Artsenal, Humor Gráfico, Número 49, Opinión, Xavier Latorre
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¡Vaya mierda!

Por Xavier Latorre / Ilustración: Artsenal

Xavier Latorre

Xavier Latorre

Unos malhablados, sí. Algunos de los que aparecen en los medios de comunicación, pillados in fraganti por medio de grabaciones inoportunas, recitan demasiadas palabrotas. Una vez se sienten amenazados o descubiertos por sus embrollos les da por recitar vocablos malsonantes relacionados con las heces, el trasero o el acto de defecar. Vaya, en resumen, que una vez han visto cómo la han cagado de verdad recurren a remover toda la mierda a su alrededor para ver si le alcanza al de al lado y ellos se libran de esos malolientes asuntos. ¡Deslenguados! Coprolalia (también llamada cacalalia) viene del griego y une la palabra heces con el verbo balbucear. Este término describe, dicen, a personas que sueltan frases consideradas inapropiadas en el ámbito social. Esta patología se puede deber a un alto grado de estrés cuando se tiene el habla incontrolada.

No sé si será el caso, pero con el caso Taula se han oído palabras vulgares de forma reiterativa. Así, el que fuera vicealcalde de Valencia, Alfonso Grau, le comenta a su mujer, una exconcejala popular, refiriéndose a la propia Rita Barberá: “Se ve que se le quema el culo, pues que se le queme, que ya está bien”. Lenguaje, además, cien por cien fallero. A María José Alcón, la mujer de Grau, se le oye en una conversación telefónica con su hijo, también intervenida, que “está la alcaldesa cagada”. Grau, muy harto, en otro pasaje de estas conversaciones llamémoslas  “coprofónicas”, exclama: “Que se entere todo el mundo de la puta mierda que es esto”.

Los valencianos somos, qué le vamos a hacer, propensos al lenguaje escatológico, y estos señores del escándalo de corrupción generalizado en la ciudad de Valencia son una demostración palpable de ello. Veamos unos cuantos ejemplos: en valenciano, para referirse a que un hijo es un calco de su padre, decimos “eres cagat a ton pare”; para mostrar sorpresa (como cuando un conocido aparece en la prensa por una tropelía indecorosa) exclamamos “pa cagar i no torcar-se“, o sea, y no limpiarse; para describir un acto de avaricia (como el que muestran muchos de los encausados en estas redes “corruptelares”) proferimos “no menja per no cagar”, o sea que no come para no tener que ir al cuarto de baño, dicho sea en castellano fino; para representar que se tiene un temor atroz a que te pille la policía blanqueando dinero por órdenes de los de arriba del partido lo expresamos como “cagar-se de por”, de miedo; por último, cuando uno va de aquí para allá, sin rumbo fijo, desnortado, los valencianos lo resumimos gráficamente como “anar com cagalló per sèquia” (ir como las heces flotando sobre el agua de una acequia de riego).

Nuestra reina Letizia, nada sospechosa de ser valenciana, se ha sumado a esta moda de usar un lenguaje poco cortesano. Su “lo demás merde enviado al móvil del ricachón López Madrid, que tiraba de una tarjeta black de Bankia, demuestra que en la intimidad muchos hablan de forma más soez que cuando clausuran un simposium científico. Letizia era una plebeya que levantaba admiración porque era una chica del montón, parecía un mujer de lo más normalita que hacía buenas a todas las españolas divorciadas. La periodista Letizia tenía un piso normalito en un barrio ni fu ni fa que se pagaba con sus ahorros. Ahora, aparentemente, ya no es la misma. Es más distinguida y vive agasajada por personajes todopoderosos del mundo de las finanzas. Esta cenicienta española suponemos que encarnaba a una chica de su tiempo. Ahora ha mostrado sus preferencias sociales. Letizia ha tomado partido por un millonario sin escrúpulos. Un valenciano, no necesariamente corrupto, diría sin remilgos: “Xé, aneu-vos tots a cagar a la via, collons” (iros todos ya a… a la vía del tren). Pues eso.

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