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La mujer en el anarquismo: crónica de un sueño truncado

Un fotograma de la película ‘Libertarias’, de Vicente Aranda.

Por Sandra Llopis. Domingo, 24 de abril de 2016

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Pues así no podemos seguir. A mi marido le entró un furor sangriento que nunca había tenido ¡No sé qué mal de ojo le hicieron en España! ¡Es Castilla que aceda las uvas del champaña! ¡Son los autos de fe que hace la Inquisición! ¡Y las comedias de Don Pedro Calderón!

La marquesa Rosalinda, Ramón del Valle-Inclán

 

Entre finales del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX asistimos a tiempos llenos de contrastes y cambios, aderezados con guerras diversas. Se radicalizan las ideas tanto hacia la extrema derecha como hacia la extrema izquierda (seguro que esto les suena, pues lo que vivimos hoy se aproxima bastante a convertirse en una reproducción actualizada de aquello). Pero sin duda, es la mujer quien más cambios experimenta durante este tiempo. De ser el ángel del hogar pasa a ser la principal mano de obra en las fábricas y a reivindicar sus derechos, para volver a ser de nuevo el ángel del hogar, pero con muchas más restricciones morales en lo referente a su capacidad de actuación.

En este contexto, ideologías como el anarquismo cobran gran importancia y suponen un soplo de aire fresco y un punto de apoyo importante para las mujeres. Prueba de ello son los liberatorios de prostitución que se dedicaron a cerrar burdeles e instruir a las mujeres para que pudiesen llevar una vida digna. Sin embargo, con el auge y el triunfo de los fascismos, todo eso se vino abajo y la mujer volvió a ser una especie de sujeto pasivo bajo las órdenes del género masculino.

El golpe fue doblemente duro para las mujeres, pues pasaron de tener ciertas garantías en la II República (derecho a voto, por ejemplo, o a acceder a cargos públicos, recordemos a la anarquista Federica Montseny, la primera mujer ministra en Europa) e incluso a entrar en la lucha como milicianas (en el frente o en la retaguardia), a ser fusiladas por sus ideas o simplemente a convertirse en bonitos objetos católicos de decoración, guiadas por la Sección Femenina del régimen, que daba instrucciones sobre cómo tener contento al marido (siendo sumisa, evidentemente) o cuál era el deporte más adecuado para una mujer (limpiar la casa ya era suficiente deporte según esta organización).

Todas estas cuestiones han sido objeto de atención por parte de la literatura, la pintura y otras artes. Pero se han visto especialmente reflejadas en el séptimo arte: el cine. Desde películas como La voz dormida (2011) o El laberinto del fauno (2006), pasando por la magnífica adaptación de la obra de Sanchis Sinisterra ¡Ay, Carmela! (1990), Libertarias (1996), Pa negre (2010) o La lengua de las mariposas (1999, basada en un cuento de Manuel Rivas); hasta recuperar una joya como Aurora de Esperanza, rodada en plena guerra en 1937. Esta diferencia entre el antes y el después de la guerra, el reflejo del sueño truncado que cambió España para siempre, se puede ver claramente si comparamos Libertarias (Vicente Aranda, 1996) con Las 13 rosas (Emilio Martínez Lázaro, 2007).

Libertarias representa el antes, los inicios de la Guerra Civil, los ideales, la vida, la posibilidad de cambiar el país… cuando la ilusión y las ganas de luchar contra el fascismo eran la energía que movía el motor anarquista. Esta película se basa en la actuación de Mujeres Libres, organización que nació en 1936 con el propósito de alcanzar la liberación de la mujer y sacarla de su “esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud de productora”. Sus liberatorios de prostitución y su presencia en el frente fueron puntos clave para la mujer anarquista. A duras penas sobrevivió durante tres años. No obstante, movilizó a más de veinte mil mujeres y desarrolló un programa de actividades diseñadas para capacitar a la mujer como individuo, al tiempo que se construía un sentimiento de comunidad.

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Cinco integrantes de Las 13 Rosas, fusiladas en 1939.

Libertarias es el reflejo de la ideología de las mujeres anarquistas, que rechazan la religión católica, que luchan contra la prostitución, que quieren la igualdad con los hombres, defendiéndola a tiros si hace falta. Todo ello se aprecia claramente en ciertas escenas representativas. La primera escena destacada es esa en la que las milicianas, miembros de Mujeres Libres, llegan al burdel de Madame Colette para convencer a las prostitutas de que dejen el oficio y se unan a ellas en la lucha. Suena una copla de fondo, posterior símbolo de la España de pan y toros, y la jefa de las milicianas ordena: “Para esa mierda”.

Concha Liaño toma la palabra y les recita un emocionante discurso sobre la revolución obrera, la justicia con los religiosos, la liberación de la mujer… Abajo la prostitución… “El amor debe ser libre, no comprado”. Quiere que se alisten en los liberatorios de la prostitución, y en Mujeres Libres. Su discurso parece no surtir el menos efecto en ellas, pero cuando toma la palabra su compañera Pilar, con un discurso mucho más crudo, las prostitutas reaccionan y deciden alistarse en masa.

La monja a la que tienen refugiada y muerta de miedo permanece a un lado callada. Cuando se dan cuenta, hablan con ella:

Pilar: ¿Tú eres monja, calamidad?
María (monja): Para servirle a Dios y a usted.
Pilar: ¡Hostia! Tú no sirves ni a Dios ni a nadie. Tú eres libre a partir de este momento.
Concha Liaño: Ni dios, ni patria, ni amo.
María: Como usted mande.
Pilar, a las prostitutas: No es una monja, es una prisionera del clero.

Y clausuran el burdel: “Para evitar que los milicianos vengan aquí a joderos, este antro queda clausurado”. Toda esta escena refleja a la perfección el anticlericalismo y su labor por la dignidad y la igualdad de la mujer, intentando eliminar los lugares de prostitución para garantizar una vida más digna a las mujeres.

Más adelante, Floren (el personaje de Victoria Abril) le explicará a María cuál es su ideología, haciendo un resumen breve pero certero de sus ideas: “Anarquista, espiritista y coja.  Anarquista porque pienso que el individuo es todo y el Estado nada. Espiritista porque creo que después de muerto, el individuo es todo y Dios es nada. Y coja de nacimiento, porque así se me desarrolla el intelecto. ¿Comprendes?”.

Pero el punto álgido del discurso y la ideología se ve claramente en la escena en la que Pilar toma la palabra en una reunión de Mujeres Libres y dice algo tan contundente como esto: “¿Qué pasa? ¿Parece que estemos locas porque queremos ir al frente? Pues yo te lo voy a decir bien claro, óyelo. No entendemos por qué la revolución tiene que correr a cargo de la mitad de la población solamente. Somos anarquistas, somos libertarias pero también somos mujeres y queremos hacer nuestra revolución, no queremos que nos la hagan ellos. No queremos que la lucha se organice a la medida del elemento masculino, porque si dejamos que sea así, estaremos como siempre, jodidas. Queremos pegar tiros para poder exigir nuestra parte a la hora del reparto. Y sobre todo queremos dejar bien claro que en estos momentos el corazón no nos cabe en el pecho y sería un desatino quedarnos en casa haciendo calceta. Queremos morir, pero queremos morir como hombres, no vivir como criadas”.

federica-montseny

Federica Montseny durante un mitin.

Finalmente, toda esa ilusión acabará en tragedia: luchan en el frente, pero se da la orden de retirar a las mujeres porque hay muchas enfermas (con ETS) o embarazadas. El grupo de Pilar y sus compañeras se niegan, y acaban cayendo en una emboscada del bando enemigo. Los moros de Franco las asaltan y son asesinadas o violadas, o ambas cosas. La única superviviente es María, la monja. La trasladan a una cárcel y allí se encuentra con Pilar, que tiene un tajo en la garganta y se está desangrando. Muere en brazos de María. El sueño empieza a morir con ellas.

Si bien Libertarias es la representación de la ilusión y la lucha, Las 13 Rosas es la imagen de la derrota, los vencidos, la imagen de la venganza vil y cruel llevada a cabo durante la posguerra. Esta película nos cuenta la historia de trece jóvenes mujeres fusiladas el 5 de agosto de 1939, tras ser acusadas de adhesión a la rebelión. Pretendieron acusarlas además de un intento de atentado contra Franco en el desfile de la Victoria. Fueron sentenciadas, junto con 43 hombres más, a pena de muerte. Su único delito fue pertenecer a las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas, donde se agrupaban jóvenes de pensamiento socialista y comunista; esto incluía también a parte de los anarquistas) y pedir una sociedad mejor, más justa. Todo ello se refleja claramente en la propaganda que lanzan a la calle: “Menos Franco y más pan blanco”. Es más, tras saberse sentenciadas a pena de muerte, Julia Conesa exclama: “¿Cómo nos van a fusilar por pedir para dar de comer a la gente?”.

Fueron detenidas, una a una, a base de delaciones y engaños, “nos están cazando como moscas”, dice Carmen, la más joven de todas, que no llegó a ser juzgada ni fusilada. Sobrevivió a la cárcel de Ventas.

En diligencias empiezan las torturas (que en la película apenas se ven, pero que según testimonios reales iban desde humillaciones psicológicas hasta palizas, pasando por corrientes en zonas muy sensibles del cuerpo e incluso violaciones). Una de las detenidas, Adelina García, se presentó voluntariamente en la comisaría, acompañada por su padre, quien había hecho un trato con el comisario para llevar a su hija allí para que declarase a cambio de que no sufriera ningún daño. No volvió a casa. En la película vemos cómo presencia la paliza que recibe otro detenido y cómo este se suicida porque no puede soportar la situación. Y además el comisario le promete sacarla de allí a cambio de sexo. Vileza y corrupción en su esencia.

De diligencias pasan a la cárcel de Ventas, donde se hacinaban las presas, que llegó a albergar el triple de mujeres de su capacidad. En su mayoría, se trataba de presas políticas. Vemos cómo duermen en el suelo, sin camas, unas encima de otras, y cómo faltan la higiene y la alimentación. Reclamarán mejoras en las condiciones, pero no servirá de nada.

Las 13 rosas son condenadas y las funcionarias de prisión les aconsejan escribir una carta para pedir el indulto. Esa misma noche serán fusiladas. Se las llevan a una capilla y les dan la oportunidad de escribir a sus familias una carta de despedida, pero con la condición obligatoria de confesarse. Esta escena es el reflejo de la imposición de la religión católica, que también  queda patente cuando las presas tienen que dar sus datos y son obligadas a decir que profesan la fe del catolicismo.

Después las suben a una camioneta y las llevan al lugar donde serán fusiladas. De camino, en medio de la tristeza, Julia empieza a cantar y el resto la sigue: “Somos la joven guardia que va forjando el porvenir. Nos templó la miseria, sabremos vencer o morir. Noble es la causa de librar al hombre de su esclavitud. Quizá el camino hay que regar con sangre de la juventud. Que esté en guardia, que esté en guardia el burgués insaciable y cruel. Joven guardia, joven guardia no le des paz ni cuartel”. Esta canción refleja la lucha, su causa (liberar al hombre de su esclavitud) y a la vez el final del sueño, la sangre derramada. Y suena a modo de premonición: “sabremos vencer o morir” y su destino es la muerte. Se abrazan de forma espontánea justo antes de ser fusiladas.

Lo más significativo es el final de la película en el que conocemos el contenido de algunas de las cartas que escribieron justo antes de ser fusiladas. Abrumadora es esta frase de Virtudes González: “No me matan por criminal, me matan por una idea que creo justa.  Y por ella muero”. Al igual que la afirmación de Julia Conesa: “Muero como debe morir un inocente. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar. Que mi nombre no se borre de la historia”. Pero sin duda, el golpe final es la carta que Blanca Brissac escribe a su hijo después de escuchar los tiros que acaban con la vida de su marido, unos minutos antes de ser también ella fusilada. A ese niño huérfano, su madre le escribirá esta desgarradora carta:

“Querido, muy querido hijo de mi alma,

En estos últimos momentos tu madre piensa en ti. Voy a morir con la cabeza alta, solo por ser buena. Tú mejor que nadie lo sabes Quique mío. Solo te pido que seas muy bueno, que quieras a todos, que nunca guardes rencor a los que dieron muerte a tus padres. Eso nunca. Las personas buenas no guardan rencor y tú tienes que ser un hombre bueno, trabajador. Enrique, que no se te borre nunca el recuerdo de tus padres. Que te hagan hacer la comunión, pero bien preparado, tan bien cimentada la religión como me la enseñaron a mí. Te seguiría escribiendo hasta el mismo momento, pero tengo que despedirme de todos. Hijo, hijo, hasta la eternidad. Recibe, después de una infinidad de besos, el beso eterno de tu madre”.

Finalizamos este artículo con otra muestra significativa de la estancia de las presas en la cárcel de Ventas, una canción que ellas mismas inventaron. Está datada en 1939 y aparece también en la película de Las 13 Rosas:

Cárcel de Ventas, hotel maravilloso,
donde se come y se vive a to’ confort.
Donde no hay ni cama ni reposo,
en los infiernos se está mucho mejor.
Hay colas hasta en los retretes,
rico cemento dan por pan,
lentejas, único alimento,
un plato al día te darán.
Lujoso baldosín tenemos por colchón
y al despertar tenemos deshecho un riñón.

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SANDRA LLOPIS

Sandra Llopis

 

1 Kommentare

  1. Ricardo Frigola Vallina dicen

    Yo siempre me he declarado anarquista,pero los ignorantes me señalan como terrorista, cuando yo no llevo en mi conciencia ningún cargo de haber actuado violentamente contra nadie

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