzo planeaba perpetrar un atentado radiactivo en una zona pública concurrida, según informó en su día The Times. En las últimas semanas al menos once empleados de plantas nucleares belgas han visto cómo el Gobierno revocaba sus permisos de trabajo ante el temor de que los terroristas que atentaron en Bruselas pudieran servirse de ellos para robar material y fabricar “una bomba sucia radiológica”, según Times.

Se sospecha que los hermanos Ibrahim y Khalid El Bakraoui, los autores de los dos ataques contra el aeropuerto y una estación de metro de Bruselas, podrían haber estado involucrados en un plan para hacer detonar una de estas bombas sucias en territorio europeo. En concreto The Times revela que un agente de la Agencia Federal de Control Nuclear de Bélgica, que trabajaba en una central nuclear, fue seguido por los terroristas, que incluso llegaron a grabar sus movimientos con una cámara. “Cuando empiezas a grabar a alguien de la manera en que ellos lo hicieron, la conclusión lógica es pensar que querían secuestrar a esa persona y obtener material radiactivo”, explicaron las fuentes consultadas por The Times. La “gran pregunta” a la que ahora se enfrentan las autoridades belgas es saber si había un plan real y avanzado para hacer estallar una bomba sucia en una gran ciudad o la maquiavélica idea no estaba suficientemente madurada. Tras los atentados de marzo, que causaron 31 muertos y centenares de heridos, 140 soldados custodian las dos centrales nucleares belgas.

Aunque la fabricación de una bomba nuclear casera parece cosa de ciencia ficción no lo es. A finales de 2015 Daesh robó un maletín del tamaño de un ordenador portátil en una instalación de almacenamiento radioactivo propiedad de la compañía petrolera estadounidense Weatherford, cerca de la ciudad iraquí de Basora. El dispositivo contenía cápsulas de iridio 192, un isótopo altamente radiactivo que se utiliza en el tratamiento contra el cáncer. La empresa utilizaba ese material que produce rayos gamma para localizar grietas y defectos de fabricación en los materiales con que construyen sus oleoductos y gasoductos. Alguien lo robó con la intención, sin duda, de vendérselo a Daesh, ya que el iridio 192 es un componente idóneo para fabricar una bomba sucia.

Años antes, en 1995, rebeldes chechenos colocaron una bomba sucia en el parque de Izmailovsky, en Moscú, un artefacto compuesto por alrededor de cinco kilos de explosivo y una fuente de cesio 137, al parecer de uso médico. Aunque no fue utilizada más que como amenaza y demostración de fuerza, sí sirvió como aviso más que disuasorio del ejército checheno.

Todos los expertos coinciden en que fabricar una bomba sucia diseñada para propagar  material radiactivo y contaminar una ciudad no resulta tan fácil como parece. Primero hay que conseguir el material y luego fabricar un artefacto que funcione. Eso exige mucho dinero y expertos en energía nuclear, no pirotécnicos o artificieros con escasa cualificación. En ningún caso una bomba sucia dispone de los productos de fisión necesarios para crear una gran explosión al nivel de Hiroshima o Nagasaki, pero podría ocasionar grandes estragos si finalmente se hace detonar en medio de una gran ciudad europea. El pánico se apoderaría de millones de habitantes y los servicios sanitarios y de Protección Civil se verían totalmente desbordados. La ciudad quedaría colapsada en pocos minutos. Aunque los expertos de la OIEA (Organización Internacional para la Energía Atómica), coinciden en afirmar que los efectos inmediatos para la salud tras la explosión de una bomba sucia no serían mayores que los producidos por la explosión en sí misma, sí se generarían graves trastornos a largo plazo, como un incremento importante en el número de casos de cáncer entre los habitantes del área de influencia de la detonación. Los daños económicos y los traumas psicológicos sufridos por la población atacada podrían ser muy importantes.

Según un informe de las Naciones Unidas, Irak probó una bomba sucia en 1987 pero se encontró con que los niveles de radiación eran demasiado bajos para provocar un daño importante, de manera que decidió abandonar su programa de investigación. Más tarde la OIEA elaboró un largo listado de materiales radioisótopos susceptibles de ser utilizados en la fabricación de una bomba sucia. Entre ellos estarían cobalto-60, selenio-75, estroncio-90, cesio-137, iterbio-169, tulio-170, iridio-192, polonio-210, radio-226, plutonio-238, plutonio-239, americio-241, curio-244 y californio-252. Con todos estos materiales sería posible fabricar una bomba nuclear casera.

A nuestro favor juega el hecho de que estos componentes radiactivos se encuentran en centrales nucleares fuertemente custodiadas en todo el mundo tras los atentados del 11S en Nueva York, por lo que sacar material de allí resulta poco menos que imposible. De ahí que se sospeche que los terroristas estén buscando alternativas, como robar los componentes radiactivos de bajo nivel en otras instalaciones, como plantas de medicina nuclear de hospitales y obras en construcción. El mercado negro de armas es otra vía a la que pueden recurrir los terroristas, ya que existen numerosos contrabandistas, sobre todo del Este de Europa, que tienen buenos contactos con gentes del Daesh.

Los gobiernos occidentales manejan ya protocolos de actuación que describen las medidas a adoptar en el caso de que explote una bomba sucia en cualquier ciudad densamente poblada: salir de la zona afectada por la explosión guardando la calma en lo posible, sin entrar en pánico; no tomar transportes públicos como autobuses, metro o taxis (si hubo materiales radiactivos en ellos, podrían estar contaminados); refugiarse en el edificio más cercano para protegerse del polvo en suspensión; quitarse  la  ropa  lo  antes  posible,  colocarla  en una  bolsa  de plástico  y  sellarla, de manera que se elimine parte de la contaminación causada por la exposición externa a los materiales radiactivos; ducharse o lavarse lo mejor que se pueda, ya que el lavado reducirá la cantidad de contaminación en el cuerpo; y estar atento a la radio y la televisión para recibir información. Una vez que el personal de emergencia pueda evaluar el escenario de la explosión y el daño ocasionado, podrá comunicar a los ciudadanos el tipo de contaminación registrada y su radio de alcance.

Aunque la  exposición a una bomba sucia no tiene por qué generar cáncer necesariamente, sí hay muchas posibilidades de que esto pueda suceder.  Solo los médicos provistos de aparatos de precisión para la detección de radiación podrán determinar si hay partículas radiactivas en la piel de una persona que haya sido víctima del atentado. El escenario tras la explosión de una bomba sucia no se puede predecir con exactitud, ya que hasta ahora nunca ha sucedido. Lo que sí aseguran los expertos es que una bomba sucia no está pensada solo para provocar cientos de víctimas con la deflagración sino para infundir terror en millones de personas que temerán haber quedado contaminadas de por vida. Un terror que pervivirá durante décadas.

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