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Tormenta en el Cáucaso

Avance de la brigada combinada del ejército armenio en el Nagorno Karabaj. Foto: 1in.am.

Por José Jiménez González. Martes, 5 de abril de 2016

Deportes

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Un extraño martilleo se hace audible de manera constante a pesar de las interferencias de la línea. Al otro lado del auricular una voz temblorosa confirma todas las sospechas. “Son obuses, la guerra ha vuelto a Nagorno Karabaj”. En la madrugada del viernes al sábado 1 de abril, el ejército de Azerbayán lanzó la ofensiva general contra ese territorio independiente que se encuentra tutelado por Armenia desde que finalizara la guerra entre ambos países en mayo de 1994. “Nos han dicho que no podemos salir de casa, hay cortes de luz constantes y las líneas telefónicas están inhabilitadas”, me confirma Ashot Kagramanian. El toque de queda se ha impuesto en todas las localidades de la región de Nagorno Karabaj, así como en las zonas limítrofes de Armenia. “Los soldados insisten en que todo el mundo se quede en casa por cuestiones de seguridad”, asegura el joven.

Ashot, natural de Armenia, trabaja como abogado penalista en Ucrania; actualmente se ha trasladado a su tierra natal con la intención de cruzar a la región independiente, donde vive buena parte de sus familiares. “Tengo algunos parientes que sirven ahora mismo en el ejército, mi pareja se encuentra en Stepanaker, la capital de Nagorno Karabaj. Sólo podemos comunicarnos a través de Internet vía satélite”, asegura antes de que la conexión se pierda definitivamente.

Captura

El balance de muertos, según cifras oficiales, asciende a más de 300, entre los que hay civiles. Ambos contendientes se acusan mutuamente del inicio de las hostilidades. Las autoridades armenias afirman haber eliminado un total de 14 tanques y unas 23 baterías enemigas, habiendo causado al menos 150 bajas al enemigo; por otro lado, desde Bakú cifran el número de bajas en 23 y reconocen haber perdido tan sólo un helicóptero Mi-24 y dos tanques.

En Stepanaker se ha abierto a la población civil el reclutamiento voluntario para la milicia nacional. “Muchos de los que están uniéndose son ya veteranos del último conflicto que tuvimos, no se puede dejar que el enemigo venga aquí a imponerse”, asegura Nahshun Azizyan, desde la capital de la región, también en conexión vía satélite. “Llevan tirando bombas desde ayer por la noche; el ejército nos mantiene por cuestiones de seguridad en casa”.

Una guerra de caras conocidas

A pesar de lo cruento que está siendo el conflicto, es algo a lo que los habitantes locales (que viven en un constante ambiente casi de entreguerras) se han acostumbrado. Tras el final de la guerra armenio-azerí (1988-1994), que terminó con la victoria armenia sobre las tropas azeríes y el posterior alto el fuego, la región del Nagorno Karabaj consiguió la independencia bajo tutela de Armenia. Ésta zona, cristiana y étnicamente armenia, lleva desde el mismo instante de su nacimiento en un continuo estado semibélico con Azerbayán, túrquica y de mayoría musulmana suní, que no acepta el nuevo “statu” creado tras el cese de las hostilidades. Las escaramuzas en los puestos de control, así como el fuego de baterías a ambos lados de la frontera, han sido algo cotidiano en la región hasta el pasado 1 de abril, en que se inició la ofensiva general.

Acusaciones de crímenes de guerra

Ambos contendientes se acusan mutuamente de atacar a civiles. El fotoperiodista Hakob Poghoyan ha captado imágenes que prueban los excesos cometidos por las tropas de ocupación. Los hechos han tenido lugar en la localidad de Talish, que fue ocupada el pasado domingo por una subdivisión del ejército azerí. Los supervivientes relatan con horror cómo los soldados azeríes irrumpieron en algunas casas, disparando contra sus ocupantes. Khalapyan Valera y su esposa Razmellu fueron asesinados y sus orejas cortadas como trofeos. Una anciana de nombre Marusyu Khalapyan, nacida en 1924, fue amordazada y asesinada por el mismo grupo.

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Lanzamiento de una batería del ejército armenio en la zona en conflicto de Nagorno. Foto: axar.aza

Nagorno Karabaj se convirtió en objeto de controversia entre Armenia y Azerbaiyán cuando ambos países se independizaron del Imperio ruso en el año 1918. Después, la Unión Soviética estableció el control sobre la zona. En 1923 se formó la provincia autónoma de Nagorno Karabaj dentro de la República Socialista Soviética de Azerbaiyán. Poco antes de la caída de la URSS, la región volvió a convertirse en una fuente de controversia entre Armenia y Azerbaiyán, culminando en un gran conflicto étnico y en la guerra de Nagorno Karabaj, que se libró entre 1991 y 1994.

Tras la disolución de la Unión Soviética, se reabrió el debate sobre el futuro de la zona. Bajo el temor de que se había ideado un plan para difundir la cultura azerbaiyana en la zona, los habitantes armenios crearon y fomentaron un importante movimiento político y cultural para lograr la unión con la madre patria Armenia. En noviembre de 1991, tras la declaración de secesión de los armenios de Karabaj, el parlamento de Azerbaiyán decidió suprimir la autonomía en todo el territorio, lo que conllevó la celebración de un referéndum, con resultado de la declaración de independencia. El referéndum, boicoteado por la población azerí, permitió que los armenios de Nagorno Karabaj aprobaran la creación de un estado independiente. La espiral de enfrentamientos llevó a acciones violentas y masacres contra armenios que residían en otras zonas de Azerbaiyán, tales como Sumgait y Bakú. De esta forma comenzó la guerra entre Azerbaiyán y Armenia, apoyada por Rusia. A finales de 1993, la guerra había causado veinte mil muertos y provocado la huida a Azerbaiyán de ochocientos mil refugiados. El conflicto, que ya ha sido etiquetado por los expertos como “congelado” o “prolongado”, parece ser el de más difícil solución entre todos los que han surgido en la región Euroasiática tras el final de la guerra fría. Las escaramuzas entre ambas partes están ocasionando un gran número de bajas, pero parece que esta guerra tampoco le interesa a Occidente. Nagorno se encuentra emparedada entre Rusia, Turquía y Georgia, focalizada en una de las zonas más inestables del planeta. Las tensiones son constantes en este enclave estratégico donde además hay fuertes intereses energéticos y petrolíferos. En apariencia, Rusia y Turquía no luchan militarmente en el conflicto de Nagorno-Karabaj, que despertó el pasado fin de semana con los mayores enfrentamientos desde el alto el fuego de 1994. Sin embargo, los gobiernos de Moscú y Ankara mantienen intereses encontrados y una lucha soterrada. En un discurso televisado, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, aseguró ayer que el Alto Karabaj “volverá algún día” a Azerbaiyán, su “propietario original”. Rusia, por otra parte, sigue siendo aliada de Armenia.

Las bases para la resolución de este conflicto fueron establecidas por el Grupo de Minsk de la OSCE, del que Rusia es uno de los copresidentes: devolución de los siete distritos azeríes que rodean el enclave; estatus provisional que garantice la seguridad y el autogobierno de la región; mantenimiento de un corredor que la una físicamente con Armenia; celebración de una consulta vinculante sobre el estatus definitivo del enclave; y regreso de los desplazados a sus hogares. Sin embargo, Armenia y Azerbaiyán no se ponen de acuerdo en la forma de implementar estas medidas, por lo que el conflicto sigue tan enquistado como siempre. Frente a esa realidad, lo preferible para Rusia es el mantenimiento del statu quo, ya que un posible ataque la obligaría a intervenir militarmente, lo que rompería sus vínculos comerciales con Bakú y los azerbaiyanos. Eso es lo último que Rusia necesita, ya que las sanciones económicas por parte de Occidente no se harían esperar. A esta hora, los enfrentamientos se recrudecen. Una nueva guerra silenciosa ha estallado a las puertas de Europa.

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JOSE JIMENEZ

José Jiménez González

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