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15M: el día que cambió la conciencia política en España

Miles de personas acamparon en la Puerta del Sol. Fue el inicio del 15M. Foto: Agencias

Por Adrián Durante. Domingo, 15 de mayo de 2016

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Cinco años después de que miles de indignados tomaran las calles de toda España para protestar contra los recortes, la crisis económica y la corrupción, el movimiento 15M y sus partidos descendientes gobiernan ya en municipios y comunidades autónomas y sus diputados hacen política en el Parlamento. Lo que nació en la calle, como un grito rebelde y montaraz, finalmente se ha amansado y ha pasado a las instituciones, como no podía ser de otra manera.

Todo empezó aquella histórica jornada del 15 de mayo de 2011, cuando un grupo formado por medio centenar de personas, inspiradas por las protestas en Grecia de 2008 y la primavera árabe de 2010, decidieron acampar en la Puerta del Sol de Madrid de forma pacífica y espontánea. Poco a poco la plaza se fue llenando de gente, gracias a las convocatorias a través de internet y las redes sociales, y unos días después apenas se podía caminar por ella, ya que las tiendas de campaña y los manifestantes lo invadían todo. Sol se convirtió en una marea humana, ciudadana, esa marea que un lustro después ha cuajado en una serie de organizaciones y partidos políticos y sobre todo en Podemos, la formación morada de Pablo Iglesias que tanto daño ha hecho al acomodado sistema bipartidista. Fueron los días de las sentadas, de los círculos, los debates y las decisiones a mano alzada. Un nuevo mayo francés, la democracia ateniense en su más amplia y rica acepción que, como un electroshock de alto voltaje, sacudió a los viejos políticos de siempre, demasiado satisfechos en sus escaños y corruptelas, en sus luchas internas y en su pasotismo de décadas. Miles de ciudadanos que hasta ese momento parecían adocenados, adormecidos, despertaron súbitamente y recobraron la esperanza en que las cosas se podían cambiar. Una legión de ciudadanos que se movilizaron pacíficamente y corearon aquellos eslóganes como “sí se puede”, “democracia real ya”, “no nos representan” y “ya no hay pan para tanto chorizo”. Pedían mayor participación ciudadana en las instituciones, la democracia de las personas, no la bancocracia de los bancos, el final de los desahucios y de las políticas austericidas del PP y de Bruselas que desde el año 2011, y a base de fuertes recortes en servicos públicos básicos como Educación y Sanidad, pusieron en jaque el Estado de Bienestar en España. Exigían trabajo, respeto como ciudadanos, un futuro como personas para poder hacer realidad sus sueños. Miles de españoles, sobre todo los más jóvenes, algunos estudiantes, otros trabajadores y muchos parados de mayor o menor duración, auténtica fuerza motriz del movimiento, decidieron salir de sus casas de una vez, vencer sus miedos, y gritar en la calle contra la corrupción y la injusticia.

Sol se convirtió en un símbolo de lucha y resistencia, una especie de ciudad feliz platónica levantada de la noche a la mañana con tiendas de campaña, centros de información, talleres de ideas, sesiones de lectura, servicios médicos de limpieza y hasta guarderías. En todos los rincones había música y risas, y por qué no decirlo, algún que otro botellón con porrillo. El libro ¡Indignaos!, del escritor Stéphane Hessel, uno de los redactores de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, se convirtió en auténtica guía práctica y espiritual de los manifestantes, y circulaba de mano en mano por todo el campamento. Las acampadas se transformaron pronto en asambleas populares abiertas al público y estructuradas en comisiones (sobre derecho, comunicación, acción, actividades, barrios, estatal e internacional, información, infraestructuras, lenguaje de signos) y grupos de trabajo (cultura, educación, política, economía, medio ambiente, trabajo social, feminismos, ciencia y tecnología, diálogo entre religiones, migración, movilidad, pensamiento). Una fábrica efervescente de ideas. Aquello adquiría tintes de revolución pacífica y nadie parecía tener miedo a nada.

