Alaminos, Editoriales, Humor Gráfico, Número 49, Vicente Bohigues
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Editorial: Esos oscuros personajes que pululan por la Corte

Ilustración: Bohigues / Jorge Alaminos. Viernes, 18 de marzo de 2016

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Cuando los españoles aún no se han recuperado del shock que supone ver a una infanta sentada en el banquillo de los acusados, como una procesada más, estalla un nuevo escándalo en Zarzuela: el de los SMS que los Reyes de España cruzaron con el empresario Javier López Madrid, uno de los implicados en el escándalo de las tarjetas ‘black’. Desde el primer momento, la Casa Real ha tratado de restar importancia a este hecho, poniendo como excusa que la amistad de los monarcas con el sospechoso industrial hace tiempo que se ha roto. Sin embargo, apenas unas horas después del comunicado autoexculpatorio de Zarzuela, la coartada fue desmontada por algunos medios de comunicación con nuevas pruebas, de manera que todo apunta a que la relación sigue existiendo con las nocivas implicaciones que ello tiene para la ya tocada y maltrecha imagen de la Monarquía española. No está de más recordar el chat enviado por la reina Letizia a su “compi yogui” (lo de yogui nada tiene que ver con el famoso Oso Yogui de los dibujos animados, sino con las clases de yoga a las que por lo visto asistían la reina y su amigo): “Te escribí cuando salió el artículo de lo de las tarjetas en la mierda de LOC [La Otra Crónica del diario El Mundo], y ya sabes lo que pienso, Javier. Sabemos quién eres, sabes quiénes somos. Nos conocemos, nos queremos, nos respetamos. Lo demás, merde. Un beso compi yogui (miss you!!!)”.

La Monarquía queda seriamente dañada tras conocerse que los reyes mantienen una peligrosa amistad con uno de los imputados en las tarjetas black

Si realizamos un estricto examen semiótico de los correos electrónicos de la discordia, sin dejarnos llevar por el aspecto político, llegamos a una serie de conclusiones nada tranquilizadoras para la mayoría de los españoles, que hasta ahora tenían una idea formada de sus reyes como personas jóvenes, serias y responsables, muy alejada del espectáculo de enredo de los últimos días: Uno: que existe una amistad más allá del simple conocimiento del empresario, una relación tan estrecha que incluso hay sesiones de yoga, cenas íntimas y reuniones habituales entre los tres personajes de la historia. Dos: que el lenguaje soez, por no decir tabernario, con el que se expresa su majestad la reina doña Letizia, sorprende, dice muy poco en su favor y rompe con la imagen que hasta ahora teníamos de ella de mujer culta e inteligente que sabe medir bien sus palabras, una profesional de la comunicación y el periodismo a la que se le supone dotada de la habilidad suficiente como para no pillarse los dedos con textos comprometedores de esta guisa. Tres: que el Rey Felipe VI, al decirle a su amigo que prefiere tener un rato para charlar con él “sin intermediación electrónica ni telefónica”, deja entrever ciertas reservas a expresarse mediante chat, como si tuviera algo que esconder, y un Rey de España no tiene nada que ocultar ni debe andarse con subterfugios ni con tantas precauciones. Para alimentar aún más la sombra de sospecha que en nada beneficia a la Casa Real, López Madrid llega a contestar: “Os lo agradezco mucho. En el futuro extremaré el cuidado, vivimos en un país muy difícil y seré aún más consciente de mi conducta”. Cuatro: que ante la invitación que el Rey le hace a su amigo, a quién le pregunta “¿comemos mañana?”, el industrial rechaza la oferta, alegando que no puede, lo que demuestra que no solo tiene cierto ascendente sobre los monarcas, ya que es él quien pone fecha y hora para la cena con Felipe VI, sino que muestra poco interés ante la cita. “No puedo señor, estoy en San Francisco. Vuelvo el domingo, pero si es necesario regreso antes”. Esa indiferencia de un súbdito ante su rey hace mucho daño a la imagen de la Corona y en concreto al rey de España, que ante el desplante queda como cortado y solo puede contestar, para salir del paso: “¡Ahí va! Pues claro que no, hombre. Era por charlar con tranquilidad. Ya cuando vuelvas hablamos. Un abrazo y disfruta algo lejos de este barullo”.

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Y quinto: En un momento de la conversación, el empresario le confiesa a Don Felipe que “España es un país muy difícil”, ante lo cual el monarca responde asintiendo: “¡Y tanto!”. Esta afirmación es quizá la que deja en peor lugar al rey, ya que es una especie de desplante o menosprecio ante su pueblo que comete con un hombre acusado de delitos muy graves.

