Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 52, Opinión
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Carta a Gurb

Por J.L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

Estimado Gurb:

Como sabrás, el líder de Podemos además de político es también un formidable showman capaz de amenizar con sus ingeniosas intervenciones el mítin más aburrido. Y sin duda recordarás algunos de sus últimos números en los que gracias a su proverbial humor fue capaz de levantar a millones de enfervorizados adeptos que además de aplaudirle muchísimo y gritarle tío bueno, viva la madre que te parió, tus cutículas capilares son las más lisas y sedosas del mundo y otras cosas igualmente bonitas y sentidas, también le besaron en la cara, las corvas y el periné. Muy comentado fue desde luego el espectáculo que dio hace poco en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense, en el que después de contar chistes, tocar una bocina, echar agua con la flor que llevaba en la solapa de su enorme chaqueta roja y estampar tartas contra la cara de algún compañero, Pablo Iglesias también se mofó de un periodista de El Mundo acusándole de publicar noticias falsas para medrar en su trabajo…

O esa otra, más divertida y sonada aún, en la que el secretario general de Podemos, alegrándose de la salida de la cárcel del líder de la izquierda abertzale Arnaldito Otegi, le reconoció su enorme contribución en el proceso para acabar con el terrorismo de ETA afirmando, además, que sin personas como él no habría paz.

Quizás por todo esto es por lo que el fantasma del mismísimo don Miguel de Cervantes, que anda estos días como sabes conmemorando los 400 años de su muerte, le ha dedicado a este gran líder un precioso soneto titulado:

AL CÚMULO DE TONTERÍAS DEL REY PABLO I EN SUS MÍTINES

“¡Voto a Dios que me espanta esta bajeza
y que diera un doblón por describilla!
Porque ¿a quién no suspende y maravilla
esta coleta insigne, esta simpleza?

“Por Jesucristo vivo, cada boutade
vale más de un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh gran Bolívar!,
Venezuela triunfante en ánimo y vileza.

“Apostaré que el ánima del muerto (Hugo Chávez, se entiende),
por gozar estos mítines, hoy ha dejado
la gloria comunista donde hoza eternamente”.

Esto oyó un perroflauta y dijo: “Es cierto
cuanto dice voacé, seor gurbiano,
y el que dijere lo contrario miente”.

Y luego, incontinente,
caló la gorra revolucionaria, requirió la pancarta morada,
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

(Bueno, sí, hubo un tufillo bastante desagradable, la verdad).

Tuyo afectísimo:

José Luis Castro Lombilla

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