Alaminos, Gil-Manuel Hernández, Humor Gráfico, Número 53, Opinión
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El géiser

Por Gil Manuel Hernández / Ilustración: Jorge Alaminos

Gil-Manuel Hernández

Gil-Manuel Hernández

La realidad siempre nos supera. Especialmente la que no se muestra en los medios de comunicación. La realidad aparentemente anodina de cada día,  la que se cuece a fuego lento en las calles, los bares y los rincones inhóspitos de las grandes ciudades. Esa realidad que parece no existir, a fuerza de mostrarse esquiva a los focos y huraña con los intelectuales. Pero existe, supura por cada poro del cuerpo social, transpira entre los bucles del tiempo, pervive pese a las toneladas de mentiras y medias verdades. Esa realidad no puede ser destruida.

Se suceden los titulares, las entrevistas de políticos airados y otros ya acomodados, las bravuconadas de los tertulianos de medio pelo, las estafas de los más avispados miembros de las oligarquías, los vídeos virales y las publicidades ingeniosas. Proliferan las polémicas que rápidamente languidecen a la espera de nuevos escándalos condenados a la moderna e implacable ley de obsolescencia programada. En las afueras degradadas los charcos tienen el mismo barro de siempre, las farolas se oxidan sin ser reparadas, los matojos de malas hierbas se comen los restos de las urbanizaciones paralizadas. Los mundos corren paralelos y apenas hay entre ellos vasos comunicantes. El destino aguarda.

La esperanza es para cada vez más gente algo lejano, a la vista de cómo se las gastan en la Europa llena de gusanos, en la abyecta Europa egoísta, racista e insensata. Las alambradas se acercan, los derechos se pierden, los trabajos se mendigan, los viejos ideales democráticos languidecen. Porque en los patios de luces de los edificios de las afueras ya no quedan luces y todo se deteriora, como la moral de sus ocupantes, que se miran las encuestas electorales con un odio ciego y profundo, larvado por tantas decepciones y falsas promesas.

El lodo se estanca, las aguas podridas comienzan a hervir, con sus insinuantes espumas que buscan las grietas del asfalto, para así hacerse canal y adentrarse en alcantarillas, pozos y hondonadas. Allá en los palacios siguen las negociaciones, las comparecencias, las ruedas de prensa impostadas, los asesores de imagen impartiendo directrices, obviando lo obvio, negando lo innegable, tragando con más imposturas, creyendo obstinadamente que su realidad es la realidad. Pero las aguas ya corren por debajo, sucias, pestilentes, llenas de virus y fermentos de lo nuevo. Aguas a la espera de transmutarse en géiser, y de arrasar higiénicamente la crueldad que las hizo posibles.

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Jorge Alaminos

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