Aitana Castaño, Artsenal, Humor Gráfico, Número 50, Opinión
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De Trump, cuñados y la flor del olvido

Por Aitana Castaño / Ilustración: Artsenal

AITANA CASTAÑO

Aitana Castaño

El delirio de Donald Trump. Sophie Cruz tiene seis años. Nació y vive en California con sus padres originarios de Oaxaca, México. Los dos trabajan duro para sacarla adelante a ella y a su hermana pequeña. Un día los agentes de inmigración llegaron a casa de los Cruz para deportar a los padres de Sophie. Solo a los padres, ya que las pequeñas son ciudadanas estadounidenses. Sophie tuvo miedo. Tiene miedo. En septiembre, durante la visita del Papa Francisco a Washington, la niña se coló entre las vallas de seguridad y echó a correr junto al papamóvil. Su Santidad la vio tan bonita, con su vestido de colores, que mandó parar el vehículo. Un guardaespaldas alzó a la pequeña, que recibió del Papa una bendición en forma de beso en la frente. A cambio ella le dio una camiseta y una carta. En la misiva contaba su historia y también, sin saberlo, la de 4,5 millones de menores de edad en EE.UU, los “hijos nacidos en territorio USA” de los 11 millones de indocumentados que Donald Trump planea “devolver” a sus países si gana las elecciones. Todo muy guapo.

Cosas de cuñados. El colectivo Cuñados Limpios exige, “pero a la voz de ya”, la formación del Gobierno de la nación, otrora llamada España: “Nos da igual que sean rojos, azules o mediopensionistas, pero o tenemos Gobierno o implosionaremos uno a uno como pompas de jabón”, aseguran en nota de prensa.

La flor del olvido. El 13 de diciembre de 1937, a las siete de la mañana, junto a la tapia del antiguo cementerio de Ciañu, al lado de la Iglesia, resonaron cinco tiros de gracia. Cinco disparos que, después de décadas de silencio y también de investigación, se supo que iban destinados a Pablo de Blanco, Manuel Duarte, Alfredo Fernández, José María Suárez y Eduardo Gallo. Sus cuerpos fueron enterrados en una esquina del camposanto. Allí se quedaron solos cuando se trasladaron todos los nichos al nuevo cementerio para construir la Plaza de Abastos. Allí siguen. Ahora los familiares de Pablo, Manuel y Alfredo buscan a los herederos de los otros dos. Descartada la exhumación, lo que se busca es poder colocar, al menos, una placa en la pared del mercado que los recuerde, que resarza a las familias después de años de miedo. En estos años la hija de Duarte, Olvido, que vio cómo lo mataban, nunca quiso entrar en la Plaza de Abastos. La hija de Blanco, Hidelgart, que aún vive, lo hizo sabiendo que a pocos metros de ella estaba enterrado su padre, aunque no podía decirlo en voz alta. La placa que planean colocar en la zona rezará una frase: “La triste flor del olvido, nunca nacerá en tu fosa”.

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Artsenal

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