Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 54, Opinión
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Ciudadano Emili Gisbert

Por Lidia  Sanchis / Ilustración: L’Avi

LIDIA SANCHIS buena

Lidia Sanchis

A menudo me sorprendo a mí misma pensando en él; en concreto, en qué hubiera opinado él de, pongamos por caso, la carta que le ha enviado Rajoy a Jean Claude Juncker (Querido Jan Clot: pero qué requetehijodelagranbretaña soy, presuntamente); de los investigados (antiguos imputados) sinvergüenzas de Acuamed, dos de los cuales siguen en la cúpula directiva de la empresa estatal como si fraude y malversación de caudales públicos no fueran más que unos cargos para adornar la tarjeta de visita. ¿Qué opinión tendría Emili del 15M, de Pablo Iglesias (del de ahora, el de la larga coleta), de Albert Rivera, ese practicante entusiasta del desnudo integral pero tapándose con las manos las vergüenzas? ¿Y de la repetición de las elecciones, y de la apertura de juicio oral contra Juan Cotino y otras 22 personas, entre ellas el que fuera director de Canal 9, la televisión pública donde él trabajo? ¿Y de Pedro I el Inane?

Seguro que observaría todos esos casos y tantos otros con la irónica distancia con la que se protegía del mundo, del demonio y de la carne. Aun así, su escudo no era más que apariencia. Era tan generoso que nos hizo sentir a todos que éramos sus amigos. Y en realidad lo éramos, porque en la inmensidad de su corazón había espacio para personajes de todo pelaje: el pedante y el becario; la muchacha tímida y el comercial agresivo; la jefa de sección y el capataz. Para todos ellos, para todos nosotros, tenía siempre una sonrisa tan luminosa como el sol después de una tormenta. Su nombre era el primero que se aprendían los nuevos y me consta que conoció a muchos en los muchos principios que tuvo a lo largo de su intensa vida dedicada a ese oficio venenoso del periodismo. Jamás alardeó de nada: ni de los sitios en los que estuvo (y estuvo en muchos), ni de las gentes que conoció (y conoció a muchas). Él se limitaba a narrar sus vivencias de una manera natural, con ese punto que era a la vez socarrón y humilde, si es que ambos adjetivos pueden ir unidos. Conoció a putas y policías, a presidentes y a revolucionarios, y a todos trató por igual.

Emili Gisbert fue un hombre que jamás tuvo una lámpara de diseño en su despacho con la etiqueta del precio aún colgada. Un ciudadano que nunca huyó de ningún sitio del que no hubiera que huir.

Soy pésima para algunas fechas: no recuerdo en qué año lo conocí, ni durante cuánto tiempo lo traté. Sé que compartimos algunos momentos muy intensos; sé que aprendí muchas cosas de él que no puedo nombrar pero que guardo en algún rincón de mi propia coraza.

En una ocasión propuso a la dirección del diario en el que ambos trabajamos hacer el típico reportaje sobre el trabajo de la policía. Emili no se limitó a pedir unos datos por teléfono, a poner un poco de literatura y armar una historia para el periódico, sino que durante varias noches salió a patrullar la ciudad en compañía de una pareja de agentes y pasó el sueño que ellos pasaron, y olió la mierda del mendigo arrumbado en un parque que ellos olieron, y se dolió con la mujer maltratada como ellos se dolieron. Encontró un titular sencillo y poético, un perfecto resumen de lo que habían dado de sí aquellas intensas jornadas: “Noches de azul intermitente”. Redondo. Pero uno de aquellos capataces que se creían los amos del talento de uno; uno de aquellos que jamás estuvo en ningún sitio; uno de aquellos tipos que trataba a las putas como putas y a los gerentes como gerentes; uno de aquellos jefes con tarjeta de visita con su nombre en letras doradas obligó a Emili a añadir al título de su reportaje un “en Castellón”, no fuera alguien a no tener claro en qué lugar patrullaban los agentes de la ley y sus madres dejaran de comprar el periódico. Era nuestra anécdota preferida. Porque después de mucho insistir en mantener su titular, Emili lo consiguió y la risa que nos provocó la ridícula situación permaneció en nuestra memoria común durante mucho, mucho tiempo, como una especie de contraseña entre personas pertenecientes a un club sin lámparas de diseño con el precio, carísimo, colgado de una etiqueta, a la vista de todos, tan obsceno.

La sonrisa; la ironía; el buen humor siempre, a pesar de todo; el poquito de distancia cálida con la que se tomaba las cosas; la inteligencia; la sabiduría. Esas son las cosas que conservo de él. No caía bien a todo el mundo, es cierto. Pero eso es porque esos no llegaron jamás ni a asomarse a la puerta de nuestro club.

Ahora pienso en cómo se tomaría Emili estos tiempos convulsos, este devenir incierto y preocupado, en manos de capataces como estamos. Quisiera observarlos con sus ojos cargados de ironía; a los tiempos, a Mariano, a Sánchez, a los dueños de las fábricas, a los amos de los sueños. Y ser capaz de soltar un “me cago en las mayúsculas” y seguir hacia adelante. Sin huir tampoco yo de los sitios de los que uno no tiene que huir.

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L'Avi

L’Avi

 

6 Kommentare

  1. Lidia dicen

    Gracias, Pablo, por tu comentario. Me gusta mucho pertenecer al grupo, tan grande, de personas que conocimos a Emili y que lo quisimos tanto. Jamás lo olvidaremos. Un abrazo.

  2. Pablo dicen

    EMILI un gran hombre avanzado a su época .Olfateaba la noticia como pocos con un estilo peculiar.Amigo de sus amigos siempre tenía algo bueno para compartir.Cheni cagat como se dice aquí en valencia pero luego era un bonachón.

    Me llamo PABLO y soy amigo de su hermano NACHO.

  3. Lidia dicen

    No hay de qué, Ignacio. El recuerdo de Emili es de los que jamás se borra. Es una suerte haberlo conocido. Un abrazo.

  4. Nacho dicen

    Gracias de parte de la familia de Emili o sea sus hermanas,hermano y sobrinos muchas gracias
    Ignacio Gisbert Jorda

  5. Lidia dicen

    ¡Muchas gracias, Amparo! Cuántos recuerdos. Y todos son buenos. Un abrazo.

  6. Amparo dicen

    A la mañana siguiente de hacer ese reportaje lo paró una patrulla de la policía local. En su alfa romeo rojo. No llevaba ni dni, ni seguro del coche. Nada. Ni un documento. No sabremos nunca qué ocurrió……pero pasó de estar a punto de ser detenido a hacerse colega de uno de los polis. Ése era Emili. Yo también me acuerdo mucho. De Pepa….. Nunca me he reído tanto como con él. Con nadie.. Gracias amigo. Y gracias por tus líneas. Me han llegado al alma.

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