Humor Gráfico, Número 50, Opinión, Sergio Periotti, Sergio Rodríguez
Deje un comentario

Miserables

Por Sergio Rodríguez / Ilustración: Periotti

SERGIO RODRIGUEZ

Sergio Rodríguez

Gastos salvajes. Realmente, hay que ser muy hijo de puta para atribuir la desviación del déficit público al gasto sanitario, y en concreto a una partida imprescindible de ese gasto. Para esta caterva de miserables no computan la desviación continuada del déficit de la Comunidad Valenciana, las ayudas a las autopistas radiales de sus amigos que no utiliza nadie y son, por tanto, deficitarias desde su concepción, las subvenciones a fundaciones tóxicas como FAES, Francisco Franco…, los miles de millones que van a la Iglesia Católica, las campañas publicitarias institucionales inútiles, los sueldos fuera de convenio que hay en mi empresa con pluses de hasta 1.500 euros por “coordinar” nada, las externalizaciones de servicios públicos para concedérselo a las empresas de los amigos, las ayudas multimillonarias a fondo perdido a los también amigos de la banca… Item más… Y hay gente que todavía les votará.

El delfín. Al parecer, una nave extraterrestre ha aterrizado en la Casa de Campo y ha dejado allí el cadáver de un delfín. Los alienígenas, un poco chapuceros, habían visto el episodio de Star treck Misión: Salvar la tierra pero, en lugar de ballena, han utilizado un delfín para comunicarse con los humanos a la altura de la Península Ibérica, en estas jornadas en las que dichos especímenes parecen saturados e imposibilitados de cualquier entendimiento, especialmente en el campo político. Total, que el delfín ha fallecido por agotamiento. Esperemos que la Corporación Interestelar abra cuanto antes una investigación e imponga las sanciones oportunas.

Las malditas multinacionales. Y en concreto, la maldita Vodafone. He ido a la tiendecita Vodafone, plagada de telefonos superguays y supercaros para que me reparen o me enciendan el viejo Nokia 5800 porque se le ha estropeado el botón de encendido. Lo uso (usaba) como segundo teléfono porque tiene todo lo que necesito: wifi, mp3, despertador… y además le tengo cariño, qué pasa. Pues bien, el niñato de turno, tras una espera de más de diez minutos, me dice que no lo reparan; le pregunto por qué y el niñato me responde que porque ya tiene más de dos años y que sólo reparan los de menos de dos años en garantia. Le insisto y le inquiero de nuevo diciéndole que qué problema hay habiendo un taller que repare y estando yo dispuesto a pagar la reparación… Me dice entonces que es la “política de la casa”. Acabáramos. Hay una tienda Vodafone que sólo sirve para vender teléfonos caros y engatusar a la gente. Me doy media vuelta y me despido con un “manda huevos” bien sonoro. Salgo a la calle y me dirijo en busca de una tienda donde reparen y no vendan. The Phone House… Tienen de todo. Hay una cola de futuros engatusados y como no estoy dispuesto a perder tiempo para hacer una sola pregunta, pido permiso a los siguientes, como hacen las ancianitas en los supermercados argumentando que sólo llevan una cosa. Me lo conceden y pregunto al nuevo niñato si reparan Nokias. Me responde que no, porque como la ha comprado Microsoft, ellos no trabajan con Microsoft, aunque tienen taller… Vale, cojonudo. A éste no le digo ningún improperio porque no me ha hecho esperar. Me dirijo, finalmente, en busca de un taller libre en esta economia de libre mercado que no nos deja ser libres para arreglar las cosas. Y como cuando me propongo un objetivo anti-multinacional no paro hasta el final, busco y encuentro una tienda de chinos donde hay dos chinitas: una está atendiendo a otro cliente y la otra viene rauda a atenderme de manera amable. Los chinos ni pierden el tiempo ni te lo hacen perder a ti. Le explico el problema y enseguida me ofrece una solución: lo tendrán arreglado en tres días y me costará 18 euros. Joder, no es tan complicado, ahí lo pone: “Cambio potón de enciente”. Lo cambian, lo pago y ya está. Vivan las chinas, coño. Y los chinos también.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

SERGIO PERIOTTI

Sergio Periotti

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *