Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 49, Opinión
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Crónica de un pleno

Por Lidia Sanchis / Ilustración: L’Avi 

LIDIA SANCHIS buena

Lidia Sanchis

Las diputaciones provinciales son esos sitios a donde se va a instar. Y a instar mucho. Y a todos: al Gobierno central y al autonómico; a Renfe y a la Unión Europea; al ministerio A y al B y al del Tiempo; a dios y al diablo si se pudiera. Y a veces se puede. Sí se puede.

Imaginemos una pequeña capital de provincias, una que, pongamos por caso, hasta entrados los noventa, solo era conocida porque un conjunto musical proponía a sus fans venirse a comer un arrocito por esas tierras. Tierras de arroz y naranjas. Ahora imaginemos que en la sede de la diputación de esa provincia se celebra (ay, esos verbos enquistados) un pleno y que uno de los temas de debate es, precisamente, la existencia de esas administraciones.

Veamos: por un lado, tenemos al Partido Azul, que es el que ha puesto encima de la mesa la defensa de las diputaciones; en concreto, de ésta, en la cual ellos, los azules, están gobernando. Por otro, el Partido Casi Morado está radicalmente (ay, esos adverbios enquistados) en contra de estas administraciones por considerarlas anquilosadas, máquinas de producir corrupción y caspa. En medio se coloca el Partido Naranja, que prefiere otro tipo de organización política más “natural” como son las comarcas.

Y, oh, sorpresa, el Partido Rojo y el Partido Calabaza han formalizado una extraña UTE en este asunto, casi contra natura (ay, esas expresiones de Juan Manuel de Prada), tan poco venturosa que el portavoz del Partido Azul les ha llegado a recriminar que no saben argumentar y que, por no tener, no tienen ni ESO (ay, ese portavoz azul, aspirante a letra S mayúscula de la Academia). Así todo el rato hasta que el presidente de aquello (otrora, delfín; ahora, un poco también) saca su ESO y su máster, su mayoría absoluta y su rodillo, y el Pleno acaba instando al Gobierno central (si algún día acaba existiendo), al autonómico, a Renfe y al sursuncorda para que no acaben acabando con aquello.

Todo esto se podría haber hablado en el bar y daría incluso un poquito de risa si no fuera porque en ese mismo Pleno hubo otro asunto que, éste sí, afectaba directamente a los administrados. Se trata de la compra de un acelerador lineal, que es un dispositivo que necesitan los enfermos de cáncer para combatir su enfermedad. El que tienen en el hospital de la provincia del arrocito se estropea cada dos por tres y los administrados se ven privados de su derecho a la salud. Además, este hospital está coadministrado por el Partido Azul y el Partido Rojo. La consellera roja, que más que instar parece que se postula para que la insten a ella, exige al gran timonel azul que ponga la parte del dinero que le corresponde para comprar un aparato nuevo, una instancia que el Partido Naranja (para no confundirlo con el Partido Calabaza no hay más que pensar en el tamaño de la cabeza del líder de este último) viene echando desde el año 2014, sin éxito. Y hete aquí (ay, esos florilegios para imitar a Millás) que el gran cetáceo azul anuncia que esa misma mañana ha puesto la pasta para comprar el acelerador lineal.

A los administrados les ha hecho una gracia… Todavía se están riendo, aunque sospecho que a algunos de ellos se les cortarán rápidamente las carcajadas. Tan pronto como el tiempo que pase hasta la próxima sesión de radiación que les suspendan porque el nuevo aparato todavía no está en funcionamiento o, quizá, porque aún ni siquiera está instalado.

Los Azules, Rojos, Casi Morados, Naranjas y Calabazas seguirán debatiendo otros tres años sobre si son útiles las diputaciones, para qué y para quién. Pero si está muy claro… (Confío en que en estos tres años que quedan de legislatura alguno de estos por fin apruebe la ESO).

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L'Avi

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