Humor Gráfico, Igepzio, Número 48, Opinión, Rosa Palo
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Pornografía sentimental

Por Rosa Palo / Ilustración: Igepzio

ESTHER-BAEZA-(ROSA-PALO)

Rosa Palo

En lo más crudo del frío invierno. Tenía ganas de empezar un artículo con esta frase, pero aquí el invierno no ha sido ni crudo ni frío. Ni siquiera ha sido invierno. Paradójicamente, el único fin de semana en el que han bajado un poco las temperaturas me he puesto enferma, y he descubierto que vivir en este Miami perpetuo me ha convertido en una orquídea. Ya no soy ni un limonero enamorada de un abeto, que escribió la Matute; he derivado en planta tropical.

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Julián Contreras, Julianín, dice que él es muy empático. Yo también, por eso utilizo la empatía de Julián y la poca vergüenza de sus secuestradores, que le mantienen a él y a otros supuestos famosos como rehenes en una casa en Guadalix de la Sierra, para evitarme sufrimientos. Todo me turba, todo me espanta, y ni Santa Teresa me basta. Sólo una ración de GH VIP por allí, un poco de ¡HOLA! por allá: el mundo rosa como cataplasma para el dolor, o por la frivolidad hacia la cicatrización del alma. A mí me funciona, aunque solo a ratos: hasta yo, capaz de consumir ingentes cantidades de basura, perezco de vez en cuando ante tanta subnormalidad. ¿Qué harán, entonces, los listos, los que desprecian la pornografía sentimental, los comprometidos, los intelectualos, para evitar el dolor? Supongo que hacer uso y disfrute de esa caterva de programas sobre política donde se grita, se insulta y se difama más que en un Sálvame De Luxe y que harían sonrojarse a la mismísima Carmina Ordóñez, madre de Julianín, si levantara la cabeza. El Dios catódico es misericordioso y tiene mierda para todos. Hasta para los listos.

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Esto no es una columna. Y no lo dice Magritte, lo digo yo. No es una columna con su basa, su fuste y su capitel, estructurada en torno a un tema; es un trencadís, un mosaico de azulejos rotos. Y me está quedando muy intensita. Porque los intensitos escriben artículos desarticulados como éste, columnas impresionistas donde comentan sus lecturas, sus viajes (que ellos no son turistas, que son viajeros, y ya, el máximo absoluto, nómadas), sus conferencias, sus polvos, sus pesares, sus desveles intelectuales y sus noches insomnes, que está mal visto que un intensito duerma como un ceporro. Los intensitos parten de la base de que a ellos no les interesa lo que le pase a Belén Esteban, pero lo que les pasa a ellos sí nos interesa a nosotros. Pornografía sentimental y hasta intestinal, pero de qualité. Lo peor es que de vez en cuando leo a alguno.

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Ventajas de tener hijos: engancharse sin complejos a los dibujos de Historias corrientes (me he enamorado del protagonista y ni siquiera es humano, no sé ni lo que es; un arrendajo azul –leo–; tampoco sé lo que es; un pájaro –sigo leyendo–) y de Hora de Aventuras. “¡Insensato! ¡Tus ideas de modernito nos matarán a todos!”, le dice un viejo al niño Finn. Éste, al menos, sí es humano.

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Toda esta sarta de tonterías viene por no escribir sobre los refugiados, que es el tema que nos ha sugerido el jefe. Pero es que los veo en la frontera (en cuál, en la que sea, los refugiados siempre están en la frontera) y me duelen como cristales en el estómago. Por eso escribo de otras cosas, por eso veo otras cosas, para refugiarme de los refugiados. Porque eso sí que es pornografía sentimental y política pero, sobre todo y por encima de todo, es algo obsceno, injusto, terrible. Y sufro porque soy muy empática, y me maldigo porque también soy muy inane y no hago nada al respecto. Como Julianín.

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Igepzio

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