Artsenal, Humor Gráfico, Número 48, Opinión, Xavier Latorre
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Lesbos, una megapatera

Por Xavier Latorre / Ilustración: Artsenal

Xavier Latorre

Xavier Latorre

España es uno de los países, concretamente el penúltimo de toda Europa, que más dificulta los trámites de asilo. Además, nuestro país deniega más de la mitad de las solicitudes que se formalizan por parte de personas aterrorizadas y perseguidas que llaman a nuestra puerta. El drama humanitario de los refugiados de conflictos perennes como Siria no entraba en la agenda de los juegos florales de Pedro Sánchez en su frustrado camino a la Moncloa. La isla de Lesbos queda en la otra punta de la gran fosa común que es el Mediteráneo.

Reconozco que este debate de investidura fallido, en principio, tenía mucho morbo. Puede ser el primero desde la transición democrática que no prospere y que devuelva a los corrales al candidato a presidente. Era el debut en plaza parlamentaria de dos jóvenes valores con sus numerosas cuadrillas de parlamentarios. Los cuatro protagonistas principales pugnan por titulares favorables que les permitan canjearlos un día de estos por un mayor crédito demoscópico.

No debería hablar de si me pareció tongo el cuerpo a cuerpo del aspirante contra el que ostenta el título. Por menos de lo que se dicen a la cara en el debate, una pareja entra en crisis y se plantea la convivencia conjunta y el régimen matrimonial. Con desaires similares unos amigos dejan de llamarse asiduamente. Con tales improperios, un padre le da el pasaporte a un hijo y le dice que se busque la vida en Londres o Berlín. Con unas observaciones de ese calibre alguno que conozco ha perdido el trabajo y se ha tenido que reinventar en otro oficio. Aquí podría ocurrir, no me extrañaría en absoluto, que, después del espectáculo mediático, los contendientes del PP y del PSOE fumaran la pipa de la paz y descubrieran que pueden soportarse e, incluso, llegar a pactos de legislatura. Ahora hablan de hacer los deberes en una semana, quince días o un mes, mientras se han tirado años dando largas a cuestiones que deberían haber resuelto por sí solos ellos mismos.

Los tertulianos han afilado sus lenguas. Se han agitado en sus butacas y han sufrido convulsiones en medio de los platós televisivos. Ellos nos han hecho creer el relato impuesto desde arriba. ¿Se creen ustedes que Rajoy y Sánchez no han hablado varias veces, aunque sea con mediadores cualificados, parecido a la forma en que Rajoy despacha con Cameron? ¿Piensan que los chicos de Podemos no intuían que los socialistas se la podían pegar con Ciudadanos? Ahora toca, suponemos, demonizar a Podemos, extraerle un poco más de jugo al conflicto catalán, invocar el IBEX 35 y recibir las consabidas consignas de Europa para claudicar. Van a hacer un reforma exprés de la arquitectura institucional durante dos años y pico y luego de las chapuzas correspondientes convocarán nuevas elecciones para recuperar, o eso piensan, parte del territorio electoral perdido. Sus asesores ya están revisando nuevas chuletas para proveer a sus jefes de filas de citas grandilocuentes y réplicas magistrales para el próximo debate. La doble vuelta electoral se juega en la carrera de San Jerónimo. En unos días más de lo mismo.

Yo no debería hablarles de todo esto porque la crisis de refugiados es más acuciante y deplorable. Esa situación de emergencia social, al parecer, no merece ser abordada en el proceso de selección de presidente de Gobierno. Ese tema quema y no da votos; o mejor aún, los resta. Europa se descompone porque le falta urgentemente una transfusión de solidaridad. Los sirios no tienen voz en este auto sacramental político. La acogida de refugiados quedará relegada a una subcomisión parlamentaria en el próximo período de sesiones. Bastante tienen ellos, los refugiados, con no perecer ahogados en el mar o quedarse titiritando de frío ante una empalizada de alambre y púas. Son como un desesperado tuit perdido en un bochornoso hashtag que no recibe atención alguna por parte de nadie. Los cruceros de recreo deberán dar un rodeo para esquivar la isla de Lesbos. ¡Qué contratiempo, veas tú!

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Artsenal

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