Artsenal, Humor Gráfico, Número 52, Opinión, Xavier Latorre
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Algunos, pobres, no se enteran

Por Xavier Latorre / Ilustración: Artsenal

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Xavier Latorre

Hace un montón de años, en uno de los conflictos sociales recurrentes en la Argentina, podía verse a un grupo de piqueteros (huelguistas) enarbolando una pancarta que rezaba: “Bienvenida clase media”. Los desheredados de la tierra recibían con los brazos abiertos a los que habían tenido en su día un empleo bien remunerado, un horario laboral aceptable y un horizonte de estabilidad más o menos seguro. En Estados Unidos, la suma de las personas que bordean los lindes de la pobreza y los millonarios superan ya la cifra de habitantes instalados en esa zona de confort conocida hasta ahora como clase media. Esa sería una de las razones por las que el republicano Donald Trump y el demócrata Bernie Sanders (movilizando a una insólita izquierda norteamericana) tienen predicamento en las primarias de su país. Allí, la extrema derecha ha pescado en los caladeros de las personas más vulnerables con mensajes xenófobos y con recetas ultraconservadoras emanadas de un rico excéntrico que se está pagando el capricho de aspirar a la Casablanca. ¡Pobre rebaño!

La clase media, una especie a extinguir, que antes podía pagarse un piso, un coche, un apartamento, la educación de los hijos, un viaje por el extranjero e incluso arreglar la casa de los padres en el pueblo, ha sido desvalijada y abandonada a su suerte a la intemperie. A esos “nuevos pobres” les han cercenado derechos laborales, les han recortado servicios públicos y les han precarizado el empleo y, encima, les han recomendado no quejarse por si acaso. En la barra de un bar observé a unos currantes cómo demonizaban a los sindicatos con dos o tres ejemplos negativos restregados hasta la saciedad por cierta prensa interesada. Habían caído en la trampa. Para aquellos desdichados tipos, la nueva clase corrupta, los evasores y los políticos a sueldo del mandamás no eran culpables de nada. Esos individuos son los ingenuos primos de los que se nutre la nueva derecha. ¡Pobres inocentes!

La proletarización de esas amplias capas de la población ha dejado un amplio rastro de desesperación, desolación y resignación de la barata en toda Europa. Polacos, daneses, austriacos y franceses, entre otros, han apoyado masivamente esas aventuras egoístas y reaccionarias. La crisis de los refugiados ha hecho que muchos partidos minoritarios se hayan frotado las manos. Cuando el miedo se instala en nosotros es cuando hacen el gran negocio los grandes financieros y algunos políticos corruptos sin escrúpulos. ¡Vaya plan! Estamos a su merced. ¡Pobres europeos!

Esas clases medias asfixiadas son las que votan a los partidos de extrema derecha pensando garantizar sus cada vez más escasos privilegios. Lo mismo pensaban los italianos de Berlusconi, un tipo al que ya nadie añora. Los multimillonarios se siguen enriqueciendo a nuestra costa y muchos, como Donald Trump piden, en el colmo de la desfachatez, hasta el voto. Esos presuntos salvadores de la patria, como el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, son un peligro real para la convivencia y la tolerancia. En España, la angustia social y la fuerte brecha social abierta puede provocar que cometamos locuras como la de votar a quien no toca las próximas elecciones. En Grecia, extenuados por tantos recortes y sacrificios, no se dejaron engañar. Aquí nos querrán marear la perdiz con esta especie de segunda vuelta.  ¡Pobres nuevos pobres!

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