Artsenal, Humor Gráfico, Marjo Garel, Número 51, Opinión
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Caníbales del siglo XXI

Por Marjo Garel / Viñeta: Artsenal

MARJO GAREL

Marjo Garel

¿Cómo definiríamos el canibalismo hoy en día? La segunda acepción según el Diccionario de la Real Academia Española es “ferocidad o inhumanidad propias de caníbales”. No es que ande yo pensando en llamar a la  puerta de mi vecino y en cuanto abra, darle un bocado al brazo. No van por ahí los tiros. Más bien me refiero a la actitud de la Unión Europea que trata así a los seres humanos, al no acoger a los exiliados por la guerra de Siria, y deportándolos a Turquía. La forma cruel en que son recibidos y devueltos a aquel país ya ha sido acreditada por las oenegés que trabajan en el terreno. Me refiero a esta Unión Europea que ha permitido que les retiraran a los refugiados los pocos fondos que les quedaban después de pagar a los piratas y a las mafias precios exorbitados por su traslado a Europa. Una gran mayoría no consigue llegar y paga con su vida la travesía. No han hecho falta hornos crematorios, ni un nuevo Mauthausen. Ha sido mucho más fácil, dejarlos ahí, pegados a una valla que no pueden atravesar, mal alimentados, viviendo a la intemperie, entre plásticos y detritus, contemplando el horror en el rostro de los niños al recibir el “saludo” de esos policías con el escudo levantado para “protegerse” mientras dejan caer sus porras a diestro y siniestro, sin mirar qué y contra quiénes cargan, en un totum revolutum de lágrimas de niños, de padres impotentes ante el escarnio que sufren sus hijos y ellos mismos. Confiaban en llegar a una civilización que les amparara del horror que dejaban atrás, más el dolor por sus familias destrozadas, pero se encuentran ahora con el maldito tratado firmado. Los deportaremos  “en frío o en caliente”, que el caldo en que se cuecen dará lo mismo, sin importarles si son mayores o menores, mujeres embarazadas, niños recién paridos o bebés, impotentes todos ellos ante la incomprensión de quienes esperaban ayuda. Y se encuentran atrapados entre alambradas y concertinas, expuestos a la muerte, a las enfermedades y a las inclemencias del tiempo, sin nada que les caliente del frío exterior y del interior, que aún paraliza más, por no entender la inhumanidad de la que son objeto.

Se han quedado sin nada en su país, y si vuelven, tanto da que sea el Daesh o el gobierno en cuestión, lo más probable es que la mayoría no vuelva a llorar jamás, porque sus ojos ya no tendrán lágrimas después de la bala, la horca o el hacha. Pocas esperanzas les quedan. De nada sirve que los ciudadanos de Europa se levanten en contra de estas medidas.  Los capitostes sí tienen bien servida la mesa, nos han recortado hasta la respiración, nos ponen un impuesto al sol pero tienen a buen recaudo sus fortunas en Panamá, seguro que levantadas con “el sudor de la frente de alguien”, pero no con el suyo. Poco a poco, de cada ladrillo que se puso en esta burbuja que estalló, van surgiendo, nombre tras nombre, esa nueva élite que nos dio un trabajo entonces, que nos permitió hipotecarnos y cuando esta pinchó (o hicieron que pinchara) nos dejó en la estacada, con la hipoteca y sin casa donde guarecernos, pero bien servidas en bandeja de plata a los fondos buitre y guardando a buen recaudo sus fondos.  No nos tratan mejor que a los sirios o a los inmigrantes, sean de la raza que sean, solo que no pueden enviarnos a Turquía a todos, para que ésta, en una transferencia indigna, nos devuelva también a Siria.  Les estorbamos, necesitan mano de obra, no barata, no, lo que necesitan son esclavos para seguir engrandeciendo sus fortunas y predicando que nos conformemos con menos, diciéndonos que no hay dinero para la atención de los mayores, para los parados a quienes se les acaba el paro, para los pensionista, mientras han vaciado la caja del fondo existente para ellas y nos dejan un panorama desalentador para nuestros jóvenes, que ven cómo se amplía la edad de jubilación sin dar paso al empleo juvenil.

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Artsenal

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2 Kommentare

  1. Manuel García Elbal dicen

    Lo has dejado bien claro, a ver si poco a poco vamos quitando caretas, abriendo ventanas y limpiando la porquería.

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