Artsenal, Humor Gráfico, Número 49, Opinión, Rosa Palo
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Definición perfecta

Por Rosa Palo / Ilustración: Artsenal

ESTHER-BAEZA-(ROSA-PALO)

Rosa Palo

Miren que yo soy de letras puras, purísimas, así que no me pregunten por nada que lleve guarismos ni decimales, que me dejan fuera de juego. Esperen, eso tampoco sé lo que es: me he pasado media vida pidiéndole a mi santo que me lo explicara cada vez que veíamos un partido, y ya casi que me muero sin entenderlo. Pero seguramente es porque no se lo he preguntado a la persona adecuada. Tendría que hablar con María José Alcón, una mujer que por las mañanas era concejala de Cultura del Ayuntamiento de Valencia y por las tardes daba clases telefónicas de economía, una señora tan didascálica, tan pedagógica y tan chipiritifláutica que te explica en un chimpún lo que es el blanqueo de capitales, el fuera de juego y hasta el secreto para que los bizcochos queden altos y esponjosos.

María José, con su naricita respingona de oler a mierda (la ajena, la suya no) y su cara de modosita, le da a su hijo la definición perfecta del lavado de capitales, e ilustra a su vástago predicando con el ejemplo, que era como decía Turgot que había que educar. Y, en esta línea de pensamiento turgotiano-fisiócrata que María José Alcón puso en marcha, ha seguido Rita Barberá: la alcaldesa ha llevado al extremo la máxima de la fisiocracia, el laissez faire, laissez passer, el dejar hacer, dejar pasar, que Rita ha dejado que sus concejales se lo llevaran crudo y blanquearan la pasta como si fueran la lejía venida del futuro. Y ella, sin enterarse de nada. Como Rajoy.

Pero ahí sigue la valenciana, inasequible al desaliento y a los expedientes informativos del PP, un castigo que da tanto miedo como limarse las uñas. Rita permanece agarrada a una roca para impedir que se la lleve el agua mientras le dice al vicesecretario general de organización del PP, Fernando Martínez Maíllo, que defienda a la gente del partido que no ha hecho nada, que esto le puede pasar a cualquiera. Pobretica. Si no fuera por su aspecto de orco de la Tierra Media con pañuelo de Hermès, daría hasta ternura esta mujer, pero con esos collares, ese cardado, ese cuello de camisa de casete de gasolinera, ese barroquismo valenciano, ese fallerío entero, ese odio al minimalismo y esa soberbia, es fácil verla como a un Jesús Gil con perlas. O como a Mariano Rajoy travestido: “A mí lo que me parece increíble es que alguien se crea que es increíble”, dice Rita Barberá en la más pura tradición de la escuela mariana de oratoria de los mucho españoles y del vecino que elige al alcalde y del alcalde que quiere que sean los vecinos el alcalde. Y se queda tan ancha. Pero tiene difícil seguir siendo el ninot indultat, porque la cosa está que arde.

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