Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 51, Opinión
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Elogio de los bares

Por Lidia Sanchis / Ilustración: L’Avi

LIDIA SANCHIS buena

Lidia Sanchis

España es ese país donde una ardilla puede ir saltando de bar en bar sin llegar nunca a tocar el suelo. Quien dice una ardilla, dice un parado que arrastra su condena como el fantasma su bola de hierro y sus cadenas. El parado podrá no tener trabajo, ni esperanza, ni familia, pero siempre le esperará un bar donde cobijarse y esperar a que escampe y donde echar la tarde escrutando los posos de un café: de la única taza de café que puede permitirse.

Los bares tienen en la vida de los españoles una importancia capital. Son esos sitios donde consiguen juntarse las dos Españas: la de Rivera y la de Iglesias, y la del nuevo periodismo de Évole. Espacios de consenso o, al menos, de acercamiento. Imaginen a Aznar y a González, por ejemplo, sentados frente a unos huevos fritos de Lucio conviniendo algún pacto: es imposible.

Cervantes ya hizo de la venta el marco idóneo para narrar las idas y venidas de gentes variopintas. El propio Alonso Quijano confundió la taberna con un castillo y a las putas con las damas y a Maritornes con Dulcinea, con lo que se demuestra que un bar es de los pocos sitios del mundo donde la locura está bien vista. Y se torna literatura.

Y luego, en la pequeña vida de cada uno de nosotros –español, manchego, catalán, valenciano o de Benafigos, según el lugar donde cada cual cuelgue su sombrero–, el recuerdo de ciertas cantinas consigue hacernos salivar como al perro de Pavlov.  Ese bar entrañable de los veranos de nuestra infancia, con el olor de la higuera a la sombra de la cual se reúnen los ancianos inundándolo todo, alcanzándonos y volviéndonos vulnerables ahora…

Un bar es el sitio donde uno se enamoró por primera o por última vez –quizá ambos extremos de la secuencia sean el mismo; quizá el amor no sea sino una larga concatenación de copas y resacas compartidas con personas distintas, buscando la verdad en el fondo de un vaso–, un lugar habitado por seres de una sensibilidad exquisita en la mayoría de los casos, capaces de escuchar por enésima vez historias de pérdida y de fracaso. Uno podrá estar solo en el mundo –abandonado hasta por el perro de Pavlov– pero siempre encontrará un camarero de guardia, un bar con los brazos abiertos.

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L'Avi

L’Avi

 

 

1 Kommentare

  1. vexcino dicen

    Putos bares: suciedad, ruidos, gritos, futbol, borrachos, inseguridad, precios desorbitados, apropiación del espacio público para fomentar un negocio privado-y además uno de los malos..a ver cuando la gente se congrega a cientos y vitorea y jalea de alegría inducida al leer una novela o escribirla… Muy idealizado todo…
    Pero en una cosa lleva razón les da igual cantar a pleno pulmón el ”cara al sol” que ”la internacional”, la cosa es joder al vecino.

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