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Daesh o el negocio de las armas

Un tanque del Daesh avanza por territorio sirio controlado por el Estado Islámico.

Por Ángel Álvarez Hernández. Domingo, 3 de abril de 2016

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El pasado Jueves Santo, el Papa Francisco lavaba los pies a once refugiados, ante unas mil personas, la mayoría de ellos musulmanes, y “se dirigió a los traficantes de armas, acusándoles de estar detrás de los atentados terroristas de Bruselas”, diciendo literalmente: “Detrás de ese gesto están los traficantes de armas, que quieren sangre, no la paz, que quieren la guerra y no la fraternidad… Detrás de Judas estaban quienes le habían dado el dinero para que Jesús fuera entregado… Todos nosotros juntos, musulmanes, hindúes, católicos, coptos, evangélicos, somos hermanos. Hijos de un mismo Dios y queremos vivir en paz, integrados”. El 6 de junio de 2015, Francisco (en Sarajevo, ciudad que sufrió un terrible asedio durante la guerra de Bosnia),  ya había dicho: “Todos hablan de la paz, algunos poderosos de la Tierra dicen cosas muy bonitas de la paz, pero por debajo venden armas”. De ser ciertas estas afirmaciones del papa se podría pensar que el mal llamado Estado Islámico (Daesh a partir de ahora), y otros grupos terroristas, serían una creación artificial para derrocar gobiernos, desestabilizar países, saquear sus riquezas y vender armas. Nada que ver con el islam o con los derechos humanos.

Estaríamos ante una gran estafa mundial alimentada por la mayoría de los medios de comunicación de masas, y que ha costado millones de vidas desde el 11 de septiembre del 2001. Según Francisco, algunos líderes mundiales y los traficantes de armas podrían ser responsables de genocidios, crímenes de guerra y de la destrucción de países y comunidades. Los grupos terroristas estarían compuestos por delincuentes, fanáticos y gentes desinformadas a las que se manipula y lava el cerebro para provocar estas guerras.

Millones de huérfanos, viudas, mutilados y jóvenes, habrían visto destrozadas sus vidas por culpa de un puñado de traficantes de armas y algunos líderes mundiales sin escrúpulos. El verdadero enemigo, no sería el musulmán, el cristiano o el chií, sino el ejecutivo que en la sombra mueve los hilos para crear ejércitos de fanáticos, suicidas y terroristas, para beneficiar a los traficantes de armas. El Domingo de Resurrección (una de las mayores fiestas cristianas), 72 personas murieron y más de 340 resultaron heridas, en un atentado terrorista dirigido contra esta comunidad en Lahore (Pakistán), en un parque infantil. De las 72 víctimas fallecidas 29 eran niños. El atentado fue reivindicado por terroristas de Jamaat-ul-Ahrar, un grupo talibán, cuyo objetivo era sembrar el odio entre musulmanes y cristianos, desestabilizando Pakistán. Por tanto, están también promoviendo la compra de armas. Un negocio que bajo la apariencia de legal, y siguiendo las palabras de Francisco, podría ser calificado de criminal.

Las diez empresas con mayores ingresos por la fabricación y ventas de armas (en millones de dólares), según datos de 2.014, son: Lockheed Martin (36.000) Boeing (27.610) BAE Systems (26.850) Raytheon (22.500) General Dynamics (20.940) Northrop Grumman (19.400) EADS (15.400) United Technologies, UTC (13.460) Finmeccanica (12.530) y L-3 Communications (10.840).

El atentado de París del pasado 13 de noviembre, supuso que el valor en bolsa de Lockheed Martin subiera un 6,36% y el de Raytheon un 4,7%. Lockheed Martin firmó un contrato de 1.170 millones de dólares, que incluía la construcción de ochenta cazas F-35A para Estados Unidos y sus aliados, siete cazas F-35B para Estados Unidos y el Reino unido, y otros cuatro F-35 para portaaviones estadounidenses. Antes del atentado de París, el 13 de noviembre el 2015, las ventas habían caído un 4,1% en 2014 en Estados Unidos y un 7,4%, en Europa Occidental. Estamos ante un gigantesco negocio que ha permitido a Lockheed Martin, el mayor fabricante mundial de armamento unos ingresos valorados en más de 34.000 millones de euros, una cifra que supera el Producto Interior Bruto de los 97 países mas pobres y que quintuplica el presupuesto de Naciones Unidas para misiones de paz.

La asociación británica Conflict Armament Research, una ONG, denunció en febrero de 2016 que Daesh fabrica bombas con materiales comprados a empresas de 20 países distintos, entre los que se encuentran Turquía, Irak y Estados Unidos, pero también China, Japón, India, Rusia, Rumania, Holanda, Suiza, Austria, República Checa y Brasil. Un 20% de las municiones empleadas por Daesh habían sido fabricadas en Estados Unidos, tras analizar 1.700 casquillos usados, según informó Conflict Armament Research. El Informe de ACNUR del año 2014 señala como los principales países compradores de armas a (en millones de dólares): Siria (3.900) Afganistán (2.600) Somalia (1.100) Sudán (666.666) Sudán del Sur (616.000) República Democrática del Congo (516.800) Birmania (79.000) República Centro Africana (412.000) Irak (369.900) y Eritrea (363.100).

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Milicianos del Daesh controlan un misil adquirido en el mercado negro.

