Francisco Cisterna, Humor Gráfico, Número 51, Opinión, Sergio Periotti
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Los condes de Panamá

Por Paco Cisterna / Ilustración: Sergio Periotti                              

Francisco Cisterna

Paco Cisterna

No hay aristócrata, o aspirante que se precie, que no haya estudiado Teoría y Práctica de la Evasión Fiscal en alguno de esos colegios elitistas plagados de apellidos envueltos en caviar. En estos internados de lujo, los jóvenes alevines, detrás de sus elegantes pupitres diseñados por Mies van der Rohe, se aplican en resolver los supuestos prácticos que sus profesores les presentan: ¿Cuántas sociedades offshore hay que constituir para evadir un tercio de la fortuna acumulada? ¿Es posible constituir una sociedad en Uganda, con sede en Hong Kong, dedicada a la venta de aires acondicionados en el Polo Norte? ¿Cuál es la rentabilidad fiscal de una lata de sardinas adquirida en el desierto de Mojave? ¿Podemos declinar la invitación de Montoro a una cena benéfica a favor de los represaliados venezolanos sin riesgo de ser investigados? ¿Es efectivo alegar que el Ferrari Testarossa lo adquirimos en las rebajas del black friday de Amazón? ¿Podemos regalarle un balón de oro a Messi sin levantar sospechas?

Estas y otras cuestiones de similar calado son resueltas a diario con la inestimable ayuda de expertos humanitarios que brindan sus servicios desinteresadamente. Expertos que han cursado un sinfín de carreras, cursillos y másteres. Estudiosos que ponen sus conocimientos, quizá pagados con los impuestos de todos, al servicio de una causa tan noble como es seguir expoliando los bolsillos de quienes contribuyeron a su formación académica. Recuerdo a un viejo profesor que hablaba de los intereses bastardos de aquellos que acudían a la Universidad con el propósito de hacer fortuna. Y no es que hacer fortuna esté mal –¡qué va! ¡Dios me libre!, sobre todo en un mundo capitalista–, pero sí, al menos, de una manera tan organizada, tan fraudulenta y tan desviadamente consentida por unos y por otros.

El fraude fiscal ya no es un deporte de pícaros, tentados por la insolidaridad social, que pellizcan nuestras pensiones, nuestra Educación o el Sistema de Salud. No solo son unos cuantos listillos aislados que tratan de amañar la declaración del IRPF para tomarse unas vacaciones en Benidorm. Es algo mucho más grande y organizado: un negocio internacional con protocolos de actuación multidisciplinares depurados científicamente. Es, con todos los dudosos honores, una asignatura universitaria de largo y extenso recorrido curricular que todos hemos padecido durante estos lamentables años.

“Borjamari, acércate un momento. Como suspendas Historia Universal del Fraude II, te quedas sin vacaciones en Acapulco. Estanisluis, si apruebas Responsabilidad Penal de los Testaferros en el Derecho Fiscal Comparado, celebramos tu cumpleaños en El Celler de Can Roca. Luciluz, qué contento tienes a tu padre con el sobresaliente que has obtenido en Historia y Geografía de los Paraísos Fiscales. Está tan contento que piensa regalarte el bolso de Carolina Herrera que vimos en NY”.

Así podríamos seguir con tantas y tantas asignaturas que los condes de Panamá, o sus especiales asesores, dominan con maestría o retuercen con habilidad para esconder sus ahorros. No por nada, simplemente porque les da vergüenza que sepamos lo riquísimos que son. Se ponen colorados. Ellos, que glosan las virtudes del esfuerzo, del trabajo abnegado, del emprendimiento como medio para alcanzar el paraíso, resulta que luego van y lo esconden en otro paraíso. Qué delicadeza, por su parte, qué modestia de cuna: renuncian a figurar en la Lista Forbes para no darnos celos. Velan, cristianamente, por nuestra sensibilidad económica, para que no alberguemos ni un ápice de envidia en nuestros corazones, para que no se nos nuble el entendimiento y sigamos buscando, resignados, el paraíso del que ellos ya disfrutan en silencio desde hace años a costa del nuestro. Y eso, al menos, es de agradecer, sobre todo en un país cuyo pecado capital es ese.

¡Qué tendrá el dinero, que todos lo esconden! Y entre es conde y esconde ya no sabemos si es gato o araña (oro parece, plátano es), si es Conde de Panamá,  Marqués de Bahamas, Duque de Barbados o Barón de Belice. Aunque para mí, que son todos unos frescales.

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SERGIO PERIOTTI

Sergio Periotti

 

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