Por primera vez en mucho tiempo se volvía a hablar otra vez de política, pero no de una política basada en los frios números electorales y en los intereses particulares y mezquinos de los partidos, sino de política de la buena, con mayúsculas, en su sentido más profundo, griego, filosófico. La primera oleada del movimiento, convocada por Democracia Real Ya, finalizó el 16 de mayo, cuando la policía desalojó la zona y detuvo a 19 personas. No sirvió de nada. Al día siguiente ya había 10.000 activistas en Sol y en los días sucesivos cientos de miles participaron de alguna manera en la protesta pacífica. Lejos de amainar, el movimiento fue creciendo a medida que transcurrían los días, propagándose como un virus incontenible por todas las ciudades de España, y ni siquiera la policía se atrevió a intervenir ya para desalojar a los manifestantes, algo que por otra parte hubiera sido imposible, ya que no se puede parar a un pueblo entero cuando toma la calle. Hasta los comerciantes de la zona tuvieron que acostumbrarse a la situación y a las pérdidas económicas que el asentamiento les ocasionó durante aquel mes de música, bongós y poesía en que parecía que las cosas iban a cambiar por fin en España. Los organizadores decidieron alargar la sentada hasta las elecciones municipales del 22 de mayo, pero continuaron después de la cita electoral. Había mecha, gasolina humana para continuar con aquello. Alrededor de un centenar de concentraciones y acampadas se sucedieron en los días siguientes en diversas ciudades de la geografía española y el 19 de junio fue convocada una gran manifestación en más de 60 ciudades del país. Se calcula que más de un millón de personas tomaron parte en ella. Finalmente, el movimiento quedó disuelto por propia iniciativa, pero los debates se trasladaron a los barrios, a los pueblos y a las ciudades de toda España. Estaba cristalizando Podemos.

Mov15M asamblea

Un círculo de debate, asamblearismo en estado puro.

¿Pero qué queda hoy de todo aquello? El espíritu del 15M persiste en los partidos recién creados, en las nuevas formas políticas y en la actitud de una ciudadanía que en este lustro de penurias económicas se ha implicado más que nunca en la toma de decisiones. Del 15M han salido nuevas caras como Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Pablo Echenique o Carolina Bescansa que han jubilado a algunos patriarcas de la casta demasiado mayores ya para ejercer las tareas públicas. La investigadora en movimientos sociales Esther Vivas ha asegurado a Efe que el ciclo político y electoral actual “solo se puede entender, en parte, por la emergencia de este movimiento de indignación colectiva” y ha destacado la aparición de “alternativas políticas que hoy desafían el bipartidismo”, como Podemos, Barcelona en Comú o las Mareas.

El profesor de Economía y expresidente de Justícia i Pau Arcadi Oliveres, que fue uno de los más aplaudidos en sus conferencias en la ocupada plaza de Cataluña de Barcelona hace cinco años, ha coincidido con la investigadora en que las candidaturas vencedoras en las últimas municipales en ciudades como Barcelona, Madrid o Zaragoza “se inspiran en el espíritu del 15M”, lo que Vivas ha definido como un “triunfo del municipalismo alternativo”.

Vivas señala que “el éxito de estos nuevos instrumentos políticos necesita una movilización activa en la calle que presione a las alcaldías del cambio y a las nuevas formaciones”, lo que ha considerado que es una de las “debilidades” de lo que queda del 15M. El movimiento de los indignados contribuyó a un cambio de mentalidad de los ciudadanos que, según ha asegurado el exmiembro del colectivo Yayoflautas Paco González, “hasta entonces observaban la política a través de un cristal establecido por los partidos mayoritarios”.

El 15M permitió que “la sociedad viera que se puede hacer política de otra forma: desde la calle y con la participación de la ciudadanía”, ha argumentado González. Uno de los resultados del 15M fue la aparición de los Yayoflautas, un colectivo de jubilados que retomaron las protestas antifranquistas y que, según González, surgieron a raíz de “la ilusión de un grupo de gente mayor” que creyó necesario transmitir “la forma de lucha en la clandestinidad contra la dictadura”, ya que el 15M “era un movimiento joven y con ilusión, pero con poca experiencia”.

Por su parte, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), pese a existir con anterioridad al 15M, experimentó un impulso gracias a éste, favorecido, en parte por no tener afiliación política alguna, “cuando en esos momentos se cuestionaba precisamente la política”, según explica el actual portavoz de la PAH, Carlos Macías, a lo que se suma que “representaba lo que sucedía en las plazas del país”.

Arcadi Oliveres asegura que “la fuerte efervescencia del 15M se fue apaciguando con el tiempo, pero no ha desaparecido”, y ha destacado la posterior aparición de las denominadas “mareas”, movimientos sociales reivindicativos en ámbitos como la sanidad, la educación o el empleo, que “no son hijos directos del 15M pero representan su esencia”. El 15M no se ha traducido únicamente en movimientos sociales, sino que algunos partidos políticos, “sobre todo de la izquierda”, incluyen demandas del 15M en sus programas electorales, aunque “el más representativo es Podemos”, según Oliveres.

El expresidente de Justícia i Pau ha señalado que “Podemos no surgió directamente del 15M, pero el espíritu que le caracteriza tiene relación con sus reivindicaciones”, ante lo que González, que actualmente milita en el partido morado, ha asegurado que “sin el 15M, Podemos no existiría”.

“La mayoría de gente que se implicó en el partido venía de la calle, de las asambleas en las plazas”, asevera González. “El 15M consiguió cambiar el relato sobre la crisis económica –explica Vivas–, ya que al principio se culpó a la ciudadanía diciendo que había vivido por encima de sus posibilidades, pero el 15M logró señalar a la banca y la clase política como responsables”.

“El ciclo político que abrió el 15M permanece abierto”, añade Vivas, quien opina que en las elecciones del 26J “habrá que ver si la indignación y el malestar social tienen la capacidad de llevar a cabo un cambio real en el conjunto del Estado a través del Congreso”. Vivas, al igual que Oliveres, señala que “el movimiento de indignados se enmarca en un ciclo de movilización e indignación global”, y movimientos posteriores como el Nuit Debout (Noche en pie) en Francia, surgido el pasado mes de marzo en protesta contra la reforma laboral, se inspiran en su espíritu.

El 15M de Bruselas se sumará esta tarde a la sentada simbólica que ocupará hoy plazas de distintas ciudades del mundo para conmemorar el quinto aniversario del movimiento de los indignados, surgido en la Puerta del Sol de Madrid, y pedir que se escuche la voz de la ciudadanía. “Nos sentaremos en el Monte de las Artes (una explanada cercana a la Grand Place de Bruselas) para reivindicar que se escuchen las voces de la gente que tiene mucho que decir”, señala una de las integrantes de la Asamblea 15M, Lidia Brun.

Esta estudiante española, que acaba su doctorado en Economía en la universidad ULB bruselense, explica que el objetivo es congregar al mayor número de personas posibles en el máximo de plazas de ciudades de todo el mundo para hacer hincapié en la idea de que hay que “reformar el espacio público”. En Bruselas hay planeadas numerosas actividades desde primera hora de la tarde.

Tras una bienvenida con actuaciones artísticas, los participantes se dividirán en grupos organizados por distintos temas de interés. Hacia las 16.00 se celebrará un debate conjunto sobre cuestiones como la reforma laboral en Bélgica, que pretende elevar a 45 horas semanales la jornada de trabajo (frente a las 38 actuales), o el acuerdo comercial con Estados Unidos (TTIP). La sentada se producirá, como en otras capitales europeas, a las 18.00. Según el evento creado en Facebook para promover la convocatoria, hay 3.600 personas invitadas, de las que casi 1.000 ya han manifestado su interés y cerca de 300 han confirmado su asistencia.

Brun destaca que el surgimiento del 15M “ha cambiado la conciencia política” y ha servido para poner encima de la mesa cuestiones como la transparencia, la soberanía popular y para reflexionar sobre el proceso de toma de decisiones. “El 15M sirvió para que mucha gente analizara la indignación de esta estafa que llamaron crisis”, añadió Brun, que apela a la “lucha constante” desde las plazas y desde la ciudadanía para confeccionar “políticas para la gente”.

También participarán en la cita de hoy el movimiento ciudadano francés Nuit Debout, surgido en la Plaza de la República de París para protestar contra la reforma laboral del Gobierno francés, y su hermano belga Tout autre chose. Hoy, una encuesta publicada por La Sexta da a la coalición Unidos Podemos, formada tras el acuerdo entre Pablo Iglesias y Alberto Garzón, como segunda fuerza más votada en las próximas elecciones del 26J, desbancando al PSOE y haciendo realidad el sorpasso por la izquierda. Cinco años después, parece que el espíritu del 15M sigue más vivo que nunca, pese a que muchos se empeñen en enterrarlo.

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