Editoriales, El Koko Parrilla, El Petardo, Humor Gráfico, Número 48
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Editorial: El triste destino de los que huyen de la guerra

Viñeta: El Koko Parrila y El Petardo / Foto: Gloria Nicolás. Viernes, 4 de marzo de 2016

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   Editorial

La situación en la frontera oriental europea es ya una catástrofe humanitaria sin precedentes. Más de un millón de refugiados han pedido asilo en los últimos dos años en la que es la peor crisis demográfica que vive el viejo continente desde el final de la Segunda Guerra Mundial, según datos de la ONU. Pero el problema, lejos de ser atajado, se verá agravado a lo largo de 2016. El goteo de pateras con cientos de refugiados que huyen de la guerra en Siria es incesante y muchas personas se ahogan cada día sin poder alcanzar las costas griegas. Cuando finalmente consiguen tomar tierra son recluidos, en el mejor de los casos, en hacinados campos de refugiados, donde el final que les aguarda es tan triste como el principio de su viaje: las porras de la Policía, los gases lacrimógenos, los barracones y las hogueras gitanas para calentarse. Otros vagan sin rumbo por los páramos helados de Grecia, Serbia o Hungría, en columnas silenciosas, con sus equipajes y bebés a cuestas, recordando al éxodo de aquellas gentes de la Europa en blanco y negro que quedó sumida en el apocalipsis de los totalitarismos. Hitler gaseaba a los judíos con Zyklon B, hoy gaseamos a los sirios con botes de humo y pelotas de goma, armas menos peligrosas pero humillantes y crueles también. La UE se ha resignado a caer en la incomprensión y el abandono de miles de personas cuyo único delito es huir de las bombas en sus países de origen.

La crisis migratoria de los refugiados está provocando que los gobiernos xenófobos de algunos países de la UE cierren sus fronteras

Las cifras resultan tan aterradoras como inconcebibles. Más de 4.300 refugiados malviven en el campamento de ‘La Jungla’ de Calais, un infierno lleno de basuras donde carecen de techo, aseos y agua potable. Hace solo unos días, los bulldozer empezaban a destruir el asentamiento ante la resistencia de miles de inmigrantes exiliados que se niegan a abandonar el único lugar seguro donde pueden refugiarse. Mientras tanto, en el pequeño pueblo de Idomani, en la frontera de Grecia con Macedonia, un campamento que se construyó con capacidad para 1.500 personas, más de 7.000 almas se agolpan unas sobre otras. El frío del invierno arrecia y las familias se cobijan en espacios reducidos donde muchos niños sufren el trauma y las secuelas de la guerra y el exilio que les acompañarán durante toda la vida. Es la insolidaridad y la inmoralidad en estado máximo de una Europa que mira para otro lado y se encierra en la xenofobia y el miedo al bárbaro, al extranjero. La vergüenza de tener que asistir a las imágenes televisivas de niños flotando en las aguas de Lesbos, sin que la UE haga nada por remediarlo, no se podrá soportar por mucho tiempo más y resulta ya indigerible para una sociedad, la europea, que se jacta de ser la más civilizada, solidaria y culta del mundo. Sin embargo, ¿qué queda ya de esa Europa que vio nacer los derechos humanos y principios tan nobles como la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los pueblos y las gentes? Todo eso parece haberse diluido de la noche a la mañana y ya solo quedan los gobiernos xenófobos que imponen sus leyes en muchos países de la UE. “Utilizando palabras del papa Francisco aquello es una vergüenza, un escándalo que siga siendo el Mar Egeo el cementerio más grande para los inmigrantes. En Lesbos he recorrido cementerios y he podido comprobar que ya no hay sitio para enterrar a tantos muertos”, aseguraba el padre Ángel a la Revista Gurb.

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Una protesta en favor de los derechos de los refugiados en Murcia. Foto: Gloria Nicolás.

Desde el comienzo de la crisis de Siria se han ofrecido en todo el mundo 104.410 plazas de reasentamiento, lo que equivale a solo el 2,6 por ciento de la población total de refugiados sirios que residen en la actualidad en los países de Oriente Medio. Alemania ha prometido 35.000 plazas a través de su programa de admisión humanitaria y de patrocinio individual, aproximadamente el 75 por ciento del total de la UE. Los 26 países restantes de la zona euro han prometido apenas 8.700 plazas, una cifra ridícula si se compara con la magnitud del éxodo.

Si Europa no reacciona ya más de un millón de personas quedarán condenadas a la marginación y al resentimiento contra Occidente

Según datos de Amnistía Internacional, al margen del millón de refugiados que han terminado en Europa, en la actualidad hay más de 4 millones de personas (el 95 por ciento de todos ellos) repartidos en solo cinco países: Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Egipto. Siria es el estado que a nivel mundial ha generado el mayor número tanto de desplazados internos (7,6 millones), como de refugiados (3,88 millones al final de 2014). Afganistán (2,59 millones) y Somalia (un millón cien mil) son los siguientes en la lista de Estados que generan más refugiados. Las cifras son demoledoras: más de 220.000 personas han muerto en la guerra de Siria y 12,8 millones necesitan asistencia humanitaria urgente en todo el país. El hambre, las enfermedades y la represión de organizaciones terroristas como ISIS han convertido aquella zona del planeta en un auténtico infierno. El alto el fuego firmado recientemente entre todas las partes en conflicto no se ha respetado y las bombas siguen cayendo indiscriminadamente sobre la población civil. Europa debe reaccionar ante esta tragedia que amenaza la estabilidad en el viejo continente. Pero lejos de hacerlo, los Estados miembros de la UE se han enredado en discusiones sobre cupos, conferencias y cumbres que no llevan a ninguna parte y una preocupante división interna  a la hora de enfrentar el problema. La consecuencia de esta falta de política común entre los países socios es que algunos miembros ya van por libre, cerrando fronteras y practicando políticas xenófobas que hace solo unos años resultaban impensables. Así, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Raad al Hussein, ha afirmado que las nuevas políticas migratorias aprobadas por Austria, Croacia, Eslovenia, Serbia y Macedonia agudizan la crisis de los refugiados y lesionan gravemente los derechos humanos. Si Europa no se une con decisión y rigor, si no articula una política migratoria común seria y eficaz para ofrecer un futuro a estas personas, si dejamos que los refugiados caigan en la marginación y los guetos, cuando no en el abandono y el olvido, no solo estaremos creando un caldo de cultivo perfecto para que terminen alimentando su resentimiento contra Occidente, sino que el proyecto europeo quedará herido de muerte. Entonces volveremos a las viejas fronteras del siglo XX. Con las desastrosas consecuencias históricas que todos conocemos.

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PEDRO EL KOKO PARRILLA

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El Petardo

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