Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 51, Opinión
Comentarios 2

Carta a Gurb

Por J.L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

Estimado Gurb:

Te voy a contar la verdadera historia de Francisco Marhuenda. Ahí va:

Francisco Marhuenda García, también conocido como Acisclo Buenaventura Tres Cantos y Bofarull, al que sin embargo todos llamaban Dolorcitas, nació hombre pero era ornitorrinco. Aunque podía producir gametos masculinos y femeninos, él se sentía mamífero semiacuático desde que un médico le descubriera una pequeña cola de castor cuando le iba a operar de fimosis. Huyendo del ambiente opresor de su barrio, cuando cumplió dieciséis años se fue lo más lejos que pudo. Finalmente, se quedó a vivir en Sevilla y comenzó a trabajar en Nicolino, un famoso pub de la ciudad donde llegó a ser uno de los artistas mejor pagados por sus fabulosas imitaciones de Lola Flores. Tras la victoria socialista de 1982, Marhuenda, que era militante del partido y estaba enamorado secretamente de Alfonso Guerra, dejó Sevilla y se fue a Madrid tras los pasos de su amor. Como un trastornado Pulgarcito amoroso, Marhuenda siguió los pétalos de la rosa socialista que se le iban cayendo a Alfonso Guerra hasta llegar a colocarse como secretaria en el gabinete de la vicepresidencia. Allí, cerca de su amor platónico, Marhuenda era feliz. Sin embargo, en mayo de 1984, durante la celebración del cumpleaños de Alfonso Guerra en su casa madrileña, ocurrió un hecho que sería decisivo en su vida: Miguel Boyer, el ministro de Economía, regaló al vicepresidente las memorias póstumas de Herculine Barbín, el famoso hermafrodita francés que se suicidó en febrero de 1868 en París.

Enfrentado con Guerra, que preconizaba una política económica menos restrictiva, más propensa al aumento del gasto público, Boyer vio en la celebración del cumpleaños, a la que todos los miembros del gobierno estaban invitados, una buena oportunidad para acercar posturas, mejorar las relaciones con su jefe y, de camino, deshacerse de esas memorias que había encontrado dentro de la caja fuerte del despacho de José María Ruiz Mateos, en la sede central de Rumasa, durante la inspección posterior a la expropiación del holding. Al parecer, Isabel Preysler, con quien Boyer tenía una relación todavía secreta, le había puesto como condición indispensable para casarse con él, una vez divorciada del Marqués de Griñón, que se deshiciera de ese libro endemoniadamente perverso que tan poco pegaba con gente de su clase. En un momento de la fiesta, Guerra y el ministro del Interior, José Barrionuevo, comenzaron a mirar el libro y a reírse de las fotografías de Herculine Barbín con las que la editorial ilustraba las memorias y que fueron realizadas en 1860 por el célebre fotógrafo y amigo de Julio Verne, Nadar, durante el examen médico en el que se le encontró una pequeña vagina en su cuerpo masculinizado, así como un pequeño pene y testículos dentro de su organismo. A Marhuenda se le partió el corazón. No pudo soportar la insensibilidad de su amor ante un ser tan parecido a él, dejó su puesto alegando razones de salud y decidió volver al mundo del espectáculo. Probó suerte en televisión acudiendo a un casting para azafatas del concurso Un, Dos, Tres, responda otra vez, pero fue rechazado entre ignominiosas risas por la presentadora del programa con la impertinente excusa de que ya tenían completa la plantilla de humoristas. Triste y abatido, finalmente Marhuenda se enroló en las filas de la “Caravana de mujeres” solteras que fueron en 1985 al municipio oscense de Plan, en el valle del Chistau, acudiendo al anuncio que cincuenta solteros habían puesto en la prensa pidiendo mujeres. Se les había ocurrido al ver una película del oeste en la que los vaqueros de un pueblo californiano sin mujeres organizaban la llegada de un grupo de ellas para entablar relaciones. Marhuenda conoció allí a Unai Bujaruelo Pintado, un pastor de vacas de cuarenta y cinco años. En el primer baile que se organizó se enamoraron y Unai, que nunca había tenido relación carnal con una mujer, se lo llevó a la ribera del río Cinqueta donde descubrió, con gran sorpresa y enfado, que Marhuenda no era exactamente como él se habia imaginado que sería una mujer en la intimidad. Y no es que quisiera una mujer perfecta como las de las revistas que se intercambiaban entre los mozos del pueblo, no. Pero es que aquello pasaba de castaño oscuro, como le dijo a Marhuenda antes de pegarle la paliza que le pegó. Tras este nuevo fracaso sentimental, Francisco Marhuenda decidió dejarse ya de tonterías y hacerse del PP donde José María Aznar lo crió amamantándolo personalmente hasta que lo tuvo que pasar a Mariano Rajoy, quien siguió amamantándolo hasta que alcanzó la edad de merecer.

Y tanto mereció este hombre, Gurb, que hasta ha merecido el nombramiento de Ornitorrinco Honorífico de la Policía Montada del Panamá.

Tuyo afectísimo:

José Luis Castro Lombilla

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

2 Kommentare

  1. Lombilla dicen

    ¡No sabes qué hacer para que te invite a comer, malandrín!
    En fin, que ya que estamos en el día que estamos, te diré que nunca fuera mariquita sevillano de amigos ilustres tan bien obsequiado… Muchas gracias, Paco y el honor como sabes es mío. Un fuerte abrazo y viva MAX AUB, naturalmente.

  2. Paco Cisterna dicen

    Supongo que Marhuenda no formaba parte del jurado. Enhorabuena, Jose Luis. Es un honor escribir a pie de página de todo un premio Max Aub. Felicidades.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *