Artsenal, Humor Gráfico, Javier Montón, Número 48, Opinión
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Esperpento, pero sin querer

Por Javier Montón / Ilustración: Artsenal

Javier Montón

Javier Montón

Camps el iluminado. Salió ayer en la tele un hombre imitando a Joaquín Reyes. Vestía chaqueta, camisa y corbata azules. Pantalón no sé, pero supongo que sí. Estaba de pie y hablaba frente a un atril con micrófonos. Movía las manos como un espantapájaros, arriba y abajo, abajo y arriba, y hablaba en voz alta; a veces elevaba tanto el tono que bordeaba el gorgorito. Hubiera pensado que decía algo importante si no fuera porque reprimía la sonrisa a duras penas, siempre a punto de escapársele. Por lo poco que entendí, vino a suplicar a la policía que no le detenga, que si le llaman a declarar él va donde sea y las veces que haga falta, pero detenido no, por favor, que tiene claustrofobia. Como el alumno que le entregaba el almuerzo todos los días al matón en el patio pero le pedía que no le pegase. Y luego, cuando llegaba su hermano mayor (Fernández Díaz, el ministro del cilicio y la porra), se chivaba y le exigía que le diese su merecido. “Cuéntame qué guardia civil habla con la prensa y dile algo, que estoy más que harto”. Sobreactuó también sobre unas rosquilletas, una tal Rita y una mano en un fuego. Y se despidió saludando y sonriendo, ahora ya sí sin complejos, después de dejar caer que está pensando ser otra vez el delegado de la clase.

Sanidad insalubre. La salud es lo que importa: los cuatro consellers de Sanidad del Gobierno autonómico del PP desde 200 a 2012 están hoy imputados, procesados o en prisión.

Lo del Madrí. Oiga, la llegada de Zidane ha sido mano de santo

Una duda. En serio, ¿alguien se pone a contar las campanadas para saber qué hora es?

Normalización anormal. Una calle de Castellón que se llama Antonio Ferrandis (actor) ahora también se llama Antoni Ferrandis (actor). Ese catetismo tan nuestro (español, valenciano o castellonero, qué más da). Que sus abuelos, sus padres, sus hijos, sus compañeros, sus amigos y su familia le llamasen Antonio –por supuesto, también él mismo– es irrelevante para que el capataz de los rótulos decida que de ahora en adelante, al menos en Castellón, será Antoni. Normalización lingüística forzada, y por tanto ineficaz.

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