La tradición de personajes oscuros que han vivido de palacio es larga, desde el duque de Lerma hasta Mario Conde, pasando por el mismo Godoy

López Madrid, yerno del conocido empresario Villar Mir, uno de los industriales más poderosos del país, está siendo investigado por financiar ilegalmente al PP. Sus iniciales, “JLM”, figuran junto a pagos que constan en la agenda incautada por la Guardia Civil a Francisco Granados, ex secretario general de los populares madrileños y actualmente en prisión. Además, López Madrid realizó al partido diversas entregas de dinero en efectivo para que sufragara las obras de reforma en la primera planta de las oficinas de la calle Génova, en la que se ubica la sede central del PP. Por si fuera poco, su nombre aparece en el sumario por el caso de las tarjetas black. A falta de resolución judicial, ya se puede decir sin temor a equivocarnos que López Madrid no es precisamente la amistad más recomendable para los reyes y nos devuelve a tiempos pretéritos de la historia de nuestro país que parecían felizmente superados, cuando grandes de España, validos y personajes de oscura procedencia y condición intrigaban en los pasillos de palacio. Nombres como Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma (1598-1618), Cristóbal Gómez de Sandoval y de la Cerda, duque de Uceda (1619-1621), Baltasar de Zúñiga (1621-1622), Gaspar de Guzmán y Pimentel, Conde-Duque de Olivares (1622-1643) o Luis de Haro (1643-1661) han pasado a las páginas más negras de nuestro pasado como validos, hombres que ejercieron influencia, quizá demasiada, sobre la decisiones de los Austrias menores en plena decadencia del país. Más tarde, a partir del siglo XVIII, fueron los borbones quienes siguieron con la tradición de rodearse de personajes supuestamente poderosos, aunque de dudosa calaña, con las nefastas consecuencias que todos conocemos para nuestro país, empezando por la Princesa de los Ursinos en tiempos de Felipe V y terminando con Manuel Godoy en época de Carlos IV, un ambiciosísimo personaje prototípico de ese español trepa y correveidile que desde siempre se ha servido de sus contactos con los monarcas para satisfacer sus fines e intereses personales. Ya con la restauración democrática, Juan Carlos I también cayó en el error de mantener amistades poco edificantes, pese a que su gran consejero real, Sabino Fernández Campo, siempre le aconsejó que se cuidara de ellos. Villar Mir, presidente de OHL, al que regaló un marquesado; Borja Prado, presidente de Endesa; y los Carvajal y Urquijo, formaron entre otros su círculo de íntimos del Ibex 35 en lo que se ha dado en llamar el “capitalismo de amiguetes” que ha pululado por la Corte en las últimas tres décadas. En los años noventa, en plena moda de los barcos de gran eslora, el financiero Mario Conde, uno de los personajes más oscuros de los años de la corrupción del Gobierno socialista, le ofreció como regalo un yate que finalmente fue rechazado por Zarzuela. El Corona del Mar nunca llegó a ser propiedad de Juan Carlos I, aunque sí pudo disfrutar durante años de otro yate no menos imponente, el Fortuna, obsequio de empresarios hoteleros íntimos de la Casa Real como Gabriel Escarrer, de Melià Hoteles; Gabriel Barceló, de Barceló Hoteles; el editor Pedro Serra, de Última Hora, así como José Francisco de Conrado, un hombre de La Caixa y MicroBank, antes ligado a Patrimonio Nacional. López Madrid no es más que el último valido de una larga lista, un hombre que ha saltado a las páginas de los periódicos tras filtrarse los correos que mantenía con los reyes Felipe y Letizia. Estamos en un momento complicado para el país, sin Gobierno y con el sobresalto continuo de los casos de corrupción que estallan día sí, día también. Tiempos que exigen la máxima transparencia de las altas instituciones del Estado. En este contexto, los ciudadanos no entenderían que sus gobernantes sigan sacando provecho de sus connivencias con la clase empresarial más corrupta y tóxica de España, mientras a ellos se les exige austeridad y apretarse el cinturón. Zarzuela debe aclarar, con toda la luz y taquigrafía posible, a la mayor urgencia, hasta dónde llega la relación con López Madrid. De lo contrario, su imagen quedará definitivamente tocada. Si es que no lo está ya.

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Jorge Alaminos

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