Humor Gráfico, Joaquim Bosch, Luis Sánchez, Número 52, Opinión
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A pie de calle

Por Joaquim Bosch / Ilustración: Luis Sánchez

JOAQUIM BOSCH 2

Joaquim Bosch

Cesto podrido. Estuve en el programa Cintora a pie de calle, de Cuatro. Me encantó. El ritmo, los contenidos, la forma de conducirlo de Jesús Cintora. Hay un momento que me pareció especialmente interesante y es cuando habla el fiscal Pedro Horrach y luego también opina mi compañero Pepe Castro, el juez instructor del caso Noos. El contraste entre los dos no requiere más comentarios. Hablé acerca de las investigaciones judiciales sobre corrupción, que demuestran que no estamos ante unas cuantas manzanas podridas. Lo que está podrido es el cesto. Tenemos un sistema institucional que favorece que los corruptos roben a la sociedad, sin que el poder político lo haya querido cambiar, a pesar de las quejas de las asociaciones de jueces y de fiscales. Si además luego pueden esconder el dinero en paraísos fiscales, asistimos a la legalización de la corrupción. En el siglo XIX Larra escribió que aquí escribir es llorar. Puedo añadir que ser juez en 2016 es desesperarse ante injusticias demasiadas veces imparables. Pero hay que seguir haciendo lo imposible para avanzar hacia lo que es posible. Actuar contra la corrupción a menudo es darse contra una pared. Pero no hay más remedio que perseverar, antes de que la pared acabe cayendo sobre nuestro sistema democrático para aplastarlo.

¿Ciudadanos corruptos? Tengo la impresión de que también existe un electorado corrupto. Hay gente que vota de buena fe y no acaba de ver lo que se tendría que ver. Pero también he visto en determinados municipios que se han reelegido alcaldes claramente implicados en temas de corrupción. Sin duda, hay votantes que simpatizan con esas prácticas, probablemente porque harían lo mismo si pudieran. No siempre los políticos corruptos tienen toda la culpa.

Franquismo latente. Recuerdo un artículo del subdirector de El Periódico sobre cómo la Transición no fue capaz de desmontar las estructuras corruptas del franquismo. Ello explica que muchas de estas continuaran tras la dictadura. Y que incluso se reforzaran en determinadas épocas, como la actual. El autor cita directamente la película de Berlanga. Voy a ver si localizo el artículo, que es de lo mejorcito que he leído.

Tolerancia cero con la impunidad. Que aparezcan corruptos en distintos partidos no me parece preocupante. Una formación política no puede controlar siempre a todos sus afiliados. Lo más relevante es la actuación posterior del partido cuando aparece un caso de corrupción. Ahí la ciudadanía sí que debería distinguir y ser especialmente exigente.

Panamá, “una cultura jurídica distinta”. El ministro de Justicia es especialista en cambiarle el nombre a las cosas, para suavizar lo negativo y justificar lo injustificable. Más valdría que el Gobierno hubiera impulsado ya iniciativas en la Unión Europea para aplicar medidas coercitivas y sanciones desde el derecho internacional para acabar con los paraísos fiscales.

Cinismo legislativo. El poder político ha incrementado las penas de casi todos los delitos, pero no las de corrupción. Eso es una elección y no una casualidad.

Romanticismos. En el siglo XIX Larra escribió que aquí escribir es llorar. Puedo añadir que ser juez en 2016 es desesperarse ante injusticias imparables.

Un sindicato sospechoso. El control político de la Fiscalía llevó al auge de la acusación popular y de Manos Limpias. Lo dije en Al Rojo Vivo.

Justicia gratuita. Es un abuso tener que pagar ante los tribunales para defender los derechos y para reclamar lo que se cree justo.

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Luis Sánchez

Luis Sánchez

 

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