Becs, Humor Gráfico, Javier Montón, Número 48, Opinión
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Turismo de tribunales

Por Javier Montón / Ilustración: Becs

Javier Montón

Javier Montón

“Si hoy es martes, entonces esto es la Audiencia de Palma”. Si el ocio de los ricos se desliza sobre la nieve y chapotea en champán francés, el tiempo libre de los presuntos está consagrado a una nueva forma de turismo que podríamos denominar “de tribunales”. Se trata de la última aportación española a la industria que supone nuestra principal fuente de riqueza. Viene a complementar el turismo de salud, el turismo cultural, el religioso, el de aventura… y así hasta los veinte tipos de turismo que recoge la Wikipedia, entre los que yo destaco, sin lugar a dudas, el “turismo de diversión”. Tiene sentido el término: ya que te vas de viaje, por lo menos habrá que intentar divertirse. Nada que objetar a la definición; es sincera, va de frente y no engaña. Pues bien, como habrán imaginado, el turismo de tribunales consiste en recorrer España de audiencia en audiencia, de palacio de justicia en palacio de justicia, siguiendo la agenda que organiza el equipo de abogados en función de las citaciones que el justiciable va recibiendo. Es preferible haber delinquido en comarcas que reúnan algún atractivo que las haga especiales o pintorescas. Qué sé yo, un castillo, un museo curioso, una gran pinacoteca, incluso un selecto restaurante de esos que deconstruyen los platos y te destruyen la tarjeta de crédito. Principalmente, ciudades alejadas de las zonas en conflicto y libres de toda plaga animal o riesgo de desastres naturales.

Hemos visto recientemente a un experto en estas lides, Alfonso Grau, toda una vida como vicealcalde de Valencia a la sombra más ensanchada que alargada de Rita Barberá, complementar a las mil maravillas su par de imputaciones: casos ‘Noos’ y ‘Taula’. A Grau, un precursor, un pionero, un día le detienen en Valencia y se niega a declarar ante el juez; al poco, el Telediario le exhibe sentado en el banquillo de la audiencia de Palma junto a ilustres de sangre azul, ex ministros y gentes de muchas cifras y no menos letras. Se dio el caso de que el juez de Valencia tuvo que posponer su citación porque ya tenía reserva para la vista del ‘caso Noos’. No digan que no es bonito que te quiera tanta gente. Y no es fácil este papel. Hay que estar muy centrado para no perder el oremus y, en plena desorientación, soltarle de carrerilla al magistrado valenciano que no conoces de nada a Iñaki Urdangarin y al de Mallorca que no sabes qué es eso de los ingresos de 1.000 euros devueltos en dos billetes de 500. De hecho, por no saber ni sabías que existiesen los billetes de 500. Has de tener la cabeza muy fría y la sangre de horchata para recordar cuándo has de callar y cuándo cantar. Lógicamente, la agenda es fundamental en el turismo de tribunales. Si se diseña con eficacia se puede pasar una semana en las islas al calor de este invierno tan benigno y, a la vuelta, subir de nuevo al avión y plantarse en la Ciutat de la Justícia para insistir en que no vas a declarar.

Si la idea acaba cuajando, puede estudiarse la idea de fletar vuelos chárter para desplazar a los procesados, familiares, amigos y partidarios, y a la pléyade de abogados, asesores, periodistas de investigación y de los de toda la vida, tertulianos y curiosos que dan sentido y color a cualquier juicio. Si hay algún emprendedor que me esté leyendo, le cedo gustoso la idea. La corrupción nos sacará los colores pero pondrá los cimientos de la recuperación.

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