Artsenal, Humor Gráfico, Número 52, Opinión, Óscar González
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La quinta columna

Por Óscar González / Ilustración: Artsenal

Óscar González

Óscar González

Si al ciudadano medio español le quedara cintura para reírse de los absurdos patrios, muchos estarían partiéndose el pecho y llorando a causa de las carcajadas al enterarse del encarcelamiento del presidente de Manos Limpias, Miguel Bernard, y su compañero de Ausbanc, Luis Pineda, las caras A y B de un disco digno del lineal de una gasolinera, entre el Torito guapo del Fary y el enésimo greatest hits de Camela.

La berlanguiana idea de que un ultraderechista dirija una organización que afirma tener entre sus objetivos la defensa de la Constitución nos enfrenta con el esperpento de nuestra realidad política cotidiana. Es el equivalente a poner a Turquía a velar por los derechos humanos o a un cura a cuidar un parvulario: un sindiós, vamos. Pero ahí está Bernard, histórico de la Fuerza Nueva de Blas Piñar (y candidato al Parlamento Europeo en 1987 por el Frente Nacional, un primo de provincias del Front National de los Le Pen), con la manta liada a la cabeza y defendiendo la patria y el Estado de derecho frente a aquellos que los amenazan. Un héroe nacional a la altura de Martínez El Facha.

Para llevar a cabo su ciclópea tarea, Bernard fundaría en el año noventa y cinco el pseudosindicato Manos Limpias. Aunque resulta difícil imaginar un sindicato sin afiliados ni defensa alguna de los trabajadores, recordemos que estamos en el país en que Paco Marhuenda es comisario honorífico y la virgen María Santísima del Amor tiene una medalla al mérito policial; seguirá resultando absurdo, pero lo hará en un marco de absurdez generalizada que contextualiza bastante bien todo, incluso un sindicato sin sindicados.

Solo en ese marco pueden entenderse algunas de las más hilarantes denuncias que ha presentado Manos Limpias desde su creación. Por ejemplo, la formulada contra el programa infantil Los Lunnis por mostrar una boda gay en uno de sus episodios, la presentada contra Bildu por, entre otras causas, no recibir a los Reyes Magos en el Ayuntamiento de San Sebastián o la formulada contra todo el 15-M acusando al movimiento ciudadano de ser “un entramado criminal formado por Ada Colau y toda la gente de la PAH”. Merece la pena leerlas, pero cuidado con la posible úlcera, ya que tienen contraindicaciones.

Manos Limpias, presuntamente, era un entramado criminal que se servía de los mecanismos y garantías del Estado de derecho para intentar destruir a los que consideraba enemigos –algunas personas no tienen rivales, tan solo enemigos– por la vía de la demanda a la ligera y el halo de duda que queda en la conciencia colectiva cuando a alguien se le atribuye algún delito. Si no puedes vencer, desacredita. Es más lento, pero igual o más efectivo.

Y es precisamente la utilización perversa del Estado de derecho la que nos tendría que preocupar, pues socava más la confianza en unas instituciones con el crédito tan agotado que están al borde mismo del desahucio. Y acaso sea ese el objetivo final perseguido por los Pineda y los Bernard, horadar desde dentro la (insuficiente) democracia, dejar a la justicia en ridículo  y a los políticos en entredicho (como si no se bastasen ellos solitos para esto). Porque cuando todos los marcadores de certeza se tambalean o se destruyen, lo que queda es el campo abonado para que resurjan esas formas autoritarias que tanto gustan a algunos. Porque la casa al final del camino de las instituciones desacreditadas y el “son todos iguales” es vieja, siniestra y está llena de fantasmas. Y todos sabemos cuál es su nombre.

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Artsenal

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2 Kommentare

  1. Oscar Glez. dicen

    Grazas, amigo Gabriel. Descoida que o tomaremos máis pronto que tarde. Unha aperta.

  2. Gabriel F. Alvarez dicen

    Oscar, cocordo contigo en todo. Temos un café nalgures pra sorber entrambolos dous eh?.

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