El Koko Parrilla, Francisco Cisterna, Humor Gráfico, Número 52, Opinión
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Sondeos profundos

Por Francisco Cisterna  / Viñeta: El Koko Parrilla             

Francisco Cisterna

Paco Cisterna

El futuro es impredecible aunque lo ganemos a pulso. La aparente paradoja encierra un gran misterio metafísico, al igual que las encuestas electorales encierran grandes sorpresas según quien las encargue y pague o quien las cargue y apunte.

En principio puede parecer disparatado, pero mi perro, dos canarios, un mono del zoo y el gato de mi vecina llevan dos semanas intentando descifrar no quién ganará las próximas elecciones –incógnita, por desgracia, fácil de resolver, incluso para nosotros– sino quién o quiénes formarán el nuevo gobierno. Todos sabemos que los animales poseen  un sexto sentido que les permite presagiar ciertos acontecimientos antes de que sucedan. Por eso, después de comer, en vez de fregar los platos –y muy a pesar de mi señora–, me afano en adiestrar a mis mascotas en el difícil arte del vaticinio electoral. Como práctica introductoria, les propongo el estudio semanal de ciertos sondeos ofrecidos por inciertos medios de comunicación y elaborados por sus clarividentes animales. Por ejemplo, los de un insigne diario que, sondeo tras sondeo, se empeña en reflejar que Ciudadanos sube y sube y sube, como si se tratara de un partido Duracell, mientras que Podemos baja, baja y baja más que las mareas del Manzanares. El mono del zoo lleva un mes comparando encuestas y no le encuentra una explicación plausible a este insistente resultado del periódico cebra.

A los canarios les tengo desentrañando el dilema sentimental de los “líderes mejor valorados”, por ser unos pájaros muy sensibles y delicados. No es fácil adivinar por qué los dirigentes de los partidos menos votados suelen ser los mejor valorados. En el informe preliminar de 48 folios que me han presentado los canarios –nada que ver con Coalición Canaria– se argumentan dos razones contradictorias; primera, que los españoles tenemos la suficiente madurez democrática como para reconocer que el líder del partido antagonista es mejor que el nuestro y segunda, que los españoles votan por sistema a determinado partido sin importarles quién lo dirige. Se propicia así la paradoja de que el mandamás mejor valorado pudiera ser el más castigado en las urnas o, por antítesis, que el líder menos apreciado alcance la Presidencia de Gobierno. De ambas situaciones tenemos cumplida cuenta, sobre todo de la segunda, y a estas alturas, no creo que sea necesario dar nombres.

Pero dejemos a los animales hacer su trabajo y centrémonos en el efecto que puedan tener en el electorado los cientos de sondeos interesados que vamos a padecer durante estos meses. Tengo al respecto la genuina impresión –así, como lo oyen– de que el futuro puede cambiar el presente. Lo que todavía no ha sucedido puede condicionar lo que sucederá. Las encuestas engañosas logran sugerir estados de opinión inexistentes que acaban siendo reales. En pocas palabras, el efecto Vicente. Dónde va Vicente, donde va la gente. Esta máxima sociológica puede generar un clima tormentoso para determinados partidos que no resuelvan sufragar su particular zoo de animales agoreros. Las prospecciones y las sugestiones de futuro se convierten así en una herramienta real para modificar el presente. Son una especie de mecánica cuántica de la metafísica electoral que los Einstein de la demoscopia frecuentan con más asiduidad de la debida, pero no con menos de la pagada.

En esta situación, y también en este país, sería aconsejable promover una ley que velara por la fiabilidad de los sondeos electorales, dada la trascendencia de los mismos una vez publicados. Evitaríamos, así, que las estadísticas camuflaran determinados intereses, cuya finalidad es dirigir el voto en base a supuestos razonamientos matemático-ideológicos. Al menos, volveríamos a tener fe en las encuestas o dejaríamos de considerarlas propaganda política. La ciencia avanza para fundamentar el conocimiento, no para confundir el poco que tenemos. Ahora me explico que los augures de la antigüedad descargasen su responsabilidad profesional en las entrañas de los animales que sacrificaban. El fusilamiento estadístico es una nueva modalidad incruenta de ejecución política.

Ustedes pensaran –no sin cierta razón– que me he olvidado de mi perro y del gato de mi  vecina, se equivocan, y se preguntarán –también– qué tarea adivinatoria les tengo encomendada, ninguna. El perro se dedica a montar guardia cerca de la ventana de la cocina para que el gato de mi vecina no se zampe a mis dos canarios agoreros. Animalitos, pobrecicos.

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PEDRO EL KOKO PARRILLA

El Koko Parrilla

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