El 2 de abril de 2013 la Asamblea General de la Naciones Unidas aprobó, con el voto favorable de 154 países, el Tratado sobre el Comercio de Armas, pero sólo 72 países lo han ratificado, y aún faltan Estados Unidos, Rusia y China (los tres principales países exportadores de armas). Después de los atentados terroristas ocurridos en París y Bruselas, la mayoría de grandes medios de comunicación han contribuido con artículos sensacionalistas a generar en Europa una ola de pánico, que recorre todo el continente y que ha llevado al crecimiento de la islamofobia, al miedo y la desconfianza entre la ciudadanía. Los gobiernos de Francia y Bélgica anunciaron que bombardearían al Daesh, pero los mayores atentados terroristas en número de muertos no se han producido en Europa, sino en países de mayoría musulmana.  El índice global de terrorismo o GTI es elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz (IEP)  de la Universidad de Maryland. El informe ha recopilado más de 125.000 casos de terrorismo y ocho países de mayoría musulmana figuran entre los diez primeros del listado por índice GTI: Irak – 10; Afganistán – 9.28; Nigeria – 9.21; Pakistán – 9.00; Siria – 8.11; India – 7.65; Yemen – 7.64; Somalia – 7.6; Libia – 7.29; y Tailandia – 7.28.

Daesh y sus franquicias (Boko Haram, los talibanes y otros) actúan en los primeros ocho países del ranking de terrorismo (Siria, Afganistán, Pakistán, entre ellos) ocasionando miles de muertos cada año, lo que demuestra que las principales víctimas del terror yihadista son musulmanes cuyos países están desestabilizados. Los atentados obligan a los gobiernos a realizar un gasto desproporcionado en seguridad y ejército, que impide que se realicen inversiones en escuelas, hospitales o infraestructuras y que solo beneficia a los traficantes de armas.

A diferencia de los grupos guerrilleros de los años 70 y 80, que reivindicaban una mayor justicia social en países como Nicaragua o el Salvador, combatiendo al ejército en las zonas rurales, los actuales grupos terroristas no reclaman una mayor justicia social o redistribución de la riqueza, sino una versión deformada y herética del islam, que oprime a las mujeres y los colectivos minoritarios, donde el individuo se ve reducido a la servidumbre y la sumisión, sin derechos sociales o democráticos. Daesh, y su mal llamada ideología salafista yihadista, tiene más que ver con la ideología nazi o fascista, que con el islam. Del nazismo y el colonialismo europeo, ha copiado sus técnicas brutales de tortura y exterminio de poblaciones que no le son afines, ya sean sean sunnies o minorías como los cristianos, yazidíes o chiitas, algo que constituye un delito de genocidio, que está prohibido en el Islam. Resultan proféticas estas palabras sobre la discriminación y el maltrato de las minorías:

“Cuando se hace daño a un ciudadano no musulmán en un estado islámico se me hace daño a mí, y el que me hace daño irrita a Dios. Yo soy adversario de quien haga daño a un ciudadano no musulmán en un estado islámico y yo seré también su adversario en el Día del Juicio” (Sahih Al Bujari). La estrategia siniestra de Daesh y sus aliados es crear una guerra mundial religiosa, siguiendo los siguientes pasos: 1. Asesinato en masa en países de Europa occidental, lo que justificaría el gasto militar en armamento de países como Francia, Alemania o Bélgica, que en represalia los bombardearía. Un gasto que repercutiría en las empresas armamentísticas; 2. Asesinatos en masa de cristianos en países como Pakistán, Nigeria o Kenia, para hacer estallar conflictos armados en estos países que serían así desestabilizados, y cuyos gobiernos se armarían hasta los dientes para defenderse, lo que nuevamente repercutiría en beneficios para las empresas armamentísticas; 3. Asesinatos en masa de chiíes, en países como Siria, Irak, Yemen o Pakistán para provocar una gran guerra religiosa entre las comunidades chiíes y suníes, que podría extenderse por Siria, Líbano e Irak, lo que haría más ricos a los vendedores de armas y mas pobres a estos países. Yemen vive una guerra con Arabia Saudí en la actualidad.

El objetivo de Daesh, como lo demuestran sus actos terroristas, es provocar un odio generalizado contra los musulmanes en todo el mundo, y en especial contra los sunníes, realizando actos terroristas que fomenten la islamofobia y el auge de la extrema derecha, para promover así la expansión de su herejía (mal llamada salafismo yihadista) entre los musulmanes de Europa, el Magreb y el África Subsahariana, para poder derribar las oligarquías locales de países como Túnez, Sudan o Mauritania, algo que ya han hecho en Libia, que en la actualidad es un estado fallido controlado por milicias armadas que se enfrentan entre sí, y con tres gobiernos diferentes.

Si Daesh triunfara, todo el Magreb se descompondría en diferentes califatos dirigidos por milicias armadas enfrentadas entre ellas que se dedicarían a la venta de los recursos naturales de estos países en el mercado negro, tal como ocurre ahora mismo en Libia. Es evidente que los compradores de petróleo en el mercado negro se beneficiarían de esta situación, al igual que los traficantes de armas. Sería muy fácil desarmar a Daesh si tenemos en cuenta que no tiene salida al mar y está rodeado por los ejércitos de Siria, Irak y las milicias kurdas, y sólo cuenta con una salida por la frontera turca. Sería suficiente con sellar la frontera turca para que no le llegasen las armas y las municiones. Pero parece que eso no interesa